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El celibato obligatorio

Por Enrique Tomás Bianchi Para LA NACION

Lunes 03 de marzo de 2008
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Dos noticias ponen de nuevo sobre el tapete el tema del celibato obligatorio que la Iglesia Católica impone a sus sacerdotes. Robert Zollitsch, arzobispo de Fribourd-en-Brisgau y elegido en febrero a la cabeza del episcopado alemán, no perdió tiempo para ubicarse en la línea aperturista de su predecesor, el cardenal Lehmann. En una entrevista concedida a Der Spiegel , después de reconocer que el principio del celibato obligatorio "constituye un gran regalo para nuestra Iglesia", subrayó que estaba en contra de las "prohibiciones de pensar" y aseguró que "el vínculo entre el sacerdocio y el celibato no es un imperativo teológico". Subrayó, de todos modos, que el abandono del celibato sería "una revolución que una parte de la Iglesia no asumiría" y estimó que un cambio como ese no podría producirse sino con ocasión de un nuevo concilio.

Por otro lado, los sacerdotes brasileños se han dirigido oficialmente al papa Benedicto XVI para pedirle una revisión de la ley canónica que obliga a abrazar el celibato a quien desea convertirse en presbítero. La decisión aparece en el documento final del reciente 12° Encuentro Nacional de Sacerdotes, en San Pablo.

Según el diario español El País , piden, concretamente, que los obispos puedan ordenar a casados que consideren dignos del sacerdocio, y también que puedan ser reintegrados al ejercicio sacerdotal aquellos que lo habían abandonado para formar una familia. La petición será enviada a la Sagrada Congregación del Clero.

La disposición canónica (no dogmática) que impone el celibato sacerdotal para la Iglesia de Occidente tiene los justificativos que la jerarquía eclesial se empeña periódicamente en recordar. Podrían resumirse diciendo que aquél sería la garantía de una entrega total de los sacerdotes a su misión. Ellos son los "que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos" (Mt. 19, 12). El corazón del casado, en cambio, "está dividido" (I Corintios 7, 34).

Aun así, creo que puede haber otras causas que coadyuvan a que Roma se aferre a tal norma. Me refiero a que, dentro del cristianismo, hubo durante siglos una corriente que ha mirado al sexo -al placer sexual- con rechazo. Como muestra, vayan algunos ejemplos: 1- San Pablo: "Digo, pues, a los solteros y a las viudas: bueno es para ellos quedarse como yo. Pero, si no se contienen, que se casen; preferible es casarse que quemarse" ( I Corintios 7, 8-9). "Por el peligro de incontinencia [sic] que cada hombre tenga su mujer, y cada mujer tenga su propio marido", ( I Corintios 7, 2). En esa línea, el antiguo Código de Derecho Canónico ubicaba entre los fines del matrimonio el "remedio de la concupiscencia" (c. 1013). O sea, la oportunidad para un desahogo legítimo. Una suerte de fornicación permitida.

2- San Agustín: el placer aparece como castigo por el pecado de desobediencia (pecado original); "¿qué amigo de la sabiduría y de las alegrías santas, que viva en el estado matrimonial, no desearía más bien, si estuviera en su poder, engendrar los hijos sin tal placer?"; "la libido surgió sólo después del pecado" ( La ciudad de Dios 14,23; 14,16 y 14,21). Su lamento era, en el fondo, por qué la cópula carnal será con goce.

3- Santo Tomás de Aquino: el sacerdote jesuita Josef Fuchs ( Die Sexualethik des heiligen Thomas von Aquin , Colonia, 1949) enumera distintos términos que el Doctor Angelicus emplea para referirse a la relación sexual entre los cónyuges (sí, leyó bien, entre cónyuges): "impureza" ( immunditia ); "mancha" ( macula ); "repugnancia" ( foeditas ); "depravación" ( turpitudo ); "deshonra" ( ignominia ). Dice Fuchs, como disculpa, que el Aquinate "estaba en la cadena de una larga tradición" y que por ello no pudo sostener una doctrina "más libre".

4- El papa Inocencio XI declaró en 1679 que la cópula conyugal "sólo por placer" no estaba libre de pecado y ello motivó largas disquisiciones en los tiempos que siguieron, que trataron de diferenciar entre la cópula matrimonial por placer y la cópula matrimonial "sólo" por placer. Este fue un arduo debate de teólogos y juristas canónicos, lleno de sutilezas.

Se me podrá objetar que es difícil que hoy el magisterio o los teólogos se expresen en términos parecidos. Es probable. De todos modos, lo que quiero sostener es que el pensamiento está, muchas veces, alimentado por "napas subterráneas", que corren desde siglos y de las que ni son totalmente conscientes quienes lo formulan. Sería bueno estar atentos a ellas.

El autor es secretario letrado de la Corte Suprema de Justicia.

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