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Arte | Fotografía

Secuencias narrativas

ADN Cultura

Rosana Schoijett considera la fotografía una herramienta de conocimiento para escanear la realidad como un detective

En cierto momento de su vida, Jacques Lacan estuvo convencido de que la representación -en este caso el reconocimiento de sí frente al espejo- permitía al niño concebirse como un individuo autónomo del Otro y, a partir de allí, comenzar a conocer el mundo. Así considera Rosana Schoijett a la fotografía: una herramienta de conocimiento con la cual escanear la realidad como detective, a partir de ese modelo de ficción tan sutil y escalofriante por su mímesis que únicamente puede regurgitar la fotografía, es decir, el reflejo.

En la última edición del premio arteBA-Petrobras, la obra de Schoijett no manejó como estrategia el impacto visual inmediato, sino todo lo contrario. Sus 24 fotos en pequeña escala y de distintas situaciones, a simple vista intrascendentes, estaban suturadas delicadamente con el objetivo de presentar una obra única: un pentagrama que unificara distintos relatos en una producción coral, deudora de la cinematografía de un Robert Altman. Las historias narradas buscaban encapsular relaciones de diverso vínculo: pareja, familia, grupo de amigos y sujetos con sus objetos.

Si los primeros premios -Catalina León y Diego Bianchi- remitieron a la pintura y la instalación, Schoijett tomó partido por la fotografía. Una relación sobrevolaba los diversos vínculos presentados: la del observador con su captura. La cámara no apuntaba directamente, la mayoría de las situaciones habían sido mediatizadas por varias capas de reflejos: la realidad rebotando en el espejo de un placard, entrando en el mecanismo interno de la máquina a través del lente, rotando en el pentaprisma, una estructura de cinco espejos, para llegar al ojo del fotógrafo en la posición correcta y terminar plasmada en una copia. La obra, titulada Entrevista, intentaba presentar la ficción fotográfica como una herramienta para entrever el mundo a partir de la duplicación, conocerlo a través de un espejo, dentro de otro espejo, dentro del espejo.

Las series anteriores de Schoijett, Kiosco y Temporada (ambas de 2005), están construidas a partir de estructuras más simples. No se forman con el cruce de secuencias narrativas sino a través de la repetición de arquetipos fotográficos en dos contextos que ella transita profesionalmente: el arte y los medios. Ambas producciones avanzan sobre la construcción del retrato, tomando en cuenta la codificación de la imagen en la historia del arte y en la actualidad, rol que cumple la publicidad y el fotoperiodismo.

En Kiosco retrata famosos y se ubica dentro de la toma construyendo un lazo de complicidad con el espectador, para reflexionar y desarmar la construcción de la pose que compone a este estereotipo. El lazo es similar al de ciertas pinturas renacentistas, donde el artista desde un rincón establece un puente terrenal con el público. En Temporada retrata a otro tipo de celebridad: sus compañeros de la Beca Kuitca. Propone una mezcla de géneros entre el retrato de artista como documento histórico, lo frívolo y cool del catálogo de moda y la neutralidad de gestos del retrato renacentista, que redirige la mirada al contexto.

También en Entrevista es posible encontrar filiaciones con la historia del arte, pero de un tenor más barroco: juegos con espejos como en Las Meninas, de Velázquez. Sin embargo, la evolución en su obra no sólo está marcada por el salto de una mirada clásica hacia otra más barroca, de mayor complejidad narrativa, sino por el riesgo de trasladarse desde un manejo sólido y reflexivo del retrato hacia la "cacería".

Su última serie, Una mujer bajo influencia, parece una síntesis luego del despliegue barroco. Son entre 8 y 10 fotografías de campos magnéticos producidos sobre un lienzo. Como con el espejo, y con la misma fotografía, Schoijett logra incorporar ficción. Esta vez el resultado se acerca a la abstracción, participando de un diálogo ya histórico que entablaron la fotografía y la pintura durante el siglo XX.

Ficha

  • Una mujer bajo influencia, de Rosana Schoijett, en Ernesto Catena (Honduras 4882). Inaugura el miércoles 5, a las 20.30.
Por Javier Villa Para LA NACION
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