Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Tokio, a pura sinfonía

Lunes 25 de mayo de 1998

TOKIO.- La Orquesta Sinfónica Nacional, que tocó aquí el viernes último, vuelve a hacerlo hoy, en la culminación de la etapa japonesa de la gira con la que celebran su 50º aniversario y los 100 años de relaciones bilaterales.

La función se llevará a cabo en el Orchard Hall con la inesperada pero obviamente muy bien recibida invitada: Martha Argerich, que tocará el concierto para piano en Sol de Ravel.

¿Japón es una plaza fuerte para la música clásica? La respuesta se puede encontrar en cualquiera de los diarios locales, revisando la agenda de conciertos.

Esta semana, la oferta incluye, además de las presentaciones de las buenas orquestas nacionales, las visitas de la London Symphony, dirigida por sir Colin Davis; de Birmingham, con Simon Rattle; de Pittsburgh, con Maris Jansson, o la Philharmonia, con la batuta de Esa-Pekka Salonen. Y en el medio de tantos "pesos pesados", también se encuentra la Orquesta Sinfónica Nacional, la primera agrupación argentina de este tipo en llegar aquí.

La orquesta inició su tour el sábado 16, en Takamatsu, una localidad ubicada en una isla frente a la ciudad de Osaka, y terminará el próximo jueves con un único concierto en Los Angeles. En total, habrán realizado ocho funciones en doce días.

En cuanto a Argerich, centro de la atención en el concierto previsto para nuestra fecha patria, tenía ya planificada su propia gira por Japón, con una serie de recitales de música de cámara junto al violinista Gidon Kremer y al chelista Mischa Maisky y conciertos con orquesta. Al enterarse de que la agrupación argentina estaría en Tokio para la misma fecha, sencillamente llamó a Pedro Ignacio Calderón y "se ofreció a tocar con nosotros", según explicó a La Nación el director de la Sinfónica con inocultable orgullo y satisfacción.

Mitos y realidades

A pesar del intenso trajín de la gira, el clima general que impera entre los integrantes de la orquesta es de tranquilidad y alegría.

Desde la prueba de fuego del debut, en Takamatsu, la orquesta se encontró con salas llenas y un "invariable entusiasmo del público", según el comentario de todos.

Contra lo que el mito hacía suponer, además de llenar los teatros, el público nipón se mostró verdaderamente agradecido. En las funciones concedieron casi siempre tres bises y en la de Osaka, los normalmente austeros nipones hasta se animaron a gritar "bravos" y a quedarse a la salida para pedir autógrafos.

¿Cuál es el secreto por el cual la Sinfónica logró hacerse un lugar en un medio acostumbrado a escuchar a las mejores orquestas del mundo? Según Calderón, "el comentario más o menos repetido es que los asistentes se emocionaron mucho, es decir, que la orquesta tocó con mucha calidez y energía.

Diciéndolo en términos comerciales, nosotros vendemos otra mercadería. Nuestra propuesta es diferente de la de las grandes orquestas de primer nivel mundial y eso les interesa y les llega".

Si es el carácter latino lo que atrae a los japoneses, las primeras partes de los programas son las llaves para comenzar la seducción.

La Obertura del "Fausto criollo" y las "Tres danzas" de la suite del ballet "La estancia", de Ginastera, antes de la presentación de Daniel Binelli con el concierto para bandoneón, de Piazzolla, y luego Eduardo Isaac con el "Aranjuez", de Rodrigo, o si no, "El sombrero de tres picos", de Manuel de Falla, componen la fórmula que refuerza ese carácter y levanta los primeros aplausos entusiastas.

En las segundas partes, la orquesta compite en el repertorio tradicional, con un menú que varía en cada función entre la Sinfonía Nº 9 de Dvorak, la "Fantástica" de Berlioz y el Bolero de Ravel, pero con versiones en las que pesa antes que nada lo pasional.

Para completar el buen panorama, además de la buena respuesta del público, la orquesta disfruta del plus que le otorga una infraestructura y organización locales que funcionan de maravillas. Todos agradecen que la única preocupación que deben tener es la de tocar.

Las funciones comienzan en forma puntualísima y bastante temprano (los días de semana, a las 19, y ayer, a las dos de la tarde).

Y hasta en teatros chicos, como el de la localidad de Atsugi, "tienen campana acústica y una calidad de sonido excelente", según la opinión generalizada.

El quinto concierto

La Nación presenció el concierto de anteanoche en Atsugi, ubicada a 70 minutos en ómnibus del centro de Tokio.

A las 18.30, según señalaba el reloj digital ubicado al costado del escenario de la sala Atsugi-Shi Bunka Haikan (que se apagó durante el concierto y se volvió a encender apenas terminado el último bis), ingresaron los músicos de la Sinfónica para dar comienzo al quinto concierto de la gira.

