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Un hospital es blanco del conflicto étnico

El Mundo

DJAKOVICA (De un enviado especial).- Un grupo de hombres en trajes verdes a manchas se juntan para una fotografía. Parecen un equipo de rugby adentro de un submarino y, aunque veteranos, sonríen como jugadores de ligas juveniles. Están a días de volver a sus casas, pero alguno hasta lamenta marcharse, aunque no ha visto a su familia en meses. Finalmente, otro lo dice: "Gracias a Dios tuvimos esta oportunidad".

Tal vez el entusiasmo les viene por vivir en un mecano, como el de los niños, a escala gigante: el hospital reubicable de la Fuerza Aérea Argentina donde 64 oficiales y suboficiales atendieron, entre el 22 de octubre y el 15 de marzo últimos, a 8074 personas, en un 70 por ciento albaneses y serbios.

Su misión se amplió de una originaria atención por problemas derivados de las acciones militares a la actual recepción de la población civil. Desde mujeres que pisaron minas hasta niños con problemas derivados del parto -una patología extendida en Kosovo-, de dentaduras maltrechas a serbios atacados a balazos, o una mujer embarazada que sufría de hemorragias y no quería salir de su casa por miedo a los albaneses.

El hospital exhibe orgullosamente el éxito de haber tratado a una joven traumada por haber presenciado el asesinato de su novio, un combatiente del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK), y haber conseguido ayudarla hasta que recuperase la seguridad como para convertirse en una de las traductoras del lugar.

Mal emplazado en términos de seguridad (está sobre el costado de una ruta), como lamenta el mayor Alejandro Ratti, encargado de custodiarlo, pero a mano de los civiles que necesitan sus servicios, el hospital se convirtió rápidamente en la referencia para la ciudad de 80.000 habitantes y los alrededores.

La política de no discriminación -se atiende por igual a albaneses, serbios, rom (gitanos) y otras minorías- les ha valido disgustos. Los médicos han tenido que donar su propia sangre, porque los albaneses no la darían a un serbio, y, cuando en el hospital local se enteraron de que los argentinos habían atendido a un serbio herido de bala, dejaron súbitamente de lavar su ropa quirúrgica, por lo que hubo que recurrir a un lavadero. .

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