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La discusión de fondo por la ley de patentes

En la Argentina, los precios de los medicamentos suben sin remedio

Economía

Desde el inicio de la convertibilidad aumentaron entre un 66% y un 150%, poniendo al país entre los cinco más caros del mundo; los costos de investigación, de intermediación y los impuestos suman en el precio final

Pese a la estabilidad económica, los precios de los medicamentos en la Argentina aumentaron en los últimos ocho años entre un 66 y un 150 por ciento, según la metodología que se utilice para medir la evolución. El dato representa por estos días el único punto de acuerdo entre los laboratorios nacionales y los extranjeros, enfrascados en una pelea de fondo por la ley de patentes que comenzará a regir en octubre próximo.

Las multinacionales aseguran que los mayores incrementos se produjeron en los productos elaborados por los fabricantes locales, y éstos, a su vez, invierten la ecuación y señalan que son las compañías extranjeras las que han encarecido en mayor medida sus productos. Pero nadie discute el punto central: los remedios están cada vez más lejos del bolsillo del consumidor.

Un estudio realizado por la Fundación Isalud, integrada por médicos sanitaristas argentinos, despeja todo margen de duda: desde 1991 a la fecha el número de unidades vendidas cayó un 11%, aunque esto no impactó en la economía de los laboratorios, que facturaron un 80% más, al compensar la baja con un mayor valor en los precios de venta al público. En otras palabras: pese a la retracción de la demanda, las empresas que en 1990 embolsaron $ 1187 millones el último año recaudaron más de 4000 millones.

La pregunta, entonces, cae por su propio peso: ¿por qué los medicamentos son cada vez más caros, si salvo algunas excepciones los precios al consumidor no sufren mayores modificaciones? Segunda pregunta: ¿Si la ley de patentes produjera, como dicen los laboratorios nacionales, un aumento de precios, por qué subieron entre 66 y 150% de 1991 a 1999 sin esa legislación?

Para Martín Massini Ezcurra, director de Caeme -la cámara que reúne a los laboratorios extranjeros con filiales locales-, la inflación acumulada responde a un encarecimiento de los costos de la industria en investigación. "En 1979, sacar una nueva droga al mercado representaba una inversión de US$ 136 millones;hoy es imposible hacerlo por menos de 450 millones, porque las investigaciones son cada vez más complejas y requieren de hasta 10 años de desarrollo", argumenta.

¿Cómo justifican el alza los laboratorios nacionales que copian las fórmulas muchas veces sin pagar derechos de explotación? Clara Suárez, directora ejecutiva de Cooperala (la cámara de los laboratorios Pyme y cooperativos), envió a La Nación un estudio sobre la evolución del precio de los medicamentos durante el plan de convertibilidad. Allí se asegura que cuando se desreguló el mercado en 1991, aquéllos acumulaban un retraso del 11%respecto del índice de precios al consumidor.

Sin llegar a explicar los motivos por los cuales una copia cuesta lo mismo que un producto original, el estudio justifica el incremento sosteniendo que durante el mismo período el rubro "servicios para la salud" creció un 111,3 por ciento. Sin embargo, no son los laboratorios los que determinan en un todo el aumento astronómico de precio, en un país como la Argentina, donde el precio de los medicamentos está entre los cinco más caros del mundo. Desde que salen de fábrica hasta que llegan al público, los remedios se encarecen un 75%por las comisiones que recargan droguerías, distribuidoras y farmacias en toda la cadena de comercialización.

Y también el Estado hace lo suyo. A diferencia de lo que ocurre en Brasil, México o el Reino Unido, donde no pagan impuestos, en la Argentina soportan una carga impositiva del 21%. Bastante más que el 8,26% que aplica Italia o el 2,9%que rige en España, de acuerdo con la Fundación Isalud. Estos datos explican al menos en parte por qué muchas veces los argentinos deben pagar más caro un mismo remedio aquí que lo que cuesta en el extranjero.

Sin embargo, según datos de la Agenda Farmacéutica Kairos, analizados por Cilfa (la cámara que agrupa a los laboratorios nacionales más grandes), en un listado de 30 drogas básicas comercializadas bajo diferentes marcas los precios de los laboratorios internacionales en el mercado local son más caros que los de las firmas argentinas entre un 1,2% y un 161,9 por ciento.

¿Cómo abaratarlos?

¿De qué manera pueden preservarse los derechos del consumidor sin que el Estado se vea en la obligación de establecer una política de precios máximos? Dentro del sistema de salud todas las respuestas apuntan a la reglamentación de un sistema de prescripción por denominación genérica y no por marca.

