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Cultos populares: dos mitos paganos y urbanos (Nota II de III)

El Gauchito Gil, San La Muerte y una leyenda que aún suma devotos

Cultura

En Once hay un santuario privado para pedir por quienes llevan vidas violentas

Una pequeña talla en madera o hueso de la figura de un esqueleto incrustada en alguna parte del cuerpo puede proteger a quien la lleva de las balas y las puñaladas. Es la creencia de los devotos de San La Muerte, un culto que crece junto a la devoción al Gauchito Gil.

Según dicen, al policía que debía asesinar al correntino Mamerto Antonio Gil Núñez -acusado de desertar de las fuerzas de seguridad de fines del siglo XIX- le costó mucho trabajo hacerlo. "Porque estaba protegido por San La Muerte; tenía una imagen suya metida en el cuerpo", dicen quienes hacen promesas a uno u otro "santo pagano".

A juzgar por la multiplicación de los "altares" dedicados a ambas figuras populares, el número de sus devotos está en aumento.

Así como se pueden encontrar banderas rojas en torno a una imagen del Gauchito milagrero en Chacarita o Palermo Soho, en plena ciudad de Buenos Aires -como informó LA NACION ayer-, se reproducen las estatuas del "espíritu esquelético" en las cárceles bonaerenses y cementerios.

Uno es un personaje que realmente existió -Gil vivió en Corrientes entre 1847 y 1874- y el otro, no. A San La Muerte se lo considera protector de los que llevan vidas violentas con alto riesgo, como los delincuentes y policías. Es una especie de "espíritu" en el que creían los pueblos de habla guaraní, originarios del Litoral, similar a los cultos a la Santa Muerte, de México, y al Rey Pascual, de Guatemala.

Un santuario en el living

Pero esas creencias no quedaron en la historia ni en el interior. De la mano de los inmigrantes de las provincias del Litoral, llegó a la Capital en la última década.

En pleno corazón del barrio de Once, Perla Rodríguez, de 62 años, convirtió el living del departamento donde vive con su hijo Horacio en un verdadero santuario del "santito", como lo llama con cariño.

Perla se autodefine como mediadora de San La Muerte a quien describe como "una entidad que está junto a Dios" y que "viene a buscar a los hombres cuando les llega el momento de morir".

En ese departemento "atiende" a personas de todos los niveles sociales. Muchos son policías, penitenciarios o jóvenes que estuvieron presos. Les tira las cartas y los compromete a un "cumplimiento": para que el "santito" otorgue lo que le piden sus "devotos" deben llevar a la casa de Perla flores, velas y una colaboración monetaria, cuyo monto fija ella misma según los ingresos de sus "clientes".

Con ese dinero, Perla ayuda desde hace 14 años al sostenimiento de seis altares: cuatro en el Chaco, uno en Corrientes y otro en el Paraguay. En diálogo con LA NACION, Rodríguez dijo que desde hace un año aumentó la "demanda" de sus servicios. Lo mismo notó Marcela Giacobino, también mediadora de San La Muerte, pero en Palermo.

El primer registro de la imagen de la muerte tallada en madera data de 1735, según afirman los investigadores María Julia Carozzi y Daniel Míguez en Una voz extraña, un libro de investigación fotográfica de la colección Arte Brujo, de Juan Batalla y Dany Barreto. Ambos investigadores explican que los rituales a la imagen de la muerte son múltiples: atarlo y tenerlo amenazado hasta que cumpla lo pedido. Si no cumple, lo cuelgan boca abajo.

"Que no se dé vuelta"

Perla, sin embargo, desaconseja tratar de esa forma a San La Muerte por temor a que se dé vuelta y se vuelva en contra del promesero. Insiste en que hay "mucha mala información sobre el santito".

Ella, aclara, aconseja a los chicos que la llaman desde los penales que cambien de vida "porque quien mal anda, mal acaba". Y agrega: "Si es verdad que San La Muerte los protege, ¿cómo explican que están la cárcel?".

A diferencia de otros santos paganos, se espera que el espíritu esquelético libre de la muerte a quien le reza o lo lleva tatuado o incorporado en su cuerpo y se la provoque a los enemigos de sus devotos.

Y ésa es otra diferencia con el Gauchito Gil. Lo evidencia la oración tradicional con la que se pide la intercesión de uno u otro.

Al gaucho correntino sus devotos le prometen brindar su fiel agradecimiento y demostración de fe en Dios y en él. A San La Muerte, en cambio, le piden: "Para aquel que en amor me engaña, pido que lo hagas volver a mí, y si desoye tu voz extraña, Buen Espíritu de la Muerte, hazle sentir el poder de tu guadaña, en el juego y en los negocios; mi abogado te nombro como el mejor, y todo aquel que contra mí se viene, hazlo perdedor".n Mañana: Cómo están hoy los santuarios de Gilda y de Rodrigo. .

Por Silvina PrematDe la Redacción de LA NACION
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