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"A la humanidad le espera un infierno"

El autor de La Virgen de los sicarios dice que el futuro es la devastación

Domingo 13 de enero de 2008
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Fernando Vallejo es un escritor tremendo. En el más amplio sentido de la palabra: digno de respeto, digno de ser temido, travieso y grande al mismo tiempo. Sus libros son ejemplos de una literatura sin fronteras entre la autobiografía y la ficción. Su última novela, La puta de Babilonia (Alfaguara), una crítica feroz a la Iglesia Católica, se nutre de una frondosa investigación histórica. Hay que decirlo: este escritor colombiano, nacionalizado mexicano, dueño de una pluma feroz y un dulce sentido del humor, es un hombre muy culto.

Desde hace muchos años libra una batalla ininterrumpida en defensa de los animales. Y lo que este vegetariano sostiene, en abono de su postura, está lleno de cosas sensatas. Al hablar sobre su literatura con LA NACION, el escritor dijo: "Sólo hago la crónica de un desastre, desde las calles y los países que conozco. Pero a la humanidad le espera un infierno. Un infierno de planeta, desértico y sin agua, y atestado de gente. Esa paradoja es desesperante".

-Desde la perspectiva del lenguaje, ¿tiene algún escritor argentino preferido?

-Manucho Mujica Láinez me parece extraordinario por el manejo del idioma. Su prosa es la de mayor riqueza lexicográfica y sintáctica, después de Azorin y unos pocos más que han escrito un gran prosa en español. En Colombia, ese espacio lo ocupa German Arciniegas.

-¿Qué pasa con tantos escritores colombianos -usted, García Márquez y Mutis, por ejemplo- que viven fuera de su país?

-Sólo puedo contestar por mí. Yo he vivido mas de la mitad de mi vida en México, donde escribí todos mis libros. Mi razón es que soy uno de los cuatro millones que Colombia echó fuera y que nos hemos buscado una vida digna.

-¿Su prosa tan dura contra Colombia tiene que ver con el amor a su tierra?

-Ya no sé qué pensar. El término "amor" para un territorio lleno de todo tipo de gente es demasiado. Colombia es un país con gente muy buena y gente muy mala. Y hay una población ciega, necia y patriotera que piensa que la patria es una bandera, un himno y un equipo de fútbol; que se reproduce como animales, pero no respeta a los animales. Toda esa chusma a mí me produce compasión.

-Su voz narrativa es agresiva y dice cosas muy fuertes. Eso contrasta con la persona amigable que usted es, de hablar suave y sin palabrotas.

-Mis libros están llenos de palabras de amor. Por ejemplo, para mi abuela, que era de una gran bondad, o para mi perra Bruja, que me acompañó 14 años de mi vida. La puta de Babilonia (Alfaguara) está lleno de sentido del humor. Yo escribo como pienso que puedo tener un efecto más definitivo. Como vivo en un mundo hipócrita, de lo políticamente correcto, adopto la postura de hablar siempre con las palabras más precisas, con claridad, para evitar confusiones y para que no queden dudas sobre lo que sostengo.

-Su último libro es una feroz crítica contra la Iglesia y las religiones monoteístas. ¿Cómo hubiera sido el mundo sin ellas?

-Podemos formular miles de hipótesis. Pero me pregunto qué hubiera pasado con el crecimiento demográfico si la Iglesia tuviera otra postura. Mi crítica a la Iglesia y a las religiones monoteístas no es personal. Se vincula con mi defensa de los animales. No se pueden seguir degollando pollos, cerdos y vacas para alimentar a la humanidad, mientras la voz moral de la sociedad, que son las religiones monoteístas, no dicen nada al respecto. Soy un defensor de la vida. Pero no la que está por venir, sino la que está ahora en la Tierra.

-¿Quiénes son, a su juicio, los más desventurados de la Tierra?

-Más que las personas más pobres , los más desventurados son los millones de animales que hay en el mundo. Ha sido un proceso muy largo para que se me cayera la venda de los ojos y entendiera el dolor de los animales. Y que aprendiera que los animales son mis prójimos. Empecé a descubrirlo poco a poco, después de superar mi juventud desesperada. Allí comencé a experimentar la compasión por ellos.

-Juan Villoro le llama a usted "el cronista de la devastación". ¿Se siente así?

-Pues de ser así, más bien tendría que ser un profeta de la devastación, porque eso es lo que viene. Sólo hago la crónica de un desastre; desde las calles y los países que conozco. Pero a la humanidad le espera un infierno. Un infierno de planeta, desértico y sin agua, y atestado de gente. Esa paradoja es desesperante. Ahí se entenderá en toda su magnitud la frase de Sartre sobre que "el infierno son los demás".

-¿Qué condición noble de los animales le falta al ser humano?

-La inmensa mayoría de los animales son buenos. La mayoría de los seres humanos no son ni buenos ni malos; tratan de vivir como pueden, egoístamente o asociándose de acuerdo con sus intereses. Como excepción hay seres buenos. La mayoría de los animales son leales. No conocen la traición ni la mentira. El ser humano es una especie mentirosa: miente con palabras, con sermones, con discursos, con las matemáticas, con editoriales de periódicos; se hace el santo siendo un aprovechado. Todo eso no se ve en los animales, que son inocentes.

-¿Qué le devuelven sus lectores?

-No sé quiénes son. Sospecho que hay una mayoría de jóvenes. Me agradan, porque no se guían por conceptos simplistas como patria o partidos políticos. Tienen el alma más abierta y pueden entender.

Por Susana Reinoso De la Redacción de LA NACION

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