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Quiere el Gobierno que haya menos partidos políticos

Limitará a los candidatos sin sustento electoral; los docentes serán autoridades de mesa

Domingo 10 de febrero de 2008
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Después de las caóticas últimas elecciones presidenciales, algo quedó en claro en el Gobierno: es imprescindible impulsar una reforma política que tenga como eje el fortalecimiento del sistema de partidos políticos.

El propósito es evitar que la proliferación de agrupaciones partidarias sin sustento electoral y de candidaturas ignotas reediten los episodios de confusión y de caos que se vivieron en los comicios de octubre pasado, agravados por la ausencia de autoridades de mesa.

Este es, precisamente, el segundo tema por tener en cuenta entre los funcionarios y legisladores que comenzaron a trabajar en la reforma y, en principio, parece avanzar la propuesta de que sean los docentes los que se encarguen del control de las mesas y de la fiscalización de las urnas.

Las elecciones internas –¿abiertas o cerradas?–, el voto electrónico y las listas sábana también son, por estos días, objeto de estudio.

“Es probable que debamos buscarle una solución a la exageración de partidos que tenemos hoy. Cualquiera suma dos o tres firmas y arma un partido nacional. Esto tiene que modificarse. Tal vez haya que inscribirse en más de cinco distritos”, anticipó un funcionario de la primera línea del Gobierno.

Actualmente, un partido puede postular un candidato a presidente si se inscribe en al menos cinco distritos -cualquiera de las provincias y la Capital-. Sólo debe sumar firmas que representen el 4 por mil del padrón en esas jurisdicciones. En Tierra del Fuego, por ejemplo, alcanza con 340 firmas.

La idea de dificultar LA NACIONalización de los partidos impactaría también en los grupos llamados "personalistas", cuyas estructuras, sobre todo en el interior, resultan más pobres. Para el Gobierno, estos partidos, creados alrededor de una figura mediática, representan "casi un riesgo institucional", según la opinión de un ministro.

"Cuando se va el líder, el partido desaparece. No hay elecciones internas y todo es a dedo y por decisión del jefe partidario. No hay institucionalidad", explican en las usinas oficialistas que analizan el problema.

Otra posibilidad que se estudia es que se marque un piso de votos para que los partidos mantengan la personería jurídica. Si en determinada cantidad de elecciones consecutivas no lo alcanza, el partido perdería la personería. Este requisito existió hasta 2002, pero en junio de ese año el Congreso aprobó una ley que derogaba una cláusula que establecía la caducidad inmediata de aquellos partidos que no alcanzaran en dos elecciones consecutivas al menos el 2 por ciento de los votos sobre el padrón electoral.

Esta ley fue impulsada tras la crisis política, social y económica de 2001 para favorecer la aparición de nuevas agrupaciones partidarias. Efectivamente esto sucedió, pero la multiplicación de partidos sin sustento electoral fragmentó aún más el sistema, con las consecuencias a la vista.

Problemas y soluciones

El Ministerio del Interior, a cargo de Florencio Randazzo, es el encargado de evaluar las problemáticas del sistema político y plantear las soluciones posibles. En la discusión también participa el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. La Presidenta sigue cada detalle y Néstor Kirchner está al tanto de todo. Al proyecto de reforma, aclararon en la Casa Rosada, le faltan definiciones, aunque están planteados los temas de estudio y ya comenzaron a evaluarse las soluciones.

El cambio, en principio, vendría más por el lado de los partidos políticos que por la ley electoral. En este punto, se evalúa como un problema el control de los comicios.

El papelón que resultaron las recurrentes ausencias de las autoridades de mesa, en octubre pasado, se corregiría con la sanción de una ley que otorgue a los docentes la responsabilidad fiscalizadora.

El control partidario, otro de los inconvenientes que marcaron las elecciones de 2007, no tendrá una solución a corto plazo, estiman. La resolución de este problema se dará en la medida en que se fortalezcan los partidos.

En el Gobierno suponen que la hasta aquí declamada modernización del PJ será imitada por el resto. También creen que la unidad peronista ayudará a terminar con la experiencia de las listas colectoras o de acople, ocurrencias probadas con éxito discutible en Buenos Aires y Tucumán. Centenas de listas es un problema, sugirieron.

En cambio, las fuentes consultadas admitieron que resulta improbable modificar el voto por lista sábana. "Imaginemos este escenario: una ciudad elige, al mismo tiempo, presidente, gobernador, diputados y senadores nacionales, diputados y senadores provinciales, intendente y concejales locales. Si en la última elección hubo 14 postulantes presidenciales, ¿cuántas boletas tenés que hacer por separado y cuánto espacio necesitás para poder diferenciar cada cargo? Es imposible. No entran en un aula", razonó un funcionario de la primera línea kirchnerista.

El voto en papel también parece destinado a seguir, a pesar de los reclamos por transparencia y la mudanza a la urna electrónica. La experiencia de voto electrónico en las elecciones comunales de Ushuaia, en 2003, no alcanzó para convencer al poder. El sistema resulta de muy compleja puesta en práctica en un esquema como el que refirió el mismo ministro.

"Todo Tierra del Fuego tiene alrededor de 85.000 empadronados y pocos candidatos locales. Eso permite que haya un orden y un ritmo lógicos en la votación electrónica. En la provincia de Buenos Aires, en cambio, podríamos estar dos días seguido votando con un sistema así", explicaron.

También el sistema de elección de legisladores se mantendría intacto. Algunos pretenden dividir provincias en varias secciones para que los representantes sean más fácilmente identificables por sus votantes, pero todo indica que seguirá el sistema de distrito único. Hasta ahora, aquella vertiente parece en desventaja.

Las elecciones internas partidarias, finalmente, seguirían cerradas.

"La verdadera reforma política se probó en 2003, pero fracasó. Los comicios internos abiertos no funcionaron", opinó un ministro.

La reforma política, así, se sostendría más sobre la "refundación" del sistema de partidos políticos que sobre acciones electorales. Es el boceto sobre el que trabaja el Gobierno.

Por José Ignacio Lladós De la Redacción de LA NACION

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