El escenario
La crisis en la relación entre los Estados Unidos y la Argentina escaló ayer otra vez hacia una nueva y desconocida cima. Expresiones académicas y empresariales de Washington afirmaron que la posición del gobierno de George W. Bush es de extremo malestar con las autoridades argentinas después de las últimas declaraciones públicas de la presidenta Cristina Kirchner y de su esposo, el ex presidente.
Ese es el otro aspecto de la creciente tensión: el matrimonio presidencial insistió y profundizó ayer sus acusaciones contra el gobierno norteamericano. Aquí también creció el malestar con un vértigo galáctico. El ex presidente Kirchner llegó a aludir directamente al embajador de Washington en Buenos Aires, Earl Anthony Wayne, a quien le impugnó sus afirmaciones de que las relaciones entre ambos países seguían siendo buenas. Usó una fórmula extraña en las relaciones internacionales: se dirigió al embajador como si lo tuviera enfrente y lo tuteó despectivamente.
Las expresiones de Washington hicieron el siguiente relato: "La situación política aquí es muy mala con la Argentina. Es como si hubieran dicho: "Ya basta, no vale la pena seguir insistiendo en ninguna política de acercamiento".
El malestar es palpable sobre todo en los republicanos, pero también en muchos legisladores demócratas que están al tanto de las relaciones exteriores, sobre todo en el Senado", describieron.
Desde ya, no cayeron bien aquellas declaraciones ni tampoco la decisión del gobierno argentino de confinarlo a Wayne a relacionarse sólo con la Cancillería. "Eso sucedía en la Unión Soviética", ironizaron.
"Pudieron pedirle que del actual conflicto sólo hablara con el canciller, y eso es entendible, pero no cerrarle las puertas de todo el Gobierno. Eso es inaceptable para los políticos de aquí", dijeron en Washington.
Las diferencias entre gobiernos pueden suceder y, de hecho, suceden. La cuestión de fondo es cómo se los maneja para no romper definitivamente todos los puentes.
Resultó extraño que la Presidenta, en efecto, tomara el micrófono en dos oportunidades para referirse al diferendo con Washington. Fue la jefa del Estado la que decidió responder al FBI y a un fiscal de Miami y actuar siguiendo el ritmo de ellos. No hay equivalencia de jerarquías posibles entre unos y otros.
La posición argentina debió ser expuesta, según las normas de la diplomacia internacional, por la cancillería argentina. El canciller Jorge Taiana es un profesional lo suficientemente apto como para calibrar sus manifestaciones y expresar en su dimensión exacta el grado del malestar argentino. La jefatura del Estado es siempre la última instancia y es, también, la que se usa por lo general para mejorar los climas y no para empeorarlos. Alguna dosis de reflexión y discernimiento no vendrían mal a estas alturas de los ya penosos acontecimientos.
El ex presidente Kirchner tampoco le ha hecho un favor a su esposa con la rimbombante aparición de ayer, luego de prometer mil veces que daría un paso al costado durante los primeros meses de la gestión de Cristina Kirchner. ¿Qué es lo que lo empujó otra vez a esas tribunas de incendio, donde de nuevo colocó al mensajero como uno de los centros de su furia? Hay, a todo esto, una reticencia permanente del Gobierno a tratar el problema de la valija de Antonini Wilson en sus aspectos reales y palpables; es decir, sobre lo que sucedió en el aeroparque de Buenos Aires durante una ingrata madrugada de agosto último.
Es notable, además, que la crisis argentino-norteamericana se haya llevado al seno del Mercosur en alianza implícita con Hugo Chávez. Ya era mala aquella crisis por sí sola, pero es peor si encima está acompañada por el verborrágico caudillo de Caracas. Cristina Kirchner hizo hincapié en la incorporación formal de Venezuela al Mercosur como un elemento irritativo para Washington.
Esa incorporación no está siendo frenada ni por Washington, ni por Europa, ni por los presidentes del Mercosur; sólo está siendo largamente analizada por los parlamentos de Brasil y Paraguay, que deben dar su aprobación. Analizan, sobre todo, si Venezuela cumple con los requisitos democráticos y comerciales estipulados por las normas del Mercosur. Al parecer, no cumple con ninguno.
Sólo el presidente Lula puso ayer un paño de agua fría entre tanto discurso conspirativo. El mandatario brasileño dijo que el Mercosur tiene "enemigos internos y externos", pero que de sus problemas son culpables los países que lo integran y "no Estados Unidos ni Alemania".
El Gobierno ha deslizado en los últimos días que la ausencia del subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos, Tom Shannon, en la ceremonia de asunción de Cristina Kirchner, el lunes 10 de este mes, fue un síntoma de que se venían tiempos tormentosos.
En verdad, la administración argentina reclamó a los gobiernos extranjeros que enviaran a sólo dos personas a la ceremonia, en caso de que no viajara un jefe de Estado, y que sólo dos personas acompañaran a éste cuando la representación fuera la máxima jerarquía de un Estado.
Como no vino Bush, que es el jefe del Estado norteamericano, la representación de Estados Unidos debía ser de sólo dos personas. Todos los países importantes enviaron a una figura ministerial y sumaron al embajador en Buenos Aires, porque ninguno quiso dejar fuera de la ceremonia a su representante permanente en la Argentina. Es lo que hizo Washington, pero Shannon anunció en el acto que visitaría Buenos Aires en enero próximo.
Más aún, la secretaria de Trabajo, Elaine Chao, que encabezó la delegación norteamericana y que tiene jerarquía de ministra, viajó inmediatamente a Montevideo después de las ceremonias argentinas y regresó a Buenos Aires el miércoles del escándalo. Pidió, como tenía agendada, una reunión más distendida con la flamante presidenta argentina, pero nunca se le respondió. El escándalo ya había comenzado a destruir los pocos puentes que quedaban con Washington.
Ayer, dicen, el canciller Taiana le reclamó a Wayne que se apurara la extradición de Antonini Wilson. Era hora. Hasta la víspera, el gobierno argentino sólo había hecho el trámite burocrático de trasladar a Estados Unidos el pedido de extradición de la justicia local. Nunca hubo una gestión política ni diplomática que mostrara el interés de la administración argentina para que el lenguaraz maletero soltara aquí su lengua.