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¡Rían, los médicos aconsejan reír!

Marcos Aguinis

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LA NACION
Viernes 11 de enero de 2008
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Así escribió el genial Sholem Aleijem. Tenía razón. Pero no sólo debemos reír (o sonreír) porque lo prescriben buenos médicos, ni siquiera porque abunden razones lógicas. También conviene hacerlo cuando andamos preocupados o nos entristece la marcha del mundo. La risa es un ejercicio benefector y desintoxicante.

Nos encontramos, por ejemplo, frente a la contradicción entre los diversos significados positivos del número 8 y los acontecimientos horribles que han maculado el comienzo de este año, cuyo número clave es 8.

El incansable correo electrónico me ha informado que el ocho, en chino, se parece fonéticamente a “prosperidad y fortuna”. En hebreo deriva de una raíz que expresa la superabundancia. En la Edad Media ese número se refería a los influjos planetarios. En la antigua Grecia remitía a la serpiente enrollada, al caduceo del exitoso Mercurio, similar al emblema que usaba Esculapio, dios de la medicina. En el tarot remite a la justicia y en varias tradiciones judeocristianas propugna la regeneración.

En consecuencia, el número ocho anticiparía un año espléndido para quienes son supersticiosos o creen en el vigor de los signos.

Yo no soy supersticioso ni creo en los signos mágicos, pero me divierten sus rocambolescas aseveraciones. También deseo que el año 2008 sea benéfico para la humanidad. Pero resulta que empezó con hechos espantosos. Las impugnables elecciones en Kenya excitaron la criminalidad étnica, al extremo de quemar vivos a cincuenta niños y mujeres que buscaron refugio en una iglesia.

Kenya había conseguido transformarse en uno de los pocos países africanos más estables, pero estos conflictos –asegura la Cruz Roja– ya han producido centenares de muertos y casi cien mil desplazados, además de excerbar el siempre dañino odio.

Paquistán, donde fue decapitado el periodista Daniel Perl frente a las morbosas emisiones de Al Jazeera, donde se acumula un arsenal atómico que puede llegar a manos terroristas y se enseña en las madrazas a inmolarse, no es bien timoneado por el presidente Musharraf. Ha demostrado ser vacilante con los talibanes que infiltran el ejército y los servicios de inteligencia, además de mantener descuidada la frontera con Afganistán, región donde se esconde Ben Laden y su caterva de asesinos.

Para colmo, fue asesinada Benazir Bhutto, enérgica líder que no iba a temblar ante su obligación de acabar con los saboteadores de la paz y la democracia. Su muerte es una noticia que ha nublado el horizonte mundial.

El precio del petróleo llegó a los cien dólares por barril. Esto no le hace bien a la humanidad, ni siquiera a los pueblos bajo cuyo suelo se extienden lagos de riqueza negra. Es evidente que los países productores –con excepciones contadas con los dedos de una mano– sólo brindan opulencia a la corrupta clase opresora.

Con el petróleo negocian, extorsionan, sobornan y mantienen vigentes las plagas del terrorismo, la dictadura, la teocracia, la pobreza y no cesan de violar los derechos humanos (pese a que varios de estos países, sin asomo de rubor, son miembros de los organismos internacionales “defensores” de los derechos humanos).

Los atentados cometidos por suicidas prosiguen. Aún se los llama mártires o militantes, en vez de criminales a secas, o víctimas de fanatizados predicadores que les lavaron con destreza hipnótica cada una de las circunvoluciones cerebrales, hasta convencerlos de que una carga explosiva que llenará de sangre y trozos humanos las calles, es el ticket más rápido al paraíso. Esos conductores “espirituales” consiguen suprimir la lógica más elemental, al extremo de hacer creer que la destrucción de la obra más excelsa del Todopoderoso, que es el hombre, armoniza con sus mandamientos. Todavía los líderes religiosos del mundo no se han decidido a ensordecer con denuncias y sanciones claras tamaña blasfemia.

En la selva colombiana hubo que sufrir mucho antes de la liberación de gente secuestrada por la guerrilla más cruel, mentirosa y antigua del continente. Es muy decepcionante que el cineasta Oliver Stone haya calificado a sus miembros como un ejército “que lucha por una vida más decente”. ¿Es idiota este Stone? Las FARC mantienen en la interminable tortura del cautiverio a centenares de civiles inocentes, para usarlos como escudos y moneda de extorsión. No respetan ninguna convención internacional. Se aprovechan de la democracia y de la buena voluntad de naciones y dirigentes para burlarse de ellos. Ahora ya no son una guerrilla que quiere implantar el socialismo stalinista a la fuerza, sino un cartel de la droga.

Según un electrizante informe de El País (Madrid), reproducido en el suplemento Enfoques de este diario, maneja un tráfico monumental. Para colmo, las FARC son socias del gobierno de Chávez. “Transita por Venezuela el 30% de las 600 toneladas de cocaína que se mueven anualmente por el mundo”.

