Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Con Cristina no hay que pelear

SEGUIR
LA NACION
Viernes 25 de enero de 2008

Otra vez el Gobierno mostró que no es negocio enfrentarlo y que ningún sector empresario ha podido salirse con la suya confrontando públicamente. Shell debió acatar la baja de precios impuesta por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, muy poco tiempo después de que la presidenta Cristina Kirchner defendiera públicamente lo hecho por el controvertido funcionario durante el mandato de su esposo.

El mercado de la energía no puede estar más distorsionado en la Argentina. Por ejemplo, los estacioneros independientes se quejaron de la competencia supuestamente perjudicial de las cadenas propias de Repsol YPF, Petrobras y Esso, que -dicen- los obligan a vender a precios menores que los que generan rentabilidad. Pero al mismo tiempo los que operan bajo la bandera de Shell se habrían quejado en los últimos días de su deseo de pasar a ser independientes o de otra marca para poder vender a valores más bajos. ¿Para perder dinero?

Si medió una amenaza de las autoridades de dejar a la petrolera holandesa sin su cadena de venta al público, es raro que el presidente de la filial local, Juan José Aranguren, no lo haya hecho público, pues probablemente sea el único empresario que, hasta ahora, se atrevió a criticar al gobierno de los Kirchner en público.

Como quiera que sea, los métodos de Moreno funcionaron una vez más y recibieron de Cristina un respaldo incontrastable. En el peor de los casos, sería la primera vez que para terminar una pulseada el secretario necesita de un respaldo público de la Presidencia.

Para los empresarios argentinos la inflación y la energía continúan en el tope de las preocupaciones. Descuentan que en invierno volverán las restricciones al abastecimiento de gas y los problemas con el suministro eléctrico. Y además miran con preocupación la evolución de los costos laborales, que marcará un fuerte indicador para la variación de los precios.

El impacto de la crisis norteamericana y los desplomes de las bolsas parecen una amenaza nueva, pero de menor magnitud que los dos problemas anteriores, que son preexistentes.

Sólo si se desplomaran los precios de las materias primas o fracasara dramáticamente la próxima cosecha de soja habría una situación de fuerte incertidumbre. Pero los pronósticos agrícolas no indican una alta probabilidad de una catástrofe, a pesar de que la sequía impedirá que haya un nuevo registro récord en la cosecha gruesa.

De cada tres dólares que la Argentina exporta uno proviene del complejo sojero (aceites, semillas, harinas y pellets) y de ese dólar el Estado se queda aproximadamente con el 30% por las retenciones. La "sojadependencia" existe y condiciona la balanza comercial y el resultado fiscal.

joviedo@lanacion.com.ar

Te puede interesar