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El drama de los secuestrados en Colombia: pese al pedido de Chávez, dejaron Venezuela los garantes

Tras fracasar el rescate de los tres rehenes, volvió Kirchner

El Mundo

El ex mandatario llegó ayer a la mañana a El Calafate; Uribe, el presidente colombiano, dijo que Emmanuel está en un hogar sustituto, pero las FARC lo negaron; tensión entre Bogotá y Caracas

Por   | LA NACION

CARACAS.- El último día de 2007 pasará a la historia como la jornada de la muerte, lenta y anunciada, de la Operación Emmanuel, diseñada por el presidente venezolano, Hugo Chávez, para rescatar a tres rehenes colombianos desde hace años en manos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Malhumorado, el ex presidente Néstor Kirchner abandonó la selva colombiana rumbo a El Calafate minutos antes del nuevo año.

La negativa de la guerrilla más antigua y feroz de América latina a suministrar las coordenadas de tiempo y espacio en las que entregaría a la ex candidata a la vicepresidencia Clara Rojas; a su pequeño hijo Emmanuel, nacido en cautiverio, y a la ex congresista Consuelo González precipitó el fin del papel de la comisión de garantes internacionales que integraba Kirchner y el inicio de una dura escalada verbal entre el líder bolivariano y el presidente de Colombia, Alvaro Uribe. Anteayer, éste sacudió al mundo con una revelación: el niño que las FARC prometieron entregar se encontraría bajo custodia de un hogar sustituto, en Bogotá. Para corroborar este dato, genetistas colombianos tomaron ayer aquí muestras de ADN de los familiares directos de Rojas, ex compañera de fórmula presidencial de Ingrid Betancourt, en poder de las FARC desde febrero de 2002.

Desoyendo el pedido de Chávez, que anteanoche juzgó como "necesaria" la presencia de los comisionados en esta ciudad para "hacer una evaluación" de su tarea, Kirchner leyó un comunicado redactado por la comisión y dejó de inmediato la ciudad colombiana de Villavicencio, desde donde iba a partir la frustrada comitiva rumbo a la selva colombiana. Arribó a El Calafate a las 7.50 de ayer, mientras otros comisionados, como el brasileño Marco Aurelio García y el ecuatoriano Gustavo Larrea, partieron sólo a esa hora desde esta capital hacia sus respectivos países de origen.

El fin del operativo representa un nuevo fracaso político para Chávez, que el 2 del mes pasado sufrió un duro revés en el referéndum con el que intentó reformar la Constitución y asegurarse la reelección indefinida.

A media tarde de anteayer todo había empezado a complicarse, y fue Chávez el primero en admitir que nada saldría como se pensó el 18 de diciembre, cuando las FARC le prometieron entregar a los rehenes. "La operación va a continuar, lo que se ha puesto en riesgo es la modalidad", dijo el presidente venezolano en una conversación telefónica con el canal 8. Y disparó: "Tengo razones para desconfiar del gobierno de Colombia". Luego leyó un comunicado que le enviaron las FARC, en la que la guerrilla daba por suspendidas las negociaciones.

"Los intensos operativos militares desarrollados por el ejército colombiano nos impiden, por ahora, entregar a Clara Rojas, su hijo Emmanuel y Consuelo González, lo que era nuestro deseo", decía el comunicado de la guerrilla que encabeza Manuel Marulanda, alias Tirofijo. No pasaron 15 minutos cuando llegó la respuesta de Uribe, quien se había desplazado a Villavicencio para explicar a los comisionados que él había dado "todas las garantías" para realizar la operación.

"Estamos llenos de motivos para desconfiar de las FARC", gritó Uribe desde un estrado improvisado en el aeropuerto de la calurosa ciudad colombiana. "Queremos explicarles a los comisionados el comportamiento de engaño y mentira de esa organización", sostuvo, y le cedió la palabra al general Freddy Padilla, que aseguró que "no ha habido combates en la zona en las últimas dos semanas".

Uribe anunció que aceptaría la formación de un "corredor", o zona despejada de militares para realizar la operación, y enseguida enmudeció a propios y extraños con una "hipótesis" sorprendente. "Las FARC no se han atrevido a liberar a los rehenes porque no tienen al niño Emmanuel", afirmó, y dio detalles de una investigación oficial desatada por la insistencia de un hombre, presunto guerrillero, que habría reclamado en los últimos días la tenencia de un niño entregado dos años antes al Instituto de Bienestar Familiar de Bogotá, cuya descripción correspondería con la de Emmanuel.

Furioso, Chávez le contestó con dureza. "Uribe fue a Villavcencio a dinamitar el proceso con esa bola de humo", afirmó, en una aseveración que repitió, al caer la tarde, en un encuentro con periodistas en la entrada al palacio presidencial de Miraflores.

Allí, delante de la alfombra roja y los vidrios con agujeros de bala que recuerdan su golpe de Estado contra el gobierno constitucional en 1992, un Chávez con chaqueta verde militar reiteró que el proceso "sigue en marcha". Y desafió a Uribe: "Seguimos teniendo nuestros helicópteros y aviones para realizar el rescate".

"Seguiremos en contacto con las FARC, ejército popular. En lo que hemos hablado, ellos han cumplido", afirmó Chávez, mientras una camioneta con los familiares de las secuestradas estacionaba a sus espaldas, en la puerta principal del palacio. De inmediato, fue más moderado. "¡Marulanda, Uribe, vamos a hacer la paz, hermanos!", se entusiasmó, aunque luego reclamó a su par colombiano: "Desengánchate de Bush, que no quiere la paz".

Chávez anunció entonces una amnistía "generosa" a los dirigentes que intentaron derrocarlo en abril de 2002. Les dio la espalda a los periodistas, les deseó buen año y ayudó a bajar a Clara González, madre de Clara Rojas. Le murmuró alguna explicación, mientras la mujer no abandonaba el ceño fruncido. El líder bolivariano agarró en sus brazos a Juliana, nieta de Consuelo González, y así entró al palacio para la cena de fin de año.

Más tarde, anunció que espera relanzar "lo antes posible" la misión humanitaria con cobertura de la Cruz Roja, aunque ahora sin la comisión de garantes, que abandonaron el país "hasta que estén dadas las condiciones" para retomar las negociaciones. .

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