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Verano 2008

Villa Gesell, la playa de los jóvenes

Información general

Hoy los chicos reinan en este tradicional balneario, pero las autoridades quieren un nuevo perfil y atraer al público adulto

VILLA GESELL.- Una cinta de madera interminable que sube y baja y serpentea; una multitud de chicos que juegan en la arena; un faro al frente de un ejército de médanos solitarios; una avenida donde por las noches los jóvenes parecen brotar de la nada. Aquí, cada uno parece ver una ciudad diferente. Bienvenidos a Villa Gesell, un balneario que busca cambiar su identidad.

Durante muchos años, en efecto, esta ciudad de la costa atlántica bonaerense fue considerada una especie de paraíso adolescente, con festival veraniego de rock incluido. Pero las autoridades quieren cambiar eso. En Gesell hay ahora un poco menos de estruendo y un poco más de contemplación: se canceló el festival, se cerró la avenida costanera y casi todos los paradores de cemento fueron demolidos para ser reconstruidos en madera sobre pilotes y evitar así que las playas vayan desapareciendo. Una larga pasarela de madera permite ahora bordear las playas a pie y decidir en cuál instalarse.

"Queremos que nos visiten adolescentes, pero también queremos bajar el nivel de exaltación", sintetiza Jorge Portas, secretario de Turismo geselino. "Por eso ya no organizamos el Gesell Rock. Nosotros también vinimos acá muy jóvenes y con muy poca plata, pero estamos aflojando con el tema del rock pesado. Ahora ofrecemos espectáculos de folklore, tango, jazz, con un perfil más familiar."

El funcionario aclara que, en realidad, los muy jóvenes nunca fueron el grueso de los turistas que veranean aquí. "Los adolescentes son solamente el 10% de la cantidad de turistas que vienen a Villa Gesell; lo que pasa es que se notan más", argumenta Portas: "Cinco adolescentes son como cuarenta adultos".

Puede ser, pero por la noche Gesell sigue siendo virtualmente tomado por los adolescentes. Desde antes de la medianoche, la céntrica avenida 3 se convierte en un hervidero de cuerpos menudos que se encuentran, se apartan y se entrechocan continuamente, sorteando o abrazando el asedio de promotoras, vendedores de artesanías y espectáculos callejeros.

Abundan, claro, las sonrisas, y cierta tensión hormonal que se traduce en miradas erráticas, impresionadas. Se forman grupitos alrededor de algunos locales de ropa y los bares exudan onda teen. Muchos ofrecen el rock que ya no se encuentra en las playas o en la plaza céntrica. "Me copa mucho la onda de los pubs de acá", dice Lucas, de 17 años, de Venado Tuerto. "Todos traen bandas y está bueno. También me atraen mucho los espectáculos callejeros." Y, por supuesto, las chicas, agrega riendo.

Las chicas Tomemos, por ejemplo, a Giselle, de Wilde, 20 años. ¿Qué busca en este lugar? "Salir, caminar, divertirme", dice. Los boliches must : "Pueblo Límite y Dixit, en 106 y la 3. Está bueno porque es chico, siempre va la misma gente, entonces ahí todos se terminan conociendo y se hacen amigos." ¿Amigos-amigos o amigos con plus? En su caso, no. Tiene novio.

Si Dixit sirve para entablar contactos prolongados, Pueblo Límite es lo opuesto: este monumental complejo de pistas de baile y restobares recibe cada noche, en temporada, a cerca de 8000 jóvenes, atraídos por la música electrónica de moda. Hacia las cuatro de la madrugada se transforma en una odisea de cuerpos ondulantes: cada uno se concentra en sí mismo y se mueve a su propio ritmo, pegando los brazos al cuerpo o tirando puñetazos al aire, sacudiendo los hombros y las rodillas, levantando los pies o retorciendo la cintura. Los anteojos oscuros parecen ser un requisito en ese ambiente de luces siempre cambiantes.

Pero, como bien dice Portas, no todo es juventud en Villa Gesell. Mucha gente veranea aquí precisamente porque encuentra la tranquilidad que no le ofrecen otros balnearios atestados de adolescentes. "Para nosotros está muy bien", dice Néstor, un médico cordobés, que descansa en la playa bajo una sombrilla junto con su esposa, Claudia, de 38. "Podemos caminar, salir a comer, ir al cine o al teatro, y es más tranquilo que Mar del Plata: las playas no están abarrotadas."

Si se trata de comer, por ejemplo, las opciones son múltiples: se puede comer sushi en la hostería Tequendama (Av. 1 y paseo 109), fondue en El Viejo Hobbit (Av. 8 y paseo 11), mariscos en la tradicional cantina Arturito (paseo 126 y Av. 3) o comida mexicana en Pancho Villa (Av. 3 y paseo 125). .

Por Sebastián Lalaurette De la Redacción de LA NACION
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