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Gigantes en extinción y en adopción

En Península Valdés, las ballenas francas buscan protectores

Lunes 03 de marzo de 2008
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En las aguas de Península Valdés domina el silencio, que de a ratos se corta con el ruido del viento patagónico y de las olas oceánicas. De repente, puede que un sutil movimiento rompa el escenario y traiga una sorpresa: lenta se levanta del agua una cola negra, enorme, extraordinaria, que se mueve suavemente. El movimiento es tan dulce y tan humano que resulta incomprensible para el que nunca asistió a este espectáculo de la naturaleza. La protagonista de este lugar, visitado por todo el mundo por su fauna marina, es la ballena franca, que está en extinción. Y en adopción .

Victoria, Docksider, Josephine, Mochita, Cassiopeia, Gabriela, Troff, Antonia y Espuma, la única albina del grupo, son sólo algunas de las 5000 ballenas francas del Atlántico Sur occidental, que están en adopción gracias al programa del Instituto de Conservación de ballenas (ICB). Esta organización argentina sin fines de lucro, junto a otras ONG como Greenpeace y Cethus, colaboran a nivel internacional para la conservación de estas ballenas.

Y la adopción de una de ellas implica mucho más que simple cariño: "Adoptar una ballena es importante para preservar el medio ambiente y monitorear la situación ambiental de nuestras aguas marinas", explica Diego Taboada, presidente de ICB, y agrega: "El análisis de la piel de la ballena sirve para descubrir el nivel de contaminación del mar, que implica la conservación de un hábitat marino entero".

Al adoptar una ballena, eligiéndola en el sitio Web de ICB ( www.icbargentina.com.ar ), se recibe (o se puede mandar por regalo también) un kit de adopción que incluye un certificado con el nombre del adoptante impreso, una credencial de pertenencia al programa, la foto de la ballena elegida, un registro de observaciones sobre el animal y varias informaciones acerca de las características de la ballena franca y su vida. Hay distintos niveles de adopción: adoptante, protector y benefactor, por lo que se paga entre 5 y 15 pesos por mes.

Canciones con rima y métrica

El ICB representa en la Argentina a la Whale Conservation Institute/Ocean Alliance (WCI/OA), organización fundada en Estados Unidos en 1971 por Roger Payne, experto en ballenas. Payne descubrió que se podía identificar cada ballena franca por las callosidades de su cabeza, lo que permitió el inicio del Programa ballena franca austral , que sigue las ballenas, una por una, durante sus vidas. El experto también descubrió que los misteriosos sonidos que producen las ballenas son, en realidad, canciones con rimas y métrica, y desarrolló una manera para transcribirlas que terminó en 1979 en un disco titulado Songs of the Humpback Whale ( Canciones de la ballena jorobada ).

Payne estará en Buenos Aires en mayo para dar una conferencia sobre la importancia de la conservación de la ballena franca en el nivel global.

También la Comisión Ballenera Internacional, creada en 1946 por los 77 países que firmaron la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas, se reunirá después de 30 años en junio, en Santiago, Chile. Ahí las ballenas tendrán una posibilidad para ser rescatadas una vez más de la extinción y la caza: el 3 de febrero último, informa Greenpeace, el barco japonés Nisshin Maru mató cinco ejemplares en la Antártida. Una semana después, el gobierno australiano presentó fotografías que prueban que la caza de ballenas es una práctica comercial que les provoca un gran sufrimiento y que su carne, que "no está recomendada en ninguna dieta particular", según cuenta Taboada, sigue presente en supermercados y restaurantes japoneses.

Les dicen gigantes , como en la última película de Alex Tossenberger, Gigantes de Valdés , que muestra cómo la industria del turismo puede proteger los recursos naturales. Y es también gigante el turismo que atraen estos mamíferos, que por ser tan mansos parecen adiestrados. "Más de 1.000.000 de turistas navegaron el año último por la península para conocerlas", cuenta Teresa María Kaminsky, dueña de una empresa de avistamiento de ballenas en Puerto Madryn que permite a los turistas acercarse, admirarlas, acariciarlas y encariñarse con ellas hasta el punto de adoptarlas.

"Entre el 15 de junio y el 15 de diciembre, los avistamientos de ballenas en Península Valdés, entre otros lugares, son una forma de preservación en cuanto producen turismo ballenero, negocio que supera al de la carne de ballenas", dice Taboada. Así, mejor que cazar ballenas, avistarlas y adoptarlas.

Ginevra Visconti

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