Mucha agua pasó debajo de los puentes desde que la bella Hypatia -matemática, física y astrónoma nacida en el 370 de nuestra era- trabajaba en la Biblioteca de Alejandría.
La primera científica de la historia pagó caro su dedicación al conocimiento: un día en que iba a trabajar, fue arrastrada y descuartizada por una turba de fanáticos. Pero diecisiete siglos más tarde sus descendientes son una presencia insoslayable en los laboratorios y en otros ámbitos de investigación.
Según el estudio Género e investigación científica en las universidades latinoamericanas, de una experta en el tema, como es la socióloga María Elina Estébanez, del Centro Redes, América latina es una de las regiones con más mujeres en ciencia y tecnología: representan un 41% del total de investigadores (diez puntos más de lo que ocurría hace una década), un 55% de los estudiantes universitarios y un 62% de los becarios de organizaciones sin fines de lucro.
En vísperas de un nuevo Día Internacional de la Mujer, Estébanez advierte, sin embargo, que todavía es temprano para festejar. Es que hay otros indicadores que llevan a moderar el optimismo: a pesar de su mejor rendimiento universitario y de que, en el momento de la graduación, en ocho de cada diez casos estudiados las mujeres superan en número a los hombres, sólo obtienen el 41% de las becas de posgrado en instituciones extranjeras, y el 38% de las de formación posdoctoral. Una muestra de la UBA sugiere que algo similar ocurre con los puestos docentes: aunque en 2004, eran el 52% de los 28.580 docentes, en los cargos de categoría superior su participación sólo alcanzaba al 40%.
"En los sistemas nacionales de ciencia y tecnología -escribe Estébanez-, las instancias de poder y de toma de decisiones siguen siendo aún hoy mayoritariamente ocupados por hombres."
¿Por qué, si las mujeres son más eficaces en el estudio, no obtienen el mismo éxito en la carrera académica? Se pueden ensayar muchas respuestas: familia, "techos de cristal", prejuicios... Pero no cabe duda de que, en el siglo XXI, ésta es otra de las paradojas injustificables de la condición femenina. .
ciencia@lanacion.com.ar