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Una escala musical para la Sinfónica

Lunes 01 de junio de 1998

PASADENA, EE. UU..- Después de su exitosa serie de conciertos en Japón, la Orquesta Sinfónica Nacional culminó su gira internacional con una única presentación en los Estados Unidos. La agrupación dirigida por Pedro Ignacio Calderón tocó en el Auditorio Cívico de Pasadena, una localidad cercana a Los Angeles, California.

Esta función fue en verdad una especie de "yapa" en la que se aprovechó el obligado paso por Los Angeles en el retorno desde Tokio hacia Buenos Aires, y tuvo un sentido benéfico, ya que el dinero obtenido por las entradas vendidas fue destinado a los damnificados por la inundación del litoral argentino.

Y, como concierto aislado, tuvo que remar contra lo difícil que se hace atraer al público de Los Angeles, para que acuda a una función programada para un día hábil de semana.

Las enormes distancias que separan a este conglomerado de ciudades y la fuerte competencia que hay en materia de espectáculos hicieron que la inmensa sala de Pasadena (3000 personas) fuera difícil de llenar.

Por eso la noche del concierto fue más que nada un reencuentro de la comunidad argentina de la región (algunos viajaron desde San Diego, por ejemplo), más que con el público norteamericano.

Después de la prueba más dura

Por su parte, los músicos llegaron a este último concierto con tres días de descanso y cierta relajación por haber pasado la dura prueba que fue para ellos la maratón de conciertos en todo Japón, que había culminado con la memorable presentación en el Orchard Hall de Tokio y en la que participó como invitada de lujo Marta Argerich.

Todo este marco era interesante para evaluar cuál iba a ser la reacción de la Orquesta, que se encuentra festejando su 50º aniversario. Y también podía servir como indicador de cómo regresará a su tarea cotidiana, esto es, a su ciclo de conciertos en el Auditorio de Belgrano.

El programa fue más breve que los ofrecidos en Japón: "El sombrero de tres picos", de Manuel De Falla; el concierto para guitarra, de Lalo Schifrin y la Sinfonía Nº 9 "Del nuevo mundo", de Dvorak.

El único solista de la noche fue el guitarrista Eduardo Isaac, ya que el bandoneonista Daniel Binelli regresó a Buenos Aires, directamente desde Tokio.

Las cuerdas, lo mejor

En términos generales, lo mejor de la noche fueron las cuerdas, que sin duda están pasando por un buen momento gracias al fuerte recambio generacional que se produjo en todas sus filas.

Tanto en la obra de Falla y sobre todo en Dvorak, la sección sonó potente y ajustada. Se destacaron además los primeros atriles de cada una de ellas (violines, viola, chelo) en especial en el segundo movimiento de la Sinfonía de Dvorak, cuando ofrecieron una sutil interpretación del cuarteto que anticipa el final del movimiento lento.

Los instrumentos de vientos, en cambio, no tuvieron una noche feliz. El problema con ellos es que, al tener muchas partes como solistas, cualquier distracción se hace notar muy fácilmente. Hubo errores sólo atribuibles al cansancio de la gira o la distracción y, en otros casos, aparecieron problemas de afinación, que terminaron sacándole brillo a las versiones en clave exuberante por las que apostó Calderón, ayudado aquí por una sala con una buena acústica que potenciaba sobre todo a los graves.

En el caso del concierto de guitarra, Isaac volvió a lucirse como un intérprete sutil, más allá del poco peso específico de la obra de Schifrin, cargada de materiales en exceso y de muchos lugares comunes. También es cierto que el ensamble con la orquesta no estuvo ajustado y eso atentó contra la obra.

El balance

La sensación que dejó el concierto de Pasadena es que, al tratarse de una "yapa", no todos los músicos rindieron al máximo de sus posibilidades.

Esto es algo que deberá no perderse de vista en Buenos Aires, cuando haya que regresar al trabajo cotidiano y no excepcional de una gira.

Pero, por otra parte, esta gira permitió extraer una serie de consideraciones optimistas para el futuro de la Sinfónica y algunos puntos para tomar en cuenta si se quiere seguir mejorando.

Con la presión de tocar en un lugar tan competitivo como Japón, la orquesta levantó muchísimo su rendimiento y esto es lo que justifica de por sí cualquier gira internacional bien organizada, como ésta.

Lo importante luego será poder sostener en el regreso al país el nuevo piso de nivel logrado allí.

Pero la gira también sirvió para comprobar la importancia del trabajo que, a comienzos de este año, hicieron los instrumentistas de cuerdas con el violinista argentino León Sierre.

El trabajo intensivo con quien fue el concertino de la Filarmónica de Berlín se notó de un modo notable en el funcionamiento de la sección.

Se trata, sin duda, de una inversión que rinde frutos y de una experiencia que debería repetirse en todas las secciones.

Otra lección para tomar muy en cuenta para el futuro fue la que dio la presencia de Martha Argerich como solista. Tener a una intérprete de esa calidad como invitada hizo que la orquesta rindiera como nunca.

Y si bien es cierto que las estrellas del mundo de la música clásica son figuritas casi siempre costosas, el incentivo que significa para los instrumentistas de cualquier orquesta justifica la inversión, y no sólo en una gira.

Procesos de recambio

La importancia de la renovación generacional también está jugando un factor importante en el mejoramiento de la Sinfónica, no sólo por el buen nivel de los músicos que ingresaron en muchas secciones, sino también por la energía renovada que contagió a varios de los veteranos.

Esa es la clave de lo que debería ser un proceso natural de recambio en las orquestas argentinas y no la habitual forma espasmódica con la que suelen hacerse tales movimientos de renovación de cada staff. Se evitaría, así, que haya sectores "rengos" en su rendimiento.

Los violines y los clarinetes son dos buenos ejemplos de las secciones que mejoraron su nivel, ofreciendo un rendimiento parejo en virtud de esta mixtura generacional.

Tema pendiente

Hay un punto más que, no por viejo, es menos vigente. Todos los músicos agradecieron y disfrutaron poder tocar en salas de conciertos con acústicas excelentes.

La ciudad de Buenos Aires sigue teniendo en este punto una deuda pendiente desde hace muchas décadas.

La Sinfónica Nacional tiene por delante el desafío de sostener el nivel que mostraron en una situación de excepción, tal como es un viaje.

El próximo miércoles 10 ofrecerán el mismo programa escuchado aquí en Pasadena para el público porteño y allí se verá si lo consiguen.

Martín Liut (Enviado especial)

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