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Domingo 09 de diciembre de 2007 | Publicado en edición impresa

La nueva gestión / Perfil del quinto Jefe de Gobierno de la Ciudad

Un hombre decidido a mostrar que puede

Por Pablo Tomino | LA NACION

Twitter: @prtomino    |   Mail: ptomino@lanacion.com.ar    |   Ver perfil
 
 
 

Cuando se exige al máximo y alcanza un nivel importante de estrés, la señal que le suele enviar su cuerpo es recurrente: por las noches, Mauricio Macri tiene la pesadilla de que no aprueba la materia Hormigón I, una instancia que le costó sortear en el camino de convertirse en ingeniero civil, en la Universidad Católica Argentina.

Hijo de Franco Macri, un empresario industrial que emigró de Italia después de la Segunda Guerra Mundial y desarrolló en el país un poderoso imperio económico, Mauricio se tomó varios años para intentar demostrar a su padre que su futuro estaría lejos de su ala protectora.

El nuevo jefe de gobierno porteño cumplirá 49 años el 8 de febrero próximo. Hoy, quien brilló con luz propia a partir de su asunción como presidente de Boca Juniors, en 1995, encierra el deseo de que el éxito deportivo lo acompañe en la política.

Cursó sus estudios primarios y secundarios en el colegio Cardenal Newman. Su madre, Alicia Blanco Villegas, contó que era un chico "muy aplicado en la escuela", que le gustaba jugar y embarrarse. Dicen que, ya de pequeño, tenía virtudes para conducir y formar grupos: era siempre el capitán de su equipo de fútbol, aunque su papel en la organización de los partidos tenía como fin no quedarse fuera de la cancha. "Porque era bastante malo con la pelota", confesó alguna vez.

A los 18 años visitó por primera vez a un psicoanalista, afectado por la separación de sus padres. Al terminar la carrera de ingeniero civil en la UCA ("realmente fue algo terrible para mí, una pesadilla", recordó), cerró su ciclo de aprendizaje con un curso en la Universidad de Columbia, para luego sumergirse en el mundo de las finanzas.

Su matrimonio con Yvonne Bordeu, en 1981, cuando tenía 22 años, fue el comienzo de una historia que duró nueve años. Con ella tuvo a sus tres hijos: Jimena (23 años), Agustina (21) y Francisco (18). "Soy un mal marido, pero un buen ex marido", contó en una oportunidad, tras su separación.

Educado, disciplinado, aunque a veces distraído y algo arrogante -así lo describen quienes le tienen poca simpatía-, se desarrolló como empresario en el Departamento de Crédito del Citibank y en varias empresas de su grupo familiar, entre ellas Sideco, Socma y Sevel. Como ejecutivo de esta última firma fue procesado por contrabando agravado, en 1993, acusado de una maniobra en que las empresas del grupo, presuntamente, estafaban al Estado argentino. Pero la Corte Suprema de Justicia lo sobreseyó.

De buen humor y mal contador de chistes, tiene tres hermanos: Gianfranco, Mariano y Sandra, y una media hermana, Florencia. A Mauricio -que es Macri, claro- la vida le puso varias pruebas difíciles. La más dura le llegó el 25 de agosto de 1991, cuando fue secuestrado durante 12 días por una banda de policías. Las cifras del rescate para su liberación fueron el secreto mejor escondido, aunque siempre se dijo extraoficialmente que se habrían pagado unos 6 millones de dólares. "Fue terrible, sólo había un agujero en el techo por donde me alimentaban y estaba encadenado al piso", dice, en pocas palabras. Experiencia que, cuenta, le curó la claustrofobia que padecía.

"El Cartonero" de Boca

También apodado "el Cartonero", como lo bautizó Diego Maradona por su política económica austera cuando fue presidente de Boca, Macri asumió en esa institución en el verano de 1995. Su arribo fue crucial para modernizar el club, ordenar las finanzas y ubicarlo entre los primeros en el orden internacional. En esa época también se reencontró con el amor: se casó con la modelo Isabel Menditeguy, con la que convivió diez años.

Su llegada a la dirigencia deportiva fue observada con miradas suspicaces, prejuiciosas. "Siempre fui subestimado en todo lo que hacía, porque era joven para manejar una empresa o porque era dirigente para conducir un club", confiesa. Al final de un largo camino en el que mantuvo entredichos con figuras como Carlos Bianchi y Maradona, cosechó 16 títulos. Es el presidente más ganador de la historia de Boca.

Nacido en Tandil, provincia de Buenos Aires, hace muy poco que se animó a mostrarse en público con unos anteojos pequeños para leer. Juega al fútbol y al tenis cada fin de semana y conduce muy poco su automóvil. "Soy distraído al frente del volante", dice. Por ello, tiene chofer.

En 2003 dio el salto a la política como candidato a jefe de gobierno porteño, pero Aníbal Ibarra le ganó en la segunda vuelta electoral.

Fanático de Queen, repite siempre que hubiera querido ser un artista famoso como Freddie Mercury o un goleador como Martín Palermo. Pero el canto no es una virtud en él y hacer goles, mucho menos.

Su hora de gobernar la ciudad le llegaría cuatro años más tarde: en junio pasado, al ganar con el 60,9% de los votos el sillón de gobernante que deja Jorge Telerman. Su padre nunca vio con agrado su alejamiento del imperio empresarial familiar.

Hoy, a este hombre que cuentan haberle oído decir que alguna vez se miró en el espejo del italiano Silvio Berlusconi y que aspira a ser presidente de la Nación, le llegó la hora de la verdad. Desde hoy será él quien decida el rumbo de los porteños. .

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