Opinión
A diseñar un modelo de crecimiento potencial
Por Vladimir Werning
Para LA NACION
Los datos de actividad de Estados Unidos muestran una economía en recesión. A su vez, las últimas acciones de la Reserva Federal -recortando la tasa de interés-, del Tesoro -promoviendo un estímulo fiscal-, y de la Superintendencia de Seguros -coordinando un rescate de las compañías aseguradoras de bonos-muestran un vuelco al activismo económico. A futuro, Estados Unidos deberá dedicarse a lo importante: diagnosticar el origen de la crisis y corregir las fallas de regulación que facilitaron el descalabro.
Mientras tanto, predominarán los esfuerzos por resolver lo urgente: amortiguar las presiones recesivas. Keynes aprobaría.
En el corto plazo, el ajuste avanzará de la mano del sector doméstico (construcción y comercio minorista). La buena noticia es que el activismo económico coloca barreras de contención alrededor de ese centro: primero, la curva de tasas de interés se ha empinado, estimulando la rentabilidad del sector financiero, segundo, el dólar flotante se ha depreciado promoviendo la rentabilidad del sector exportador. Estos logros suelen sentar las bases de las recuperaciones económicas. El sector doméstico también recibirá un paliativo a través de la baja de impuestos.
Ahora bien, ¿qué reflexión merece esta coyuntura en torno a lo que verdaderamente nos importa: el porvenir de la Argentina? Instintivamente somos cortoplacistas: nos volcamos a discutir diversos cálculos sobre cuántos puntos de actividad nos puede costar la crisis. Y nos apuramos a buscar una anestesia: escuchamos que hoy nuestros superávits y el nivel de nuestras reservas "nos posicionan mejor que en los 90" frente a las turbulencias externas.
Hay una cuota de verdad en esta reflexión, pero también mucha miopía. Una década atrás, también destacábamos la "fortaleza" de nuestro sistema financiero y del bimonetarismo reinante que "nos posicionaba mejor que en los 80".
Relativizar la coyuntura internacional es el primer paso hacia una futura renuncia de nuestra soberanía en el manejo de las políticas públicas. Hoy esa coyuntura nos ofrece la oportunidad de analizar cómo estamos "posicionados" o, alternativamente, cómo podemos "trazar un camino" que nos provea de ventajas. Elijamos la segunda y planteemos las reflexiones pertinentes.
Primero: si nos sucediera algo como lo que hoy le sucede a Estados Unidos, ¿tendríamos la posibilidad de utilizar activamente nuestras políticas públicas de bajar las tasas de interés, bajar los impuestos, y proveer recursos a algún sector específico para amortiguar el ajuste como lo hace Estados Unidos?
Hoy la respuesta es no. Porque estamos usando las políticas para enfrentar las recesiones (tasas reales de interés negativísimas, tipo de cambio baratísimo, impulso fiscal violentísimo) para transitar con mayor vértigo una expansión económica. Keynes desaprobaría.
Segundo: si las consecuencias de esta crisis sobre nuestra economía terminan siendo limitadas, ¿es debido a nuestras virtudes o a defectos ajenos? Convengamos que desde el 2002 hasta 2006 los precios agrícolas sólo oscilaban cerca de su promedio histórico. En ese momento la coyuntura en nada ameritaba ser calificada, como estaba de moda, como proveedora de "vientos de cola" para la Argentina. En ese momento crecíamos por virtud de las políticas económicas propias. Hoy los precios agrícolas se encuentran en niveles realmente excepcionales. La suba desde setiembre 2006 los coloca, ¡100% por encima del promedio histórico!
Tomemos nota también de que el ajuste americano es totalmente atípico en la medida en que no ha ejercido demasiada presión a la baja sobre los precios de las materias primas como suele producir. Es decir, estaríamos equivocándonos si consideramos nuestros superávits como una defensa contra las turbulencias en vez de lo que son: una consecuencia de la naturaleza totalmente atípica del ajuste que vive Estados Unidos. La crisis nos invita a reflexionar sobre varios temas. Una alternativa es examinar el diseño de nuestras políticas públicas. Si la abrazamos estaríamos dando un paso que no nos animamos a dar en los 90.
El activismo de Estados Unidos confirma que existe un "modelo de crecimiento potencial" en el cual el Estado provee un bien público valioso para empresas y trabajadores: la reducción de la volatilidad del ciclo económico. Ese modelo supera al "modelo de convertibilidad" -que ayer mataba inflaciones sin considerar el costo sobre la actividad- y también supera al "modelo productivo" que hoy mata recesiones sin considerar el costo inflacionario.
Podemos encarar una transición gradual hacia el "modelo de crecimiento potencial" mientras los precios agrícolas sigan altos.
Si no lo hacemos, transitaremos los tiempos difíciles con frustración por no poder ejercer "el aguante" que hoy despliega Estados Unidos y bronca de escuchar que el Fondo Monetario Internacional (FMI) nos diga que nos toca "el ajuste". .
El autor es economista y director ejecutivo del banco JPMorgan.