Que la batalla se haya generado en derredor de discusiones por supremacías "cibernéticas" ligadas a los fotologs, es curioso y marca un estilo de época.
Sin embargo, no significa una novedad en lo que hace a ciertos aspectos profundos de la idiosincrasia juvenil de ésta y todas las épocas.
En busca de un lugar en el mundo, y siguiendo un particular estilo épico dentro de una cultura, en ese sentido, bastante "pasteurizada", las causas que convocan a la batalla pueden variar; pueden ir desde el duelo barrial y futbolero de Belgrano contra Excursionistas, hasta el más rockero de Soda versus Redondos. O, en un plano más colegial, si se quiere, nerds versus "chetos", por poner algunos ejemplos de los muchos posibles.
La tónica del mundo fotolog, al menos la de muchos de sus miembros (no todos), pasa por la glorificación de la imagen y, a veces, una legitimación del egocentrismo a ultranza.
Es como si la vida, sin un poco de fama, no tuviese relieve. Es la propia imagen el único objeto que aparece en la pantalla.
Esto no impide que sea un lindo modo de crear lazos entre pares, algo que marca lo mejor de la adolescencia, no lo peor, sabiendo que es normal que la mirada del "otro" cobre mucha importancia, porque es tiempo de ubicarse en el mundo que existe más allá de las fronteras de la familia de origen.
Se sabe que nuestra época endiosa la mirada y, por otro lado, enseña que la pulseada es el único método de intercambio a la hora de dirimir diferencias.
En eso, sin duda, los jóvenes protagonistas de esta extraña batalla son el fiel reflejo de lo que como cultura estamos transitando.
Sería preocupante que no existieran los lazos establecidos en derredor de los "tótems" de pertenencia, cerca de los cuales los chicos y las chicas se refugian, mientras se preparan para el mundo adulto que se les viene.
Sería una pena que los jóvenes prescindieran de las aventuras vitales que surgen de conocer gente y marcar nuevas fronteras en su mundo.
Pero, claro, siempre que sea "en su medida y armoniosamente", y no a través del paradigma de la batalla como única manera de dirimir las diferencias y en derredor de tótems de dudosa calidad, que piden una entrega desmedida, sin ofrecer demasiado realmente a cambio.
El autor es licenciado en psicología y coordina el Programa de Salud Mental Barrial del hospital Pirovano.
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