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La Cruz del Sur

Opinión

Por Jorge Argüello y Heraldo Muñoz
Para LA NACION

Los gobiernos de las repúblicas de la Argentina y de Chile están en vías de concretar un acuerdo histórico. Sus fuerzas armadas organizan una iniciativa conocida como Fuerza de Paz Combinada Cruz del Sur, un acuerdo político, militar y diplomático inédito, particularmente destacable entre dos naciones con una profusa historia de desencuentros. 

Chile y la Argentina comparten uno de los límites entre dos naciones más extensos del mundo, con más de cinco mil kilómetros de extensión.  Esa circunstancia y las particulares condiciones en las que ambos países forjaron sus estados naciones fueron generando escenarios propicios para los desencuentros, pese a que las dos repúblicas lucharon juntas por su independencia.   

La mutua percepción es uno de los factores clave para comprender cualquier relación bilateral. También la argentino-chilena. Así, a los encontronazos generados por incertidumbres fronterizas, diferentes tiempos políticos y modelos de desarrollo se les sumaron los desencuentros imaginarios, que resultan  más peligrosos que los reales. Una distorsionada imagen del otro, junto a la construcción histórica de una imagen propia saturada de inocencias hacía que lo propio pareciera estar pertinazmente amenazado por el siniestro vecino.   

Los expertos aportan los conceptos de "fronteras jurídicas, imaginarias y reales" buscando hacer inteligibles varios siglos de perspicacias, nacionalismos ramplones, estereotipos oficiales, prejuicios sociales y una instalada noción de expansionismo de uno y otro lado. Ello impidió una y otra vez que la frontera fuera puente y no barrera. Una división -Borges dixit- "cara a los cartógrafos", que dio paso a desatinadas teorías del vecino avasallante, a ambos lados de los Andes.

Cuando estos condicionantes culturales históricos se combinaron con malditas circunstancias, como la de estar gobernados por regímenes políticos autocráticos, sólo hizo falta que el dictador de turno vislumbrase el imaginario rédito político de instalar al vecino como enemigo. En diciembre de 1978, estos factores se combinaron como una fórmula fatal, un plan imperioso que desembocaría en el disparate, el horror y la guerra fratricida, evitada a última hora gracias a la intervención del Vaticano. 

Con la recuperación de la democracia y la lenta acumulación de sensatez a ambos lados de la cordillera, se fue generando un espacio propicio para concebir al otro como una oportunidad y no como un peligro. 

Al renacer político de la relación bilateral le siguió un fenómeno de fuerte integración económica, inversiones mutuas y complementación comercial que forjaron condiciones para la erradicación de la desconfianza, incluso en el plano más sensible de todos: el militar. 

Las medidas iniciales de mutua confianza, sólo formales y no tan fructíferas, se fueron combinando favorablemente con el cambio en el patrón de seguridad y defensa. El abandono de mutuas hipótesis de conflicto, la completa subordinación de las FF. AA. a los gobiernos democráticos, la solución de los problemas limítrofes pendientes y los giros pragmáticos en política exterior fueron elementos que condujeron a chilenos y argentinos a una nueva etapa de histórica complementación. 

En julio de 1998, Chile y la Argentina solicitaron a la Comisión Económica para América Latina (Cepal), de la ONU, un estudio técnico conducente a la adopción de una metodología estandarizada común para medir los gastos de defensa en ambos países. El informe de la Cepal fue entregado a los dos países en agosto de 2001 y los ministros de Relaciones Exteriores y Defensa lo aceptaron ese mismo año, lo que constituyó un ejemplo seguido por otros países de la región.

Treinta años después de una guerra inminente, los ejércitos de ambos lados de la cordillera se unen para ayudar al mundo, trabajar por la paz y dar lo mejor de sí mismos.  Los ministerios de Defensa de ambos países organizaron la Fuerza de Paz Combinada Cruz del Sur (FPC), una fuerza militar conjunta especialmente concebida para participar en operaciones de mantenimiento de la paz ordenadas por las Naciones Unidas. Esta será una fuerza de despliegue rápido, que estará constituida por alrededor de mil efectivos.

El nombre de la FPC es un feliz hallazgo: la Cruz del Sur es la más pequeña constelación de todas, pero la más necesaria para guiarse por estos mares, por estos cielos inmensos y también por las rugosidades de la Historia. 

En una iniciativa casi sin precedentes, Chile y la Argentina están formando una fuerza militar para ser empleada bajo el mandato de las Naciones Unidas (Consejo de Seguridad), ante una convocatoria oficial y sujeta a la aprobación política binacional. 

La FPC podrá prevenir escaladas de violencia, monitorear ceses de fuego, proporcionar áreas seguras y asegurar operaciones humanitarias en las zonas en que las Naciones Unidas así lo dispongan. 

Este hecho singular merecer ser destacado, porque los argentinos y los chilenos hemos evolucionado -como sociedades, como vecinos, como pueblos hermanos- del de-satino y la bravata temeraria a la labor sensata y feliz. No hay nada aquí de azar histórico ni de mágico reencuentro. Es el resultado de un cambio cultural estratégico y de un consecuente trabajo por la paz. Treinta años después del desacierto, hemos construido el arduo camino del encuentro, guiados por la Cruz del Sur.  .

Jorge Argüello y Heraldo Muñoz son, respectivamente, los embajadores de la Argentina y Chile ante las Naciones Unidas.
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