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El 1 a 1 volvió al campo

Jueves 08 de noviembre de 2007
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LA NACION

El Gobierno dice que el campo se beneficia con el tipo de cambio alto. Eso ya no es cierto. El dólar podrá valer $ 3,16, pero a los sojeros les descontarán ahora el 35% por retenciones. Recibirán cerca de 2 pesos por dólar, lo cual, actualizado por inflación, es igual a 1 peso de 2001.

Los productores no han sido beneficiados por la mano visible del Gobierno, sino por la del mercado internacional, que mejoró y mucho los precios de los bienes que la Argentina produce y exporta con mayor eficiencia.

Claro que de poco valen el dólar artificialmente alto y los excelentes precios internacionales si se prohíbe exportar, como sucedió con la carne, o se aplican fuertes restricciones, como pasa con el trigo.

Vale la pena reparar en el ejemplo de Brasil, donde la moneda local se apreció más del 50% en los últimos tres años. Sin embargo, el mayor socio del Mercosur se transformó en uno de los mayores exportadores de soja y en el mayor exportador de carne. Claro que en Brasil no hay retenciones.

En los casos del maíz, del aceite de girasol y del trigo, el Gobierno puede decir que las retenciones se utilizan para moderar el precio interno y evitar un aumento de la pobreza. Pero cuando se trata de soja no hay más que un mero afán recaudatorio. La soja prácticamente no se consume localmente.

La retención hace además que el precio interno final sea menor que el internacional y beneficia no sólo a las familias que compran el producto o sus derivados, sino también a todos aquellos que lo usan como insumos.

Si el precio del trigo es menor que el internacional, pero el de la harina y el pan siguen subiendo, puede significar que la retención es un beneficio o subsidio para los molineros o panaderos.

En el caso de los productores de aceite de soja no hay demasiado beneficio. Podrán comprar los porotos 35% más baratos que si tuvieran que importarlos, pero luego pagarán 32% de retención cuando vendan al extranjero.

Un trabajo reciente de la Bolsa de Cereales de Rosario muestra que antes de este último incremento de las retenciones el tipo de cambio efectivo para el complejo sojero resultaba el peor desde 1989. Los mejores años de la serie resultaron precisamente 1989 y 2002, cuando se registraron enormes devaluaciones.

Pero el tipo de cambio real era sensiblemente superior al actual en 1996, en plena convertibilidad. Baste recordar que entonces un litro de gasoil costaba unos 30 centavos de dólar, mientras que hoy no se lo consigue por menos de 50 centavos. El trabajo hizo la actualización de los valores tomando la evolución del índice de precios al por mayor.

Factores políticos

Podría decirse que, tras las medidas de ayer, el campo ya no les debe nada de su eventual bonanza a los Kirchner, y es razonable que la suba de los impuestos a la producción y la exportación se haya anunciado después de las elecciones.

Las primeras voces de protesta provinieron de la Federación Agraria, que curiosamente fue la primera entidad gremial empresaria que públicamente respaldó la candidatura de Néstor Kirchner a la presidencia.

Fernando de la Rúa y la Alianza debutaron con un ajuste fiscal que golpeó su base electoral de la clase media, al incrementar fuertemente el impuesto a las ganancias. Cristina Kirchner no sedujo a la población de las grandes ciudades y logró grandes diferencias en su favor en el interior. Allí es donde se sentirá más fuerte el ajuste fiscal con el que se estrenará como presidenta.

La provincia de Buenos Aires, que garantizó el triunfo del oficialismo, pagará un alto precio por esta contribución forzosa que hará a la caja nacional, que no deberá coparticipar los ingresos y que luego podrá utilizar discrecionalmente con gobernadores e intendentes para premiar lealtades o castigar desobediencias.

Cristina Kirchner quiere aumentar el superávit fiscal para pagar la deuda, y el campo hará la mayor contribución.

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