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Más de una identidad en juego

Espectáculos

Televisión por la identidad , serie de tres telefilms. Primer capítulo, "Tatiana". Con Lucrecia Capello, Soledad Villamil, Fabio Aste, Malena Solda, Diana Lamas, Sofía Elliot, Gustavo Garzón, Alejandra Flechner, Claudio Gallardou. Autor: Marcelo Camaño, con la colaboración de Martín Méndez. Dirección de fotografía: Diego Suárez. Producción ejecutiva: Guillermo Salmerón. Producción general: Claudio Meilán. Dirección integral: Miguel Colom. Una producción de Telefé Contenidos, emitida el lunes 22, a las 22.
Nuestra opinión: muy bueno

El título de esta producción remite a un objetivo muy preciso: la reconstrucción de algunas de las historias de chicos recobrados por Abuelas de Plaza de Mayo en los 30 años de vida de la entidad. Pero bien podría servir también para interrogarnos acerca de cuál es la verdadera identidad de nuestra televisión.

¿Qué elementos definen y caracterizan hoy la personalidad de nuestra pantalla? ¿Por dónde pasan sus rasgos más definidos y precisos? ¿Se acercan, en el caso de Telefé, a lo que hemos visto anteanoche en el comienzo de este ciclo, toda una muestra de cómo es posible llevar adelante con altura, equilibrio, compromiso y sensibilidad un tema dificilísimo y expuesto a toda clase de riesgos? ¿O a esa "vuelta a la normalidad" con los controvertidos rasgos de Gran Hermano , dominadores visibles y claros en despliegue y horas de pantalla de la programación de la emisora?

Ambas producciones surgen de la misma usina, Telefé Contenidos, que anteanoche por primera vez incluyó en su identificación los apellidos de sus máximos responsables (Claudio Villarruel y Bernarda Llorente) y que de esta manera, más allá de todo lo que podría invocarse a propósito de una televisión "generalista" (en un canal abierto habría en principio lugar para todo), abre más de una pregunta respecto de opciones y prioridades en materia de programación.

Por lo pronto, al primer episodio de Televisión por la identidad no le fue nada mal en el veredicto del público. Las mediciones de audiencia señalaron que la apertura de un ciclo testimonial, de temática compleja y abierto a incómodas discusiones quedó tan cerca de ShowMatch como cualquier "gala" del trajinado Gran Hermano . Y ese logro es, apenas, la expresión cuantificada de algo mucho más importante: que es posible mirar hacia el interior de un pasado doloroso y tan cercano que todavía tiene heridas sin cicatrizar a través de una representación austera, sobria, que no se sustrajo al desasosiego de los años de plomo y al dolor de quienes sufrieron pérdidas irreversibles en aquellas circunstancias, pero al mismo tiempo supo evitar el camino fácil y simplificador de la frase hecha, del calificativo gratuito y de esas consignas declamatorias que seguramente más de uno estaría dispuesto a explotar en estas vísperas electorales.

Este episodio inicial es, a la vez, la crónica fundacional del trabajo de las Abuelas de Plaza de Mayo, representada en la búsqueda de Tatiana Ruarte Britos, primera nieta recuperada por la entidad. Un relato que se apoya en una admirable reconstrucción de época, realzada por el cuidado trabajo fotográfico en tonos sepia y en una puesta en escena desde la cual el componente humanitario y el valor de los sentimientos adquieren natural protagonismo.

Los responsables del programa, apoyados seguramente en la experiencia de haber trabajado con temas afines en Montecristo , eligieron la arriesgada opción de narrar los hechos desde el punto de vista de la víctima, una niña en el momento en que sus padres caen víctimas de la acción de un grupo irregular de tareas y es enviada por un juez a un instituto de menores, separada de su hermana de apenas dos meses. El relato sigue, entre la cercanía y el aparente distanciamiento, siempre con cuidado, el camino de los sentimientos que vive cada protagonista: la niña que sufre la pérdida y trata de rehacer su infancia, los padres adoptivos que de buena fe construyen con Tatiana y su hermana una familia y las abuelas que procuran localizarlas y reconstruir el vínculo roto.

Entre ellos, hasta el más pequeño de los personajes secundarios (la celadora del orfanato, un payaso, jueces y asistentes sociales) tiene algo valioso para decir hasta que se llega a un desenlace de fuerte carga emocional, con algún subrayado musical que pudo haberse evitado. Más allá de este matiz, realizadores, técnicos e intérpretes parecieron mancomunarse del mejor modo para lograr provechosos resultados. ¿Por qué no pensar, a partir de aquí, en otra identidad televisiva? .

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