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Al Arabiya: una voz moderada en el mundo árabe

En una región atravesada por la violencia sectaria y por una visión radicalizada de la política a menudo alimentada por la prensa local, esta cadena de noticias con sede en Dubai ha liderado el camino hacia un periodismo más equilibrado, reflejo de una amplia variedad de puntos de vista. Sin embargo, no fue una tarea sencilla: el canal recibió duras críticas y acusaciones, y algunos de sus periodistas fueron amenazados de muerte

Domingo 13 de enero de 2008
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DUBAI .- Hace casi cuatro años que Abdul Rahman al-Rashed se propuso reparar la inclinación de la televisión árabe hacia una política radicalizada y hacia la violencia.

Nunca fue una tarea fácil. Pero como director de uno de los canales satelitales líderes de Medio Oriente piensa que ha obtenido resultados. "Se debe recordar que fue la televisión la que le dio celebridad a Ben Laden", comentó Rashed, un hombre afable y de voz suave, mientras se sentaba en su ultramoderna oficina de cristal y acero en Al Arabiya, la cadena de noticias con base en Dubai. "Eso le dio entidad a Al-Qaeda, y a su reclutamiento de militantes, y así es como la violencia se extendió a toda la región".

Rashed no acusa directamente a Al Jazeera, su principal competidora, de estos pesados pecados. Pero queda claro a quién tiene en mente. Después de todo, fue gracias a Al Jazeera que Rashed terminó presidiendo la casa central de cinco pisos de Al Arabiya en el complejo conocido como Media City, en Dubai, que da a un extenso lago artificial cercado por palmeras.

En el momento de empezar, en 2004, Al Jazeera todavía era injuriada y celebrada en el mundo por su deseo de mostrar los videos de Osama ben Laden y por una supuesta simpatía por los insurgentes iraquíes y sus sangrientas secuencias sobre las víctimas de la guerra de Irak. Rashed fue contratado para hacerse cargo de Al Jazeera y para darle otra dirección al periodismo de la región.

El era el hombre indicado para la tarea. Nacido en Arabia Saudita, vivió 17 años en Londres, donde se abrió camino en la combativa comunidad de medios de expatriados árabes hasta convertirse en el jefe de editores de Al Sharq Al Awsat, el prominente diario propiedad de sauditas.

También ganó reputación como apasionado crítico de la mentalidad jihadista. Pronto comenzó a trabajar en Al Arabiya y provocó enojo y gratitud en el mundo islámico al escribir, en una de sus columnas, que "no todos los musulmanes son terroristas, pero es igualmente cierto -y excepcionalmente doloroso- que la mayor parte de los terroristas son musulmanes".

Después de más de tres años, Al Jazeera es todavía la cadena árabe dominante. Pero Rashed afirma que ha ganado la batalla más importante porque Al Jazeera ya no es más lo que era. Las reglas han cambiado. En gran parte, asegura, eso se debe a que Al Arabiya guió el camino y reemplazó los términos viejos y pesados por otros más neutrales, ofreciendo a la vez variedad de opiniones, apuntando al equilibrio. Otros canales, incluso Al Jazeera, comenzaron a seguir las prácticas de Al Arabiya.

Rashed recorre una lista de cambios: los insurgentes en Irak ya no son llamados "Muqaawama", o resistencia; en cambio son los "Musulaheen", es decir, hombres armados. Los iraquíes muertos por los norteamericanos no son necesariamente "mártires". Hoy son sólo civiles muertos. "Hace tres años la mayoría de los canales, y se puede agregar los diarios y sitios de Internet, consideraban sólo un lado de la mayoría de los temas", señala. "Apoyaban mucho a la resistencia en Irak".

En cuanto a Al-Qaeda, la red de Ben Laden, "no era celebrada por los medios, pero sí aceptada y en gran medida defendida por ellos". Hoy, afirma, eso ya no es así. "Ahora Al Jazeera es una cadena muy moderada y razonable en lo que se refiere a los iraquíes", observa Rashed con un brillo irónico en sus ojos.

Existen otras razones para esos cambios, desde las atrocidades llevadas a cabo por los terroristas hasta la propia evolución interna de Al Jazeera. Pero algunos analistas de medios están de acuerdo en que Al Arabiya marcó una diferencia.

"Nuestro tema siempre fue: demos una chance a la comprensión de otros puntos de vista", dijo el director de la cadena. "Creo que hoy hay una sensación en los medios árabes de que deberían mostrarse los puntos de vista de ambos lados y eso es una gran victoria".

Críticas y amenazas

Con ese espíritu el canal ha realizado un esfuerzo consciente para destacar el costo humano del terrorismo y la violencia política. Uno de los temas habituales de Al Arabiya es "Sina at al Mowt", es decir, "la industria de la muerte", que se centra en el terrorismo. Su reportera de cámara, Reema Salha, ha recibido amenazas de muerte de jihadistas que sienten que ella los ha calumniado.

Rashed reconoce que en un comienzo enfrentó resistencias. Algunos periodistas consideraron su actitud como de abandono de las lealtades árabes a pesar de que sólo unos pocos se alejaron como protesta.

Al mismo tiempo, críticos externos atacaron a Al Arabiya por considerarla un instrumento norteamericano. Algunos la llamaban, burlonamente, "Al Hebraica", es decir "Los hebreos", y la acusaron de ser aún más favorable a los intereses norteamericanos que la cadena Al Hurra, que es sostenida por EE.UU. y ampliamente rechazada por el mundo árabe, donde es considerada como una propaganda estadounidense.

La campaña contra la cadena "asustó mucho a mis superiores", aseguró Rashed.

Las cosas son más fáciles ahora: Al Arabiya ganó un lugar propio en el mundo árabe, y el color celeste característico de sus emisiones, contraste consciente con el rojo brillante de Al Jazeera, es familiar en toda la región. Los informes muestran que Al Arabiya es líder en el mercado de Arabia Saudita y que en general le ha ido bien en el Golfo, a pesar de que es menos popular en Egipto, Jordania, Siria y los territorios palestinos.

La acusación más dura para rechazarla es su orientación saudita. La cadena pertenece a la Middle East Broadcasting Corporation, que se encuentra en Arabia Saudita y, en alguna medida, los gobernantes de ese país la ven como vehículo para sus propios designios. Ellos incluyen una disputa con los gobernantes de Qatar, que hasta hace poco permitían a Al Jazeera, que tiene base en Qatar, poner al aire fuertes críticas contra Arabia Saudita.

Rashed acepta que ha tenido que soportar presiones políticas, pero no quiere hablar de eso. El año pasado, Al Arabiya promovió una serie sobre el rey Abdullah de Arabia Saudita. El primer episodio aparentemente enojó a miembros de la familia real y el resto de la serie fue cancelada abruptamente. "Tuvimos un conflicto interno por el programa y esperamos poder mostrarlo en el futuro", se limita a señalar respecto de aquel incidente.

Pero otros miembros del equipo de Al Arabiya aseguran que el programa fue cancelado por órdenes directas de la familia real saudita.

Tener que manejar tales presiones ha tenido su precio. "O me despiden, o me iré", dijo Rashed. "Estoy quemado".

El nunca se casó. Cuando se le pregunta al respecto, se ríe e invoca a Yasser Arafat, que acostumbraba decir que estaba casado con la causa palestina. "Estoy casado con los medios", asegura. "Este es un trabajo de 24 horas por día, siete días a la semana. Literalmente no tengo vida propia". Viaja 20 días al mes y trabaja por lo menos 12 horas por día. No hay quejas: asegura que probablemente sea la persona "mejor paga" en todo el negocio de los medios árabes. Lo que más lamenta, confiesa, es que no ha preparado a más periodistas jóvenes. La BBC británica, que está por comenzar su canal televisivo en lengua árabe, ha contratado a 25 periodistas con experiencia de Al Arabiya, y no es fácil reemplazarlos.

Sin embargo, confía en que Al Arabiya mantendrá su actual rumbo sin él y que su lucha para inyectar moderación al discurso político árabe no ha sido en vano.

"No se trata de mí", afirma Rashed. "Se trata de una idea: no hay que intentar cambiar la política directamente. Sólo tratar de mejorar los medios. Y creo que el resultado será un mundo árabe mejor".

Por Robert F. Worth

Traducción: María Elena Rey

LA NACION y The New York Times

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