"La prescripción por la denominación genérica tiene un fuerte impacto sobre el precio de los medicamentos porque debilita la orientación del médico hacia una determinada marca comercial por el efecto de la publicidad que realizan los laboratorios -explica Ginés González García, presidente de la Asociación de Economía de la Salud y ex titular del ministerio bonaerense del área entre 1988 y 1991-. De esta manera se favorece la competencia de distintas marcas del mismo producto en función del precio", indica.

La estrategia de impulsar el consumo de genéricos es cada vez más popular en los países desarrollados. En los Estados Unidos, por ejemplo, el 40% de los remedios recetados es genérico.

Presión del lobby

No obstante, en las naciones de menor desarrollo, donde los fabricantes de medicamentos obtienen sus mayores márgenes de ganancia, esta posibilidad no termina de echar raíces por la presión permanente de los laboratorios que tienen mayor poder de lobby.

En la Argentina, los intentos oficiales por contener los aumentos de precios y evitar la dispersión de costos se remontan a la administración del radical Arturo Illia, en la década del 60, cuando se impulsó la llamada ley Oñativia para obligar a los médicos a pedir genéricos. Pero no hubo caso. El golpe de Estado del general Juan Carlos Onganía cortó de cuajo esa posibilidad.

Durante 1992, un decreto del presidente Carlos Menem abrió las puertas a una política de prescripción de medicamentos por su nombre genérico, que finalmente no se reglamentó.

La última propuesta al respecto, con la intención de defender al consumidor, fue presentada en 1997 en la Cámara de Diputados por el radical Ricardo Barrios Arrechea.

El legislador argumenta que "el permanente crecimiento de la rentabilidad de la industria no se traduce en mayores beneficios para la población". Sin mayor fortuna, reclama que los médicos receten productos científicos para que los pacientes puedan elegir en la farmacia el de menor precio. El proyecto ya acumula tres años de polvo en un cajón de la Comisión de Salud de la Cámara baja, porque el justicialismo nunca aceptó tratarlo.

En este debate, la dispersión de precios no es una cuestión menor. En uno de sus últimos actos de gobierno, el ex secretario de Industria Alieto Guadagni realizó un estudio de mercado que permitió detectar diferencias de precios de más del 500% entre medicamentos que contienen la misma droga básica.

En el rubro antiinflamatorios y antirreumáticos, por ejemplo, se tomó como referencia el principio activo llamado Piroxicam. Y se halló que mientras bajo la marca Rumisedan costaba $ 26,4, en la denominación Velaned el precio era de $ 4, siempre para la caja de 20 comprimidos. La diferencia entre uno y otro es del 553 por ciento.

Para tomar conciencia acerca de cómo los altos precios de los medicamentos ponen en peligro la salud de la población, basta echar mano de un estudio de la Organización Mundial de la Salud, de 1998, en el que se asegura que sólo una cuarta parte de los argentinos puede acceder sin restricciones al mercado de los medicamentos.

Al respecto, desde la Confederación Farmacéutica Argentina confirman una tendencia en alza: "Cada vez es mayor el número de gente que desiste de comprar todos los medicamentos que figuran en su receta, aun cuando sólo tengan que pagar el 50%, porque cuentan con algún tipo de cobertura social", sostienen.

Un sabor amargo

Compensaciones

Desde que comenzó la convertibilidad, el número de medicamentos vendidos cayó un 11 por ciento. Pero esto no impactó en la economía de los laboratorios que operan en el país, que gracias al aumento del precio de las unidades facturaron un 80% más.

Camino de recargos

Desde que salen de la fábrica hasta que llegan al público, los remedios se encarecen un 75% por las comisiones que aplican droguerías, distribuidoras y farmacias en toda la cadena de comercialización.

El Estado hace lo suyo

A diferencia de lo que ocurre en Brasil, México o el Reino Unido, donde los medicamentos no pagan impuestos, en la Argentina soportan una carga impositiva del 21 por ciento. Bastante más que el 8,26% que aplica Italia o el 2,9% que rige en España.

Salida posible

La estrategia de impulsar el consumo de genéricos es cada vez más popular en los países desarrollados. En los Estados Unidos, por ejemplo, el 40% de los remedios recetados son genéricos. En las naciones más atrasadas, en cambio, el lobby de los laboratorios bloquea esa alternativa. .

Por Juan Aznarez
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