Semejante información quita el aire. Esta guerrilla feroz se hubiera ya extinguido si no fuese por la droga y porque el gobierno del leninista-narcisista Chávez (Oppenheimer dixit), le brinda armas, zonas liberadas, cuatro campamentos permanentes en territorio venezolano con lujosas fincas para los altos mandos, protección militar y un incesante transporte de su cocaína por tierra, aire y mar.

Según El País, casi toda la cocaína colombiana sale por Venezuela rumbo a escalas en el Caribe y Africa, para terminar luego en Europa. Hace cinco años Venezuela expulsó la DEA (Agencia Antidrogas de Estados Unidos) para tener las manos libres y acercarse a la espantosa calificación de “Estado-narco” (que tendremos de socio en el Mercosur y a quien se somete nuestro gobierno).

La expulsión de la DEA fue celebrada por las FARC y demás carteles tradicionales, desde luego, con las apolilladas consignas de siempre. Venezuela, además, provee de documentos falsos a muchos guerrilleros. La opulencia de algunos jefes de las FARC provocaron el asco y la deserción de muchos guerrilleros que creían jugarse por objetivos nobles.

El deseo de superar el estigma de haber sido derrotado en las urnas desencadenó en Chávez el show furiosamente promocionado de un rescate que antes de su resolución feliz estuvo signado por el tejido de engaños y perversión que se cuela en los negocios de los bandidos. Lástima que el papelón haya salpicado a nuestro país. Ahora las FARC pretenden lavar su pésima imagen asolando a sus compatriotas con una multiplicación de actos terroristas, que aplauden personajes sedientos de sangre –y libre acceso a la Casa Rosada– como Hebe de Bonafini y sus acólitos.

El 2 de enero se produjo la violenta erupción del volcán Llaima, a unos seiscientos kilómetros al sur de Santiago de Chile. Las nubes cargadas de ceniza volcánica causaron alarma también en las provincias argentinas de Río Negro y Neuquén.

Los informes de People in Need que me llegan desde Praga exigen ser leídos con un ansiolítico cerca. En cuatro continentes hay abusos, crímenes, negligencia, dictaduras de izquierda o derecha, conflictos irracionales, cultivo del odio, exceso de armas, aumento del consumo de drogas, malversación de los fondos internacionales de ayuda, persecución a la disidencia.

Nos enteramos al comenzar 2008 que cerca de un millar de periodistas fueron detenidos en el año que terminó, un millar y medio fueron agredidos y 2676 lugares de Internet se han mantenido cerrados o fueron suspendidos por obra de gobiernos autoritarios. En algunos lugares, los periodistas se encuentran en medio del fuego cruzado entre fuerzas armadas, organizaciones fundamentalistas y grupos criminales de diversa denominación.

Y bien.

Ante semejantes perspectivas –que esperan nuestra respuesta–, corresponde escuchar al lúcido Sholem Aleijem, como dije al principio. Reír, o al menos sonreír, para que nuestro espíritu se nutra de energía en la lucha tenaz por un mundo mejor.

La amargura, la depresión, el lamento, no producen resultados, porque ni siquiera dan fuerza. En cambio el humor –más pulido, más variado– reordena las emociones. Desdramatiza situaciones angustiantes: “Sean amables con sus hijos –escribió Groucho Marx–, ellos un día les elegirán el asilo donde morir”. Tampoco se escapan a las burlas del marxismo a lo Groucho el falso valor de gobernantes y jerarcas: “La jerarquía es como un estante, ¡a más altura, menos sirve!” o “Los jefes son como las nubes: cuando se van, el día se arregla”. Y vale su broma oportuna ante un plato de comida, antes de empuñar lo cubiertos con sonrisa nerviosa: “Todos los hongos son comestibles, sólo que algunos por una última vez”.

La risa y las sonrisa son los mejores instrumentos para quebrar el perjuicio y la opresión. Lo saben muy bien todos los dictadores. Lo saben muy bien todos los fundamentalismos. Lo saben muy bien todos los fanáticos. ¿Recuerdan que hace poco se reclamaba la ejecución de una dulce maestra inglesa en Sudán por haber cometido el pecado de autorizar a sus alumnos que le pusieran el nombre de Mahoma a un osito de peluche? Fue arrestada y tuvieron que apelar altos funcionarios para evitar su asesinato. La docente se llama Gillain Gibbons y fue llevada a Liverpool tras sufrir una semana tras las rejas, con multitudes que pedían su muerte porque no tenían el menor sentido del humor, ni siquiera el más tierno e infantil. En Gran Bretaña recibió flores de musulmanes moderados, ilustrados, que consideraron ridícula esa reacción primitiva.

Riamos y sonriamos, entonces. Estaremos mejor entrenados y dispuestos para combatir los crímenes, las injusticias, los abusos, las idioteces y los engaños con que empezó 2008, pese a que las cualidades irracionales del número ocho nos hacían esperar otra cosa.

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