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Georgina Barbarossa habla hasta por los codos

Verborrágica, divertida y amante de lo suyo, se refiere asu devoción por el público y por decir lo que siente en el teatro y la televisión

Domingo 09 de marzo de 2008
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"Tiene baja presión y dolor en las cervicales", alerta la secretaria de Georgina, antes de que aparezca. Pero cuando eso sucede, un estruendo de carcajadas invade la oscura sala del Maipo y el silencio se vuelve palabra. A pesar de su dolencia, la actriz, subida a unos altísimos tacos rojos, verbalizará cada recuerdo y cada proyecto; entre ellos, uno que acaba de hacer realidad: El mejor país del mundo , de Omar Varela.

"Te cuento todo", promete Barbarossa. "¿Estamos en 2009?", pregunta, en el momento de querer recordar la primera vez que se subió a un escenario. Es que la actriz y conductora vive el mañana, y así como vive, habla.

Tenía 26 años y la obra era De aquí no me voy, un musical de Pepe Cibrián. Era su debut, pero ella sintió que eso ya lo había vivido. "Eso de las vidas pasadas debe de ser verdad porque sentí que ya había estado allí", recuerda. Con ajustada malla marrón, sintió las mariposas en la panza por primera vez y fue la mujer más feliz del mundo. A pocos metros la observaba Zully Moreno, la diva del teléfono blanco, que iba a los ensayos y se sentaba en la última fila con anteojos negros para que no la reconocieran.

La energía que brota de su risa desatada la heredó de su padre. "Mi mamá era más tranquila. Papá disfrutaba de todo: desde viajar a Europa, cultivar tomates o ir al supermercado. Tengo la misma capacidad de asombro que él, y van pasando los años y pienso que estoy todavía más loca que el viejo", cuenta, mientras apura su café. "Discutía con él; le decía: «Papá, pará un poco». Cuando él tocaba el timbre, era un pa-pa-pa-pa hasta que llegabas a abrirle la puerta." Esa misma ansiedad la lleva en la sangre. "Yo soy igual, y sé que es muy molesto. Quiero todo ya. El, no: no existe. ¿Por qué no? ¿Estás enferma, se murió alguien? Cuando alguien me dice: «Mañana», le pregunto: «¿Por qué no lo hacemos hoy?»" Menos de una hora de charla será suficiente para que Barbarossa derrame su opinión acerca de todo o casi todo. La mediocridad de la televisión; los indios y españoles; peronistas y radicales; la magia del teatro; sus afectos y hasta la donación de órganos.

"Armen porque estamos atrasados", le ordena a quien llega para montar la escenografía para el ensayo y prosigue en su discurso, atenta a lo que quiere decir, pero con un ojo en el escenario, que la espera para convertirse en una "madre insoportable". Su papel en la obra costumbrista de Omar Varela es el de una mujer un tanto mediocre, pretenciosa, que atosiga a su hijo (Nicolás D Agostