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China invierte en control de calidad

La economía de ese país se enfrenta al desafío de mejorar sus productos sin que se pierda la competitividad de su industria

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LA NACION
Domingo 11 de noviembre de 2007
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PEKIN.- Después de varios años de crecimiento sostenido, la economía china enfrenta nuevos desafíos que son más propios de un país del Primer Mundo que de una nación en vías de desarrollo. La principal preocupación del omnipresente Partido Comunista de China en materia económica hoy ya no está centrada en cómo bajar sus costos para ganar nuevos mercados internacionales, sino en la forma de asegurar los controles de calidad y evitar que se repitan los problemas que se registraron en las últimas semanas con los juguetes fabricados à façon en China.

Después de que la multinacional Mattel se viera obligada a retirar más de 20 millones de juguetes en todo el mundo por exceso de plomo y deficiencias en el diseño, las dudas que provoca el sello de made in China rápidamente se extendieron a otros productos y en las últimas semanas se multiplicaron las denuncias acerca de problemas en la fabricación de alimentos, comida para mascotas, artículos de higiene, neumáticos y hasta medicamentos.

En todos los casos se trata de industrias en las que China es líder mundial o bien ocupa un lugar importante entre los principales fabricantes internacionales, pero que no son decisivos para la marcha de su economía.

Las empresas chinas han empezado a invertir en mayores controles de calidad
Las empresas chinas han empezado a invertir en mayores controles de calidad. Foto: Archivo

Sin embargo, ahora el temor de las autoridades chinas es que las denuncias por contaminación o problemas en la fabricación se extiendan a los productos textiles, que representan la primera fuente de divisas del país y, salvando las diferencias, desempeñan un papel similar al que tienen la soja en la Argentina. El valor de la producción total de la industria textil china ascendió en 2006 a 312.500 millones de dólares, de los cuales casi más de un 40% se destinaron a la exportación, mientras que para este año se espera que las ventas al exterior del sector superen los US$ 160.000 millones.

Las primeras denuncias que se conocieron en Australia por problemas con algunos cubrecamas chinos obligaron al propio gobierno chino a reconocer públicamente las carencias en materia de control de calidad que hoy tiene la cuarta economía del mundo.

En los medios de comunicación chinos hoy ya está planteado el debate acerca de cómo mejorar los controles de calidad, e incluso el propio presidente del organismo de control de calidad de China, Li Changjiang, se tuvo que presentar en la televisión estatal para explicar las medidas que estaba tomando las autoridades para convencer al mundo de que los productos chinos son seguros, hecho que parecía imposible apenas tres o cuatro años atrás.

Además de reconocer públicamente el problema, las autoridades chinas decidieron dar un paso más y hace menos de un mes se conoció que Zheng Xiaoyu, ex jefe de la Oficina para el Control de Medicamentos, había sido condenado a muerte, después de que se comprobó que había aceptado sobornos para evitar el control de algunos medicamentos.

En las últimas semanas, además, se lanzó una serie de cursos sobre sistemas de certificación y regulaciones a las exportaciones de los que ya participaron más de 1000 empresarios procedentes de las ciudades donde se concentran las grandes industrias chinas, como Guangzhou, Fuzhou y Hong Kong.

Más allá de estas medidas concretas, en el gobierno del país oriental se encargan de destacar que muchas de las críticas internacionales que se oyen contra las industrias chinas no son más que una excusa para limitar la entrada de los productos que allí se fabrican.

China ya superó en exportaciones a los Estados Unidos y probablemente se convierta en 2008 en el mayor exportador mundial, por lo que superaría al líder durante años en ese rubro: Alemania.

Igualmente, los analistas locales reconocen que, en la mayoría de los casos, detrás de los problemas en la fabricación de productos en China, se esconde una búsqueda de reducción de costos.

Y todo indica que el panorama se complicará en los próximos años, ya que fabricar en China tenderá a ser cada vez más caro, en la medida en que el yuan se revaloriza frente al dólar y los salarios de los trabajadores chinos se incrementen a la vez que acompañen el crecimiento que en general exhibe esa economía.

El explosivo crecimiento económico chino también acarreó otra preocupación típica de los países del Primer Mundo y que hace apenas unos años estaba muy relegada en la lista de prioridades chinas como es el tema ambiental.

A menos de un año de los Juegos Olímpicos, uno de los mayores motivos de desvelo de las autoridades de Pekín es la cantidad de polvo que hay en la ciudad como producto de la multiplicación de proyectos de construcción.

La sensación que se tiene, recorriendo la capital china, es de que, a diferencia de lo que ocurre en Buenos Aires, donde las obras nuevas se concentran en un par de barrios, hoy toda la ciudad se encuentra en construcción. Por esta razón, está previsto que dos meses antes del inicio del certamen deportivo -fijado para el 8/8/2008 a las ocho de la noche- se paren todas las obras en la ciudad.

Menos circulación

Para reducir el tráfico durante los Juegos también se prohibirá la circulación de un tercio de los autos y hasta se intentará conseguir cielos azules bombardeando las nubes con yoduro de plata, de manera de provocar una lluvia artificial.

Con el objetivo de posicionar a la capital china como una metrópoli internacional, el gobierno municipal también impulsa el uso del inglés entre los ciudadanos, para lo cual el año pasado se creó el Comité de Organización para el Habla en Lenguas Extranjeras, encargado de popularizar principalmente el inglés entre los taxistas, los policías, el personal de servicio de los hoteles, los voluntarios y otros habitantes de capital del país más poblado del mundo.

Además de combatir la contaminación y difundir el uso del inglés, las autoridades municipales implementaron otro tipo de medidas complementarias, como la prohibición de escupir en el suelo, con multas que rondan entre los 20 y 50 yuanes (entre 8 y 21 pesos) y mayores controles de tránsito, de manera de lograr que los autos y las bicicletas respeten el uso de los semáforos.

Este último punto representa uno de los mayores déficits que muestra Pekín, aunque la gran ventaja que conserva la capital china con respecto a otras ciudades, como Buenos Aires, es que los conductores chinos manejan mucho más despacio que los porteños, lo que provoca que las consecuencias de los frecuentes choques y accidentes de tránsito sean relativamente leves.

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