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Un muerto en una protesta contra Chávez

Por Dolores Tereso Enviada especial

Martes 27 de noviembre de 2007
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CARACAS.– A medida que se acerca la fecha del referéndum que quizá decida la suerte de la revolución socialista de Hugo Chávez, crecen la tensión y la violencia. Ayer, un joven que trabajaba en una empresa estatal fue asesinado durante una protesta de sectores de la oposición, lo que llevó al gobierno a denunciar un plan desestabilizador.

El joven, de 19 años, primera víctima mortal de esta campaña, cayó al recibir dos disparos de un manifestante, en medio de una protesta contra la reforma constitucional que promueve el mandatario.

El incidente amenaza con caldear todavía más los ánimos antes del referéndum del domingo y llevó a Chávez a denunciar un plan desestabilizador de la oposición para “sembrar miedo” a través de la violencia e impedir la aprobación de su proyecto.

La denuncia del mandatario se produjo durante una jornada en la que se siguieron oyendo voces contrarias a la reforma chavista. Mientras el diario El Nacional, uno de los más influyentes del país, llamó en su tapa a votar por el no, la Iglesia Católica reiteró que la reforma era "moralmente inaceptable".

Chávez, que aspira a imponer la reelección presidencial indefinida y a terminar de instalar el modelo socialista en Venezuela, se enfrenta a los comicios más reñidos de sus nueve años en el poder.

Las dos últimas encuestas no lograron despejar la incertidumbre sobre lo que ocurrirá el domingo. Mientras que la consultora Datanálisis indicó que el sí ganaría con el 49%, frente al 39% para el no, la firma Hinterlaces mostró un empate técnico entre el sí y el no, con un 45 y un 46%, respectivamente. Dado que la difusión de encuestas está vedada en Venezuela desde anteayer, ahora sólo queda esperar.

Mientras la propaganda por el "Sí a Chávez" sigue inundando Caracas, los encuestadores afirman que la alta popularidad del mandatario entre las clases populares -beneficiarias de sus planes sociales- y la gran capacidad del gobierno para movilizar recursos en el último tramo de la campaña podrían terminar de inclinar la balanza en favor de su revolución socialista.

Con este reñido panorama de fondo, los choques entre opositores y chavistas se cobraron ayer su primera víctima mortal. Muchos venezolanos temen un recrudecimiento de la violencia en esta campaña, en la que ya hubo ataques y amenazas a estudiantes, incluso dentro de las universidades, y denuncias de intimidaciones contra los empleados públicos para que votaran por el sí.

El vicepresidente, Jorge Rodríguez, fue el que anunció la muerte de José Aníbal Yépez. Los disturbios ocurrieron en el estado de Carabobo, cuando trabajadores de la empresa estatal Petrocasa intentaban llegar a su lugar de trabajo y chocaron con grupos opositores que obstruían el tránsito con gomas quemadas, en rechazo a la reforma. Aparentemente, el joven recibió los disparos al intentar encarar a los manifestantes. El vicepresidente informó que el presunto homicida había sido detenido, pero no lo identificó.

"Los asesinos, que quieren que el país no prospere, no encontraron mejor argumento que las balas", dijo Rodríguez, que anunció la detención de 80 personas en distintas protestas en todo el país. Afirmó que los disturbios y la muerte del joven formaban parte de planes opositores para generar "violencia y desestabilización" en el país para impedir la celebración del referéndum.

Posteriormente, Chávez denunció que existía un "plan de violencia" que estaba siendo ejecutado por "turbas enloquecidas y envenenadas".

Pero los observadores se muestran escépticos ante las denuncias de Chávez. "Es el gobierno el que ha venido desplegando violencia desde que comenzó la campaña", dijo a LA NACION Carlos Raúl Hernández, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Se mostró seguro de que Chávez "va a querer sacar beneficio político" de la tragedia. Algunos observadores sospechan que el gobierno podría usar el incidente como una excusa para suspender el referéndum y evitar una posible derrota.

Mientras tanto, ayer se oyeron más voces en contra de una reforma que podría poner en peligro la propiedad privada y la libertad de expresión, y que ampliará enormemente los poderes de Chávez.

La Conferencia Episcopal de Venezuela, abiertamente enfrentada con Chávez, reiteró que consideraba "moralmente inaceptable" la reforma, y exhortó a los venezolanos a que fueran a votar el domingo.

Por su parte, El Nacional llamó en su tapa a votar por el no. Bajo un título a toda página que decía: "Hagamos sentir la fuerza del no", el presidente editor del periódico, Miguel Henrique Otero, afirmó que con la reforma "se pretende violar el principio de alternabilidad democrática, instaurar un régimen irrespetuoso con la Iglesia, la Fuerza Armada y las universidades".

En diálogo con LA NACION, Otero opinó que el proyecto es "ilegal" porque, dados los cambios que plantea, no se trata de una reforma sino de una nueva Carta Magna, por lo que debió haber sido redactada por una asamblea constituyente, y no por el Congreso, controlado por el chavismo.

Para lo que queda de la semana, el oficialismo y la oposición planean realizar marchas por todo el país antes de sus cierres de campaña, por lo que se temen nuevos actos de violencia.

Ante esta agitada campaña, los venezolanos repartían ayer su atención entre el referéndum y los escándalos diplomáticos protagonizados por Chávez con España y Colombia, después de haber anunciado anteayer que "congelaría" las relaciones con ambos países.

España citó al embajador venezolano

MADRID (De nuestra corresponsal).- Tras ignorar durante días las críticas del presidente venezolano, Hugo Chávez, al rey Juan Carlos, el gobierno español citó ayer al embajador de Venezuela en Madrid para pedirle explicaciones. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero casi no se había manifestado sobre el escándalo desatado el 10 de noviembre en Chile, durante la Cumbre Iberoamericana, cuando el rey, en pleno discurso de Zapatero, le gritó que se callara. Tras la reunión, el embajador venezolano Alfredo Toro dijo que vislumbraba "un futuro común" entre los dos países, pese "a los altibajos".

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