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"Ayer, Japón envidiaba a la Argentina; hoy ocurre lo contrario"

Lo dice el historiador Hiroshi Matsushita

Miércoles 14 de noviembre de 2007
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Hasta hace unos 40 años los japoneses envidiaban a la Argentina. Después, los dos países tomaron caminos inversos en casi todos los planos, con los resultados conocidos. Y terminó la envidia o, en todo caso, cambió de sentido, dice el historiador japonés Hiroshi Matsushita, que ha visitado la Argentina unas 30 veces.

Nunca olvidará la primera. Fue en junio de 1966, una semana después de que el general Juan Carlos Onganía derrocara a Arturo Illia. La Universidad de Buenos Aires estaba cerrada e intervenida. Matsushita siguió, no sin temor, su camino a Mendoza, donde lo esperaba una beca en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional de Cuyo.

Hoy, a los 66 años, el profesor Matsushita es un referente en el estudio de los orígenes sindicales del peronismo y en la relación entre Estado, trabajo y gremios en la Argentina moderna. Estas investigaciones dieron lugar a su libro Movimiento obrero argentino 1930-1945 . También ha escrito Peronismo, autoritarismo y dependencia y El populismo clásico y el neopopulismo en América latina , editado por el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Nanzan.

Matsushita: "Los sindicatos se volvieron demasiado rígidos"
Matsushita: "Los sindicatos se volvieron demasiado rígidos".

Matsushita es licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Tokio, y doctor en Historia por la Universidad Nacional de Cuyo. Es miembro del comité directivo de la Asociación de Amistad Japón-Argentina. Está casado desde hace 40 años con la mendocina Marta Elena Pena Bustos, una intelectual de vasta producción.

"En 1966, al poco tiempo de mi llegada a Mendoza, me visitó un profesor de mi universidad en Japón. Yo lo guié por la ciudad y luego fuimos a almorzar. Recuerdo que me dijo: «Envidio a los profesores universitarios argentinos, porque todos pueden tener su propio coche». Ahora es al revés: es en Japón donde los profesores podemos tener un coche con relativamente poco sacrificio..."

-¿En qué se basó el llamado milagro japonés?

-Fue más esfuerzo que milagro. Diría que se debió a la reforma económica y educativa propuesta, o mejor dicho impuesta, por los Estados Unidos en la posguerra. Creo que si Japón no hubiera perdido la guerra no se habría dado una reforma tan estructural. Se aplicó una política de ajuste muy severa. En la década del 60 el gobierno lanzó un programa de incremento del ingreso per cápita. La promesa fue aumentarlo un ciento por ciento en diez años, pero resultó que al cabo de ese tiempo... ¡se había triplicado!

-¿Qué diferencias sustanciales podría señalar entre el sindicalismo japonés y el argentino?

-En Japón, el 90 por ciento de los sindicatos se forma dentro de cada empresa. No están agrupados por sectores industriales, como acá. Allá los sindicalistas tienen que preocuparse por los problemas cotidianos de la gente, por sus salarios, por su calidad de vida, no por luchar contra el gobierno ni por hacer política. Lo que ocurrió en la Argentina fue que mientras la torta, el producto bruto nacional, se achicó, especialmente a partir de 1960, las demandas del sector laboral se incrementaron. Entonces, lógicamente, la puja distributiva se agudizó, y con ella el conflicto político. Recuerdo que cuando vine por primera vez, para los japoneses éste era un país envidiable. Todos vivían relativamente bien aquí con poco esfuerzo. Si entonces la Argentina hubiera lanzado una política de industrialización acelerada y de fomento de las exportaciones, como ocurrió con algunos países asiáticos, seguramente la Argentina estaría viviendo otra realidad.

-¿Cómo llegó a interesarse un japonés por el estudio de la realidad sindical argentina?

-Siempre me atrajo el aspecto ideológico del peronismo. Yo percibí que la influencia del sindicalismo preexistente al peronismo no había sido adecuadamente estudiada. La adhesión obrera al peronismo estaba claramente ligada al desarrollo de una conciencia nacional previa en las organizaciones obreras.Ya en la década del 30 había una fuerte ideología sindical, que proponía alcanzar las metas obreras a través de la negociación directa con la patronal, sin recurrir a la ayuda de los partidos. Los dirigentes de entonces reconocían la importancia de dialogar con los gobiernos de turno, pero no querían que los partidos intervinieran en los asuntos sindicales. Esa ideología se me presentó distinta del socialismo, del comunismo, del anarquismo. De todos modos, la llegada de Perón fue muy importante para el mundo sindical, porque el movimiento obrero se declaró maduro para hacer política.

-¿Qué pasó después de la caída de Perón, en 1955?

-La desindustrialización debilitó la base de sustentación del movimiento obrero. Otro factor importante fue la represión militar: el 30 por ciento de los desaparecidos pertenecieron al movimiento obrero. Los sindicatos desarrollaron una estructura rígida, como de fortalezas. Eso debilitó mucho su poder.

-¿Hoy los movimientos de resistencia cívica han reemplazado a los sindicatos?

-Son nuevas corrientes del movimiento obrero en el mundo. Hoy esos movimientos están bien organizados, pero tienen escaso apoyo de los sindicatos. En realidad, son asociaciones que intentan actuar en forma diferente de como actuaron los sindicatos. No sabemos aún si ese fenómeno terminará pronto o se transformará en una nueva tendencia dentro del movimiento obrero argentino y latinoamericano.

Por Carmen María Ramos Para LA NACION

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