Una bienvenida locura
Honor de cavalleria (España/2006). Guión y dirección: Albert Serra. Con Lluís Carbó y Lluís Serrat. Guión: Albert Serra, Jimmy Gimferrer y Montse Triola, inspirado en la novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha , de Miguel de Cervantes Saavedra. Fotografía: Christophe Farnarier, Eduard Grau, Marçal Forés y Neus Ollé. Música: Ferrant Font. Edición: Angel Martín. Sonido: Joan Pons, Jordi Ribas. Diseño de producción: Jimmy Gimferrer. Producción hablada en catalán con subtítulos en castellano y presentada por 791cine en el cine Lorca. Duración: 110 minutos. Apta para todo público.
Nuestra opinión: muy buena
Honor de cavalleria -así, en catalán- es una de esas películas para amar u odiar, pero que difícilmente deje indiferente al espectador. Desde su estreno, en la siempre vanguardista sección Quincena de Realizadores del Festival de Cannes de 2006, ha generado estampidas de espectadores indignados (incluso de más de un crítico en las funciones de prensa) y apasionamientos varios que la elevan a la categoría de obra maestra. Probablemente no merezca ninguno de esos dos destinos.
Esta ópera prima del joven y excéntrico director catalán Albert Serra, un ferviente cinéfilo y católico licenciado en Filología Hispánica y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad de Barcelona, tiene todo para subyugar a algunos e irritar a otros. En principio, debe indicarse que se trata de una transposición muy libre, irreverente (para los puristas del clasicismo, casi irrespetuosa) del clásico de clásicos El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha , de Miguel de Cervantes Saavedra.
Pero en Honor de cavalleria ni siquiera hay molinos de viento ni Dulcineas, sino imágenes (muy bellas, por cierto) de paisajes y algunos pocos diálogos (en catalán, por supuesto). Esta película minimalista y contemplativa se rodó en colinas, bosques, arroyos y praderas (catalanas, por supuesto), apelando exclusivamente a la luz natural (generalmente en los amaneceres y atardeceres), a actores no profesionales y a un presupuesto mínimo.
Apuesta
La apuesta de Serra puede verse como un ejercicio esnob y pretencioso, con sus citas explícitas e implícitas y sus homenajes a Bresson, a Pasolini, a Godard, a Olmi, a Ozu, a Sokurov, a Dreyer o a Tarkovski, pero también es una película sencilla y austera, que se sustenta en los parsimoniosos y sofisticados planos-secuencia que permiten disfrutar en todo su esplendor de una flor silvestre, de un olivar, de una luna llena o de un silencio sólo cortado por el sonido amplificado del viento, de las hojas de los árboles, de grillos y cigarras.
Este primer largometraje de Serra es una exaltación del viaje y de la camaradería y la lealtad masculinas. El Quijote que interpreta Lluís Carbó y el Sancho Panza que encarna Lluís Serrat son dos hombres comunes, ordinarios en todas las acepciones del término, por momentos patéticos, pero en el fondo simpáticos y queribles. El primero pronuncia algunos escasos pero enfáticos parlamentos sobre religión, caballería, filosofía o cuestiones algo más prácticas, mientras que su incondicional ladero aporta unas pocas perlas con ese encanto propio de la sabiduría popular.
El resto son momentos de una gran belleza y lirismo, pero que un espectador impaciente y ávido de emociones primarias y gratificantes podría encontrar como banales e intrascendentes: los protagonistas arreglan los restos de la armadura, comen nueces y pan duro, se bañan en un arroyo, caminan y cabalgan, prenden una fogata, se recuestan, observan la luna, permanecen en silencio, se quedan dormidos...
Concebida a contracorriente de los ritmos, las convenciones y las tendencias narrativas imperantes, con una capacidad de observación y un contacto con la naturaleza más salvaje que remite al cine del argentino Lisandro Alonso, Honor de cavalleria resulta -en sintonía con su protagonista- una apuesta artística de bienvenida locura: un film definitivamente quijotesco. .
Diego Batlle