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Golden Boys, una pintura de Wall Street

Iglesias Illa cuenta cómo un grupo de ejecutivos argentinos creció en Manhattan de la mano de los bonos de los emergentes

Domingo 02 de diciembre de 2007
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Eso sí: habrá que acostumbrarse a términos como tradear y representarse en ese momento a encumbrados hombres de negocios que compran y venden acciones. Pero que se quede tranquilo el lector. Una vez que termine de leer el libro, tendrá una perfecta pintura de cómo vive, cómo opera, cómo se relaciona, cómo piensa y hasta cómo conspira un grupo de argentinos que desde hace dos décadas, sentados en mullidos sillones de lujosas oficinas en Wall Street, compran y venden y ganan gracias a la deuda de los países emergentes.

Esa será la sensación de quienes recorran las páginas de Golden Boys , el libro de Hernán Iglesias Illa que ya salió a la venta. La obra es el resultado del Premio Crónicas Planeta/Seix Barral, cuya edición 2006 fue ganada por Iglesias Illa. "¿Quiénes son entonces estos Golden Boys -se pregunta el autor-, todo brillo y risitas, que Wall Street ha importado de América latina desde los 80, para hacerlos millonarios y atenderlos como príncipes? ¿Son sólo los cachorros de las clases altas y sus satélites, que plantan cercos a su alrededor y creen que la banca de inversión es aún un negocio de salones y contactos personales? ¿O los bancos han preferido a los jóvenes arrebatados, energéticos y sin pedigrí como [Daniel] Canel y sus sucesores?"

Iglesias Illa, que trabajó dos años para redondear la investigación, se sumergió en los negocios de los jóvenes de Wall Street. "Uno de los negocios que más divertía a los argentinos de aquella primera generación en Wall Street era viajar a Europa, revisar la larga lista de bancos acreedores de la Argentina y tocarles el timbre, en Ginebra, Francfort o Bruselas, a aquellos -pequeños, sin grandes estructuras y paciencia- que estuvieran dispuestos a vender. Les compraban el portafolio entero, en operaciones que pocas veces superaban los US$ 50 millones. Después volvían a Nueva York, le tiraban los papeles a un ejército de abogados y contadores que los partían en pedacitos y los hacían más fáciles de tradear y después los vendían en el mercado."

Ahora bien, ¿quiénes son los Golden Boys? Pues bien, Iglesias Illa dejó en manos de los propios ejecutivos la descripción. "Casi todos nosotros somos técnicamente millonarios, pero eso en Manhattan o en Greenwich no quiere decir mucho. La gente cree que venimos acá y ganamos mucha guita. Y es cierto, pero sólo comparado con Buenos Aires. Acá, al menos por unos años somos el último orejón del tarro. La facilidad con la que otros, con más guita, nos dejan priced out , fuera de mercado, es tremenda. Algunos de nosotros vivimos en Manhattan en departamentos de apenas 100 metros cuadrados. Ninguno de nuestros amigos en Buenos Aires vive en departamentos de menos de 100 metros, y menos si tienen hijos. Si alguno vive en un lugar tan chico es porque es soltero. Y seguro que se va a la quinta los fines de semana. Uno de nosotros, banquero, de treinta y pocos años me dijo hace poco: «Me di cuenta recién ahora. Compré mi departamento en el Upper West Side hace tres años y subió un 30% o un 40% de precio. Pero ni en pedo soy más rico. Seré más rico el día que lo venda y me vaya a Buenos Aires» [...]. En Manhattan el que se relaja pierde. Y a algunos nos gusta esa exigencia. Es lo que nos mantiene en tensión y alertas."

"¿Somos felices?", se pregunta uno de los jóvenes de oro. Y se contesta: "Cada uno sabrá. No tenemos motivos para quejarnos pero a veces nos quejamos igual. Es que también sufrimos. Nosotros vamos a la Argentina y no les contamos a nuestros amigos lo bien que nos va o cuánto ganamos. No podemos, por una cuestión de respeto moral hacia ellos. Si acá manejamos un Porsche, ¿vos creés que a nuestros amigos que la están pariendo en Buenos Aires, que fueron compañeros nuestros en la facultad, que ganan dos pesos con cincuenta, les interesa saber qué auto manejamos? Por eso bajamos el perfil, los invitamos a comer. Hacemos lo que podemos. Bancamos a nuestras familias y a las de nuestras mujeres. Acá es la historia de todos. Porque en la Argentina generalmente están todos mal. Es difícil, tenemos un grado de culpa importante. No es sólo un estado de gloria".

Y luego, en nombre de todos, el interrogado responde: "Somos pibes de San Isidro o Belgrano que fuimos a colegios privados; nuestras familias no tenían plata pero la veíamos cerca, en las casas de amigos o primos, y sabíamos que el camino al infinito estaba a nuestro alcance. Además, los Golden Boys de clase alta no nos quedamos mucho tiempo en Nueva York. Nos volvemos a Buenos Aires porque no nos bancamos la mezcla. En Buenos Aires disfrutamos de una posición social mucho mejor que la de acá, donde tenemos que pelearla todo el tiempo. Los más snobs ni siquiera podemos hacer vida social con otros argentinos, porque no nos divierte la mezcla. Tenemos buenos motivos para volver: en Buenos Aires somos príncipes; acá, mendigos".

"Aunque queramos volver, nos gusta vivir en Estados Unidos, donde todo funciona y las reglas son claras. Y nos gusta la guita, como a todo el mundo. Bueno, quizás un poco más que a todo el mundo." Todo dicho.

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