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El otro Daniel Scioli

Carlos Pagni

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LA NACION
Lunes 03 de diciembre de 2007
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En Olivos están convencidos: hay otro Daniel Scioli. Los suspicaces Kirchner comenzaron a leer los movimientos políticos del nuevo gobernador, sobre todo la configuración de su gabinete, como indicios de que su administración será el comando de un proyecto autónomo para las presidenciales de 2011.

Es la guerra fría. Su origen, como siempre, es fiscal. Lo publicó ayer LA NACION: Cristina Fernández de Kirchner no girará a Scioli el fondo especial de 3000 millones de pesos que él esperaba. Debe ser doloroso para la nueva presidenta: es la senadora del distrito. Pero la discusión esconde un duelo de poder que alimentará las crónicas de los próximos cuatro años. Menem vs. Duhalde, De la Rúa vs. Ruckauf, la leyenda continúa

Todo comenzó con trivialidades. El nuevo gobernador encomendó a su gerente político, Alberto Pérez, el trámite de una reunión con Mauricio Macri. Nada que sospechar. Sería el encuentro de dos vecinos desvelados por sus comunidades. Pero en la Casa Rosada interpretaron que esa entrevista era la primera foto de un prematuro poskirchnerismo. Para peor, los organizadores hablaban de una "cumbre". Sonaron las alarmas. Primero, Pérez excluyó de los preparativos a José Scioli, hermano y futuro secretario general del gobernador. Después, quiso disimular la herejía con otra más irreverente: Scioli presidiría una reunión de gobernadores limítrofes. A las oficinas de Mauricio Macri ya no llegan mensajes de Pérez. Es probable que la exhibición de las dos atracciones del deporte y la política quede para mejor momento. Igual que otros acercamientos, como el previsto para el sábado próximo con el cardenal Jorge Bergoglio, en la inauguración de una nueva sede de Cáritas.

* * *

Scioli ya había indispuesto a los Kirchner con el armado del gabinete. Tal vez hubiera comprometido al matrimonio con el destino de su gestión con sólo mantener a algunos funcionarios que tributan en Olivos. Pero el gobernador prefirió diagramar su equipo sin interferencias. En vez de confirmar a Carlos Fernández en Economía, prefirió designar al dueño de todos sus secretos, Rafael Perelmiter, antiguo contador de Casa Scioli. Fernández reportó hasta ahora a su homónimo Alberto, el jefe de Gabinete de Kirchner.

Tampoco quiso Scioli retener al presidente del Banco Provincia, Martín Lousteau. Lo cambió por Guillermo Francos, colaborador de Eduardo Eurnekian en Aeropuertos Argentina 2000 y antiguo militante cavallista. Ahora Lousteau espera al gobernador en el Ministerio de Economía para discutir los fondos nacionales que reclama. No debería sorprender si también reaparece Carlos Fernández: es el otro yo de Juan Carlos Pezoa, el nuevo secretario de Hacienda.

En Seguridad, Scioli designó a Carlos Stornelli, el ex fiscal del caso Skanska. Si bien fue por recomendación de Julio De Vido, el vínculo adquirió fuerza propia: el gobernador electo mantuvo a Stornelli a pesar de su entredicho con la Casa Rosada por el procesamiento de Néstor Ulloa y Fulvio Madaro. El ex fiscal demostró, además, que su amistad con Scioli no derivaba en complacencia con Kirchner: se despidió de tribunales con una nueva investigación, ahora acerca de la segunda ampliación de gasoductos. Está en manos del juez Ariel Lijo.

Otro dato que indicó al gobierno nacional una excesiva autonomía fue la incorporación de un colaborador de Jorge Telerman, Diego Gorgal, como subsecretario de Modernización del Estado bonaerense. Gorgal fue puesto bajo la lupa por la Casa Rosada y por la burocracia platense. No tanto por su amistad con el independiente Telerman como por sus vínculos con el diputado nacional Juan José Alvarez, pieza clave de la política de seguridad del duhaldismo. En el círculo más cercano a Kirchner creen que la convocatoria a Gorgal expresa un reflujo del elenco que acompañó a Carlos Ruckauf en la gobernación. Sobre todo por la presunción de vinculaciones entre el futuro subsecretario y un esquema de negocios de seguridad y tecnología que en su momento llevó a Kirchner a exonerar al jefe de la Policía Federal, Roberto Giacomino, quien fue procesado el último miércoles.

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Con Alberto Fernández, Aníbal Fernández, Florencio Randazzo y Lousteau en el gabinete, Cristina Kirchner cuenta con un poderoso aparato de observación de la política al otro lado del Riachuelo. Por ejemplo, ya le informaron del escándalo que ocasionó en el Banco Provincia el encumbramiento de funcionarios que reinaron durante la gestión Ruckauf. Es el caso de Ernesto Bruggia, en aquellos años gerente general, y de Eduardo Ordóñez, ex gerente de crédito. Ellos traen el recuerdo de escándalos investigados por la Legislatura. Es posible que, a instancias de Gorgal, Scioli prometa en su discurso de asunción -ya casi redactado- la contratación de un sistema informático que permita a los vecinos conocer los antecedentes de los funcionarios. Convendría que revisen algunas de esas designaciones antes de instalar ese costoso mecanismo.

Entre las carpetas que se acumulan en los despachos bonaerenses del gobierno nacional hay otra destinada a contrataciones problemáticas que estaría programando Scioli. Por ejemplo, la del espía Frank Holder. Para conocer esta vinculación basta el Google. Holder es otro viajero del túnel del tiempo: en 2001 ganó fama por los servicios prestados a Raúl Moneta. Tiempos en que el banquero era investigado por una comisión legislativa sobre lavado de dinero de la que formaba parte Scioli. Cristina Kirchner recuerda detalles: ella también la integraba. Es cierto, el gobernador podrá decir que se acercó a Holder por sus amigos Milton y Withney Ferrell, también amantes de la motonáutica.

La mesa política del nuevo gobernador es bastante escuálida. La encabezan su hermano "Pepe" -quien puja en estas horas para que su amigo Carlos Palleres herede su butaca en la Corporación Puerto Madero-, el omnipresente Pérez, el contador Perelmiter y el futuro ministro de Justicia Ricardo Casal, acaso el único que conoce la administración provincial. Los dirigentes en los que Scioli podría apoyarse están lejos por sus funciones (Alfredo Atanasof, en la agencia de inversiones) o por desdén (Alberto Balestrini, el vice, a quien comunican las decisiones cuando fueron tomadas). Esta baja dotación política ya genera dificultades. El hermano "Pepe" se enteró de que la Legislatura estaba por aprobar una nueva ley de Salud porque se lo avisó Claudio Zin. Es el futuro ministro del área, un médico-comunicador, que ganó fama como columnista del "grupo Hadad" -donde lo mencionan con simpatía como "nuestro doctor Zin"- y que con Carlos Menem se ocupó de la relación con los laboratorios medicinales en la agencia encargada de aprobar especialidades.

Si los Kirchner no fueran tan mal pensados, aceptarían que detrás de Scioli no se incuba amenaza alguna. Es cierto que el gabinete del futuro gobernador no comparte la mentalidad del matrimonio. Pero su consistencia política y administrativa es tan débil que en Olivos podrían seguir disfrutando la deliciosa "pax bonaerensis" por cuatro años más.

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