0

De aquel trato preferencial a los avatares de la Argentina

Pablo confiesa los detalles de su recuperación en Indianápolis y los inconvenientes en el país
0
20 de febrero de 2008  

El accidente impresiona. Sólo basta meterse en las páginas de Internet de videos y buscar el terrible golpe en el circuito de Homestead, al sur de Miami, aquel 24 de marzo de 2007 para sorprenderse una y mil veces. El auto rojo de Pablo Perez Companc se rozó con el amarillo de Sean Guthrie, en la fecha inaugural de la Indy Pro Series, y al estrellarse contra el alambrado protector el coche se desintegró. Una nueva vida para el piloto que ahora, con 24 años, busca con entereza retar al destino.

–Pablo, ¿cómo te inclinaste hacia las pistas, teniendo a tus hermanos tan cerca del rally?

–Cada uno tomó su camino. Me encantan los autos de fórmula. Y siempre me gustó el automovilismo de óvalo. Hasta que finalmente pasó lo que pasó. Lamentablemente ya no hay más fórmula para mí, por el tema de las piernas, a las que tengo que cuidar como oro.

–También es llamativo que siendo argentino te hayas inclinado por el automovilismo norteamericano, cuando aquí hay un gran acercamiento al estilo europeo.

–En un futuro me gustaría volver a Estados Unidos y probar, cuando mis piernas estén bien, un Busch, un Arca, algo en óvalo. La sensación de ir en un óvalo a 300 km/h, pasar en una recta, meterse en una succión, estar dentro de un pelotón, es única. Mi sueño era correr en las 500 Millas de Indianápolis. Ya está, no se dio. No sé cuántos años me puede llevar regresar a una pista norteamericana. Mi hermano me mata cuando digo esto.

–Me imagino que no sólo tu hermano. Tus padres no son muy afectos a las carreras.

–Es cierto, pero ya lo tienen asumido. Es que desde afuera puede resultar aburrido el óvalo, pero vivirlo desde adentro es increíble. Y es una sensación única. Al menos de lo poco que me acuerdo. Durante la carrera estaba con temor, o mejor dicho con precauciones. Igual que en los ensayos, cuando girábamos en pelotón, me bajaba con tal sonrisa que se me desgarraba la cara de la felicidad que tenía.

–En esa carrera venías muy bien…

–Sí, estaba entre los cinco primeros. John Della Penna (argentino, dirigente y dueño de equipo en la serie Indy) me taladraba los oídos indicándome desde el pit que fuera tranquilo, que no cometiera locuras. Faltaba poco. Es que en la semana siguiente teníamos una carrera en un circuito callejero y debía cuidar el auto al máximo, porque no había tiempo de recuperación. Y pasó lo que pasó, mucha mala suerte. No recuerdo nada más. La imagen siguiente fueron las caras de mis hermanos, Jorge y Luis, diciéndome con señas que estaba todo bien.

–Me imagino que luego habrás visto las imágenes del accidente.

–Sí. Al mes, porque en las primeras semanas pensaba que sólo estaba quebrado. Hablaba con Della Penna y le preguntaba cuándo iba a tener el auto listo.

–El piloto, tras un accidente, lo primero que piensa es en competir nuevamente. ¿Por qué esa reacción?

–En mi caso, cuando me enteré de lo que pasaba realmente con mis piernas, no quería saber nada con las carreras. Pero a medida que transcurrían los días más me la pasaba mirando competencias por la tele y las ganas volvían. Luis también se pegó muchas veces y también quiso regresar.

Allí aparece la voz de Luis, el hermano mayor: “Es tal cual. Es una adrenalina que se lleva adentro. Por eso yo lo entiendo cuando dice que quiere volver. Acá en la Argentina di doce tumbos y desde el hospital preguntaba cuándo iba a estar listo el auto. Es que el día en que se siente miedo arriba del auto no hay que correr más. Nunca se piensa qué pasa si hay un despiste.

–Pablo, ¿cuál es tu lesión, concretamente?

–Se me volaron los tobillos, literalmente. Me los dejaron rígidos, porque se me volaron los peronés. Me reconstruyeron los tobillos para tener un 30 por ciento de movilidad sólo en el derecho. El izquierdo lo tengo inmóvil, con una prótesis de hierro. No puedo correr ni trotar. Me sacaron huesos de las caderas para reconstruir esas zonas. Tengo un mazacote así. También me hicieron reinjerto de piel. Me faltaban pedazos de carne. Todavía me duele y hago rehabilitación todos los días. Hace dos meses fui a Estados Unidos para que me dieran el OK para subirme a un auto de carrera. Por eso probé un GT 2000 en La Plata. Pero me quedó una arteria en cada pierna y un golpe puede ser grave. Realmente no sé qué pasará cuando corra en serio. Ya no me quedan repuestos...

–¿Te arrepentís de algo?

–En absoluto. Tuve la gran mala suerte de sufrir ese accidente. Y en la primera carrera. Lo más duro fue la silla de ruedas. Pero lo peor fue cuando llegué acá. En especial cuando transitaba por los lugares donde solía estar parado y debía trasladarme con la silla. En Estados Unidos la pasé bien porque tuve la contención de mi familia, de mis hermanos y de toda la gente de Indianápolis también. Indianápolis es un lugar muy especial, porque allá tratan a los pilotos accidentados como héroes de guerra. Hay habitaciones especiales para pilotos. Quedé con una gran relación con los médicos de allá. Mi recuperación fue muy veloz, ya que a los ocho meses ya estaba con muletas.

–Más allá de lo físico, ¿cómo se lleva adelante desde lo psicológico?

–El apoyo de la familia es fundamental. El entorno, los médicos, las enfermeras. Ellos venían a hablarme cuando no me podía dormir. La llevé muy bien en la rehabilitación. Lo más pesado fue cuando llegué a la Argentina. Allá está todo preparado para este tipo de problemas. Pero acá no encontraba rampas, accesos. Ahora pienso en escribir un libro para describir cómo se sobrelleva un problema así en nuestro medio.

–¿Alguna experiencia durante la internación?

–Cuando estuve internado venían a hablarme pilotos con problemas similares. Recuerdo que había un mexicano al que también se le habían volado las piernas. Y hablamos justamente de eso, de lo complicado que es regresar al lugar de uno. Y en la intimidad hay hechos que son insignificantes cuando estás sano, pero que bajo estas condiciones son los más importantes de tu vida... Si cuando me bañaba solo gritaba de alegría como si estuviera viendo el gol de Maradona contra los ingleses.

temas en esta nota

0 Comentarios Ver

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.