En una sala un tanto seca para la música sinfónica, la orquesta argentina mostró las mismas características que se pueden escuchar en Buenos Aires, pero con mucha más concentración y energía.

Después de una correcta versión de la Obertura del "Fausto criollo", entró a escena Binelli para interpretar el "Concierto para bandoneón", de Piazzolla.

Acompañado sólo por las cuerdas y un arpa, Binelli volvió a demostrar por qué es un intérprete de los que no abundan para interpretar a Piazzolla. Maneja a la perfección ese fraseo urgente y ansioso que tenía el bandoneonista marplatense, y sabe muy bien cómo realizar la ornamentación de cada pasaje.

Isaac, por su parte, mostró con el inevitable "Concierto de Aranjuez" su cuidadoso trabajo tímbrico y un fraseo suelto. Como lo hizo el año pasado, tocó con una leve amplificación, única solución posible para que el guitarrista se preocupe por hacer música y no por evitar que lo tape la orquesta.

En la segunda parte, la Sinfónica Nacional y Calderón entregaron una versión de la "Fantástica", de Berlioz, en la que primaron la potencia y la exuberancia más que el detalle.

Aunque es cierto que la "sequedad" de la sala (tenía poco tiempo de reverberación) no ayudó a lograr un buen empaste entre los instrumentos en los pasajes más camarísticos.

Aplausos y palmas

El público japonés habitualmente se expresa sólo a través de los aplausos. En Atsugi, la insistencia hizo que la orquesta ofreciera tres bises. Y al igual que muchas orquestas europeas y norteamericanas, las obras elegidas tuvieron mucho de esa "fiesta y color", que parecen funcionar en el mundo entero.

"From Carlos Gardel, "Mi Buenos Aires querido"", anunció Calderón que sería el primero de los bises.

Acto seguido, la orquesta interpretó una versión hollywoodense del tango que sonó "cuadrado" para un oído argentino.

Evidentemente, los presentes no opinaron lo mismo, porque pidieron más. Así, los bises siguieron los carriles tradicionales: una "Danza eslava", de Dvorak, y la "Marcha Rasevtsky", en la que Calderón logró lo impensable: que la platea nipona acompañara con palmas a la orquesta.

Con este respaldo, la Sinfónica llega a su estación más comprometida, pero con un programa que seguramente atraerá al público de Tokio.

La obertura de Ginastera, luego el doble concierto para bandoneón, guitarra y orquesta "De Lieja", de Piazzolla, y "El sombrero de tres picos", de Falla. Como coronación de lujo de la primera gira de la Sinfónica Nacional en Japón, el "Concierto para piano", con Martha Argerich, y el "Bolero", de Ravel.

Martín Liut (Enviado especial)

Apostillas

TOKIO (De un enviado especial).- La Sinfónica realizará en total 8 conciertos, 7 en Japón y 1 en Los Angeles, en 12 días. Participan 104 músicos, más dos solistas. En total, se transportaron 3870 kilos, solamente en instrumentos, que ocupan un espacio de 46 metros cúbicos.

* * *

El clima entre los músicos es tranquilo y animado. Ya superaron los efectos de las doce horas de diferencia que hay con respecto a la Argentina, pero no muchos lograron acostumbrarse a la comida japonesa, particularmente al famoso sushi (pescado crudo). Los más reacios a seguir investigando la cocina nipona ya localizaron restaurantes de comida italiana y hasta los infaltables McDonald´s.

* * *

Para poder llevar a cabo esta gira, la Sinfónica pudo por fin equiparse, con la compra de cajas especiales para transportar los instrumentos y los fracs (los famosos pingŸinos, como los llaman los músicos), que ahora alternarán con los smokings. Los artículos de indumentaria se compraron a través de donaciones de la Fundación Fortabat y la empresa Ericcson, y fondos de la Secretaría de Cultura.

* * *

La organización de una gira como ésta es compleja. Hay que movilizar a los músicos con sus respectivos instrumentos, y no fallarle a la obsesiva puntualidad japonesa. Entre tantas preocupaciones, los organizadores se olvidaron de que el concierto de hoy se lleva a cabo en una fecha patria. Por eso, desde Buenos Aires aprovecharon el viaje de los periodistas de La Nación y Clarín para les alcancen una buena provisión de escarapelas, para lucir en el concierto de esta noche. La gira está financiada entre la Secretaría de Cultura de la Nación y una empresa local de espectáculos, Sautillé Co. Ltd., que se encargó de todos los aspectos de la organización en Japón.

Te puede interesar