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El clima y los medios: pronóstico de alerta

El calentamiento global es seguramente un problema serio, pero su alcance y gravedad pueden estar siendo magnificados por activistas, científicos y periodistas interesados en difundir imágenes catastróficas e ignorar evidencias que para algunos expertos son alentadoras

Domingo 06 de enero de 2008
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Me gustaría desear un feliz 2008, pero me temo que tengo otro tipo de predicción: prepárese para un muy mal clima. Este año, su televisor le traerá, una tras otra, imágenes temibles de cataclismos naturales vinculados con el calentamiento global. Se le dirá que tal clima terrible debe ser una señal de cambios climáticos peligrosos y que estas imágenes son un anticipo de lo que vendrá a menos que actuemos rápidamente para enfriar el planeta.

Por desgracia no puedo ser más específico. No sé si los desastres vendrán por causa de inundaciones o sequías, huracanes o tormentas de nieve, fuego o hielo. Tampoco tengo idea alguna de cuánto se calentará el planeta en los próximos meses o qué significará eso para su pronóstico local. Los modelos del clima de largo plazo no pueden explicar lo que sucede en el corto plazo.

Pero sin duda habrá un clima extraño en alguna parte y reaccionaremos como marinos en el Libro de Jonás. Cuando una tormenta rodeó su barco, no la atribuyeron a un patrón climático estacional. Rápidamente identificaron la causa (los pecados de Jonás) y acordaron una repuesta apropiada (lanzar a Jonás por la borda).

Postales de la catrástofe: sequías, osos polares y peces muertos: más fotogénicos que las buenas noticias
Postales de la catrástofe: sequías, osos polares y peces muertos: más fotogénicos que las buenas noticias.

Los intérpretes del clima de hoy son lo que los científicos sociales llaman empresarios de la disponibilidad: los activistas, periodistas y científicos expertos en publicidad que monitorean selectivamente el globo terráqueo en busca de evidencias que justifiquen la difusión de una nueva forma de pecado: el consumo de combustibles fósiles.

Hace un año, meteorólogos británicos lograron un gran impacto mediático al predecir que la acumulación de gases de efecto invernadero ayudaría a hacer de 2007 el año más cálido del que se lleve registro. Al final del año, aunque los científicos británicos informaron que el promedio de temperatura global no era un nuevo récord -en realidad era el más bajo desde 2001- la BBC confiadamente proclamó: "Los datos de 2007 confirman la tendencia al calentamiento."

Cuando el hielo del mar Artico el año pasado llegó al nivel más bajo jamás registrado por satélites, fue una noticia muy difundida y se recibió como señal de que todo el planeta se calienta. Cuando el hielo del mar Antártico alcanzó el año pasado el nivel más alto jamás registrado por los satélites, el hecho fue mayormente ignorado. Una gran parte de la Antártida se ha ido enfriando en los últimos tiempos, pero la mayor parte de la cobertura mediática de ese continente se ha concentrado en una porción pequeña que, efectivamente, se ha calentado.

Cuando el huracán Katrina inundó Nueva Orleáns en 2005, se supuso que era un indicio del mundo más tormentoso predicho por algunos modelistas del clima. Cuando las siguientes dos temporadas de huracanes fueron relativamente calmas -de acuerdo a algunas medidas, la temporada pasada en el hemisferio norte fue la más calma en tres décadas-, los empresarios de la disponibilidad cambiaron de tema. Las sequías en California y Australia se convirtieron en los nuevos indicadores del cambio climático (no importa que se supone que un planeta más cálido tendrá más, no menos, precipitación general).

La excusa más caritativa para esta inclinación tendenciosa en la adivinación del clima es que los emprendedores están tratando de contrarrestar otro prejuicio: es cierto que el planeta se ha vuelto más cálido, y se proyecta que seguirá calentándose debido a las emisiones de efecto invernadero, pero este proceso es demasiado lento como para tener un gran impacto en el público.

Al juzgar los riesgos, a menudo nos equivocamos por usar lo que se llama la heurística de la disponibilidad: medimos un peligro de acuerdo con la cantidad de ejemplos que tenemos disponibles y a mano en nuestras mentes. Así, sobreestimamos las probabilidades de morir en un ataque terrorista o un accidente de avión porque hemos visto tales muertes dramáticas tan a menudo en televisión; subestimamos los riesgos de morir de un infarto porque no tenemos tantas imágenes vívidas a mano.

El calentamiento lento no produce imágenes memorables en televisión o en la mente de la gente, por lo que los activistas, periodistas y científicos han puesto la mirada en los huracanes, incendios y osos polares que se mueren de hambre. Han usado estas imágenes para iniciar una "cascada de disponibilidad", término acuñado por Timur Kuran, profesor de economía y derecho de la Universidad del Sur de California, y Cass Sunstein, profesora de derecho de la Universidad de Chicago.

La cascada de disponibilidad es un proceso autoperpetuante: cuanta más atención recibe el peligro, tanto más se preocupa la gente, lo que lleva a una mayor cobertura de los medios de comunicación y un mayor temor. Una vez que las imágenes del 11 de septiembre hicieron que el terrorismo pareciera una amenaza importante, la prensa y la policía concentraron su atención en nuevos ataques y supuestos planes potenciales. Luego del accidente nuclear de Three Mile Island y "El Síndrome de china", pequeños problemas en plantas nucleares de pronto merecieron la atención de la prensa.

"Mucha gente preocupada por el cambio climático -dice Sunstein- quiere crear una cascada de disponibilidad fijando un incidente en la mente de la gente. El huracán Katrina es sólo un ejemplo temprano; habrá otros. No dudo de que el cambio climático es real y presenta una amenaza seria, pero existe el peligro de que cualquier "consenso" sobre eventos particulares o descubrimientos específicos sea, en parte, una cascada".

Una vez que se pone en marcha una cascada, se vuelve difícil discernir los riesgos porque los expertos se vuelven renuentes a chocar con la opinión popular y se los ignora si es así. Ahora que el Artico al derretirse se ha vuelto el símbolo del calentamiento global, no hay demasiado interés en escuchar otras explicaciones de por qué se está derritiendo el hielo o por qué el otro polo del planeta no se derrite también.

Informes poco mediáticos

El calentamiento global tiene impacto en ambas regiones polares, pero también son influidos fuertemente por patrones regionales de clima y corrientes oceánicas. Dos estudios de la NASA y científicos universitarios llegaron a la conclusión de que gran parte del derretimiento reciente del hielo marino del Artico está relacionado con cambios cíclicos en corrientes y vientos oceánicos, pero esos estudios recibieron relativamente poca atención y, por cierto, no pudieron competir con las imágenes de osos polares en problemas que son tan populares entre los empresarios de la disponibilidad.

Roger Pielke Jr., profesor de estudios ambientales de la Universidad de Colorado, señaló recientemente la recepción muy distinta que tuvieron el año pasado dos trabajos contradictorios sobre el vínculo entre los huracanes y el calentamiento global. Contó 79 artículos de prensa sobre un trabajo en la publicación Philosophical Transactions, de la Royal Society, y sólo tres artículos de prensa sobre otro en una publicación mucho más prestigiosa, Nature . Adivine cuál de los trabajos coincidía con la teoría -y la imagen de Katrina- presentada por la película de Al Gore, La verdad incómoda .

Por supuesto que fue el trabajo en la publicación más oscura, que sugiere que el calentamiento global está creando más huracanes. El trabajo en Nature concluyó que el calentamiento global tiene un efecto mínimo sobre los huracanes. Casualmente fue publicado en diciembre, en la misma semana en que Gore recibió el Premio Nobel de la Paz.

En su discurso de aceptación, Gore no se concentró en las complejidades del debate sobre los huracanes. Tampoco, en su síntesis del clima de 2007, mencionó lo calma que había sido la temporada de huracanes. En vez, aludió de un modo algo misterioso a las "tormentas más fuertes en el Atlántico y el Pacífico" y se concentró en otros tipos de desastres, como "sequías masivas" e "inundaciones masivas".

"En los últimos meses -dijo Gore- se ha vuelto cada vez más difícil malinterpretar las señales de que nuestro mundo está fuera de control". Pero en realidad fue demasiado modesto. Gracias a empresarios de la disponibilidad como él, malinterpretar el clima se está volviendo cada vez más fácil.

Por John Tierney

LA NACION y The New York Times

Traducción: Gabriel Zadunaisky

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