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Los buzones porteños dejan el color azul y vuelven al rojo

De buen humor: quienes trabajan en la renovación de los buzones admiten que, más de una vez, son blanco de bromas.

Viernes 08 de mayo de 1998
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LA NACION

Algunos porteños habrán notado el cambio. Otros, por distraídos o por apurados, tal vez no se hayan dado cuenta. Pero un típico habitante urbano cambió de color: los buzones de la ciudad, antes azules, volverán a ser rojos.

La renovación de los 1453 buzones, símbolos ciudadanos que esperan inmutables en muchas esquinas, comenzó el mes último y se prolongará por algo más de cuatro meses.

La idea de volver al color original tiene un porqué. "Con el relanzamiento de los buzones la empresa espera que la gente los use más", explicó Graciela Echeverría, gerente de prensa de la firma.

Los primeros buzones llegaron a Buenos Aires en 1858 y estaban instalados en comercios, generalmente en farmacias, para que estuvieran siempre vigilados y porque allí se vendían las estampillas. Un empleado a caballo se encargaba de retirar las cartas, todos los días, puntualmente a las 14.

Sin embargo, la idea de pintarlos de rojo no es argentina: los primeros buzones de ese color nacieron en Dinamarca en 1860.

De nuevo de moda

Hoy, las cosas cambiaron. Y mucho. Los nuevos buzones tienen cerraduras especiales, pintura antigraffiti y se vacían al atardecer.

Un promedio de 100 cartas se depositan semanalmente y los más utilizados son los buzones del microcentro.

Aunque con tanto correo privado y servicio de mensajería, el auge de los buzones pasó de moda. Sin duda, esta recuperación y remodelación apunta a ese objetivo: despertar el interés de la gente por comprar estampillas -casi en desuso- y despachar ellos mismos sus propias misivas.

Después de cambiar los de la ciudad y los del Gran Buenos Aires, llegará el turno de los 7217 buzones instalados en el interior del país.

El cambio de fachada de los buzones es más profundo de lo que parece. En un taller de la ciudad bonaerense de Caseros, la empresa Hugo López y Hermanos SA, que contrató Correo Argentino para esta tarea, se encarga de una exhaustiva renovación.

Los buzones olvidan su pasado color azul en una sala donde se les hace un arenado, se los repara a nuevo y se los pinta con antióxido.

Después llegará el toque definitivo: seis o siete manos de pintura poliuretánica, muy resistente al sol y a la humedad, de color rojo bermellón, le darán la nueva personalidad a los buzones.

Aunque a los nostalgiosos les duela, las estampillas y los buzones tienen grandes competidores por estos tiempos.

En la era de los e-mails y de los fax, algunos tuvieron que cambiar para sobrevivir. Y los buzones eligieron llamar la atención vestidos de rojo. Quizá sigan teniendo suerte y la gente los compre.

"Cuando me llevo uno, me preguntan si lo compré"

Los primeros testigos de la sorpresa de los transeúntes son los operarios que se encargan del cambio de los buzones. Hugo López (50), uno de los dueños de la empresa que Correo Argentino contrató para la renovación, fue bien claro:"La gente nos habla como si hubieran recuperado algo propio de la ciudad".

Según contó el empresario, la mayoría de las personas se alegran con el cambio. "En especial, la gente más grande, porque recuerdan que en su época eran de ese color. A los más jóvenes les llama la atención el rojo intenso del que están pintados."

Algunos se enojan mucho cuando ven a los empleados que se llevan el buzón de la esquina:"Los vecinos y comerciantes de la cuadra nos increpan porque levantamos algo que sienten que les pertenece. Y nos piden que no nos lo llevemos -dijo riendo López-. Pero se tranquilizan cuando les decimos que les vamos a poner uno nuevo".

Las bromas tampoco faltan. "Cuando me llevo uno (por el buzón) más de uno me pregunta si lo compré", dijo López entre risas.

Sorpresas y recuerdos

Pero los más sorprendidos son los turistas. "Es que nunca vieron un camión cargado con buzones -explicó el empresario-. Nos piden permiso y se sacan fotos con ellos."

El cambio de los buzones no es el único de los trabajos de la firma de López. Pero tampoco es uno más. "Lo tomamos con mucho cariño y yo estuve presente en el primer día del cambio. Fue bárbaro ver el impacto que causa en la gente", reconoció.

La Nación fue testigo de las reacciones de los vecinos. En Viamonte y Alem, Darío Martínez (24) pasó caminando rápido y ni se dio cuenta de que había algo diferente en la esquina por la que siempre pasa para ir a trabajar.

"Sinceramente no vi que el buzón había cambiado de color -se sinceró. ¿Si me gusta? Sí, están más lindos, pero lo más importante es que sean más seguros. Yo no estoy acostumbrado a mandar cartas, pero creo que tampoco las metería en un buzón", dijo.

"Creo que el cambio es muy positivo -opinó Antonio Valdés, un jubilado de 76 años, mientras miraba el flamante buzón instalado sobre la calle Vicente López-. Me acuerdo que hace muchos años eran rojos. Los buzones son todo un símbolo de la ciudad y deberíamos cuidarlos más: hay gente que los escribe y destroza."

Mucho más que un cambio de apariencia

"El color que más llama la atención en la vía pública es el amarillo, no el rojo, pero todo depende del entorno", señaló Facundo Romero, director de arte de la agencia Lautrec Publicidad.

"Según la teoría del color, a los objetos rojos se los ve en primer plano y a los azules, con más profundidad. Pero no se puede generalizar", explicó el creativo. La polución visual y los colores de las cosas que lo rodean conspiran con que el buzón sea visto o pase inadvertido.

Otra opinión tuvo Pablo Tufaro, director de arte de la agencia publicitaria Dreyfus Comunicaciones. "El rojo es mucho más llamativo que el azul, que se mezcla con lo gris de la urbe y tiene más impacto en la retina", aseguró. "Puede significar el bien y el mal al mismo tiempo. Puede representar al diablo o a Papá Noel", añadió. Todo depende, claro, de cómo se lo mire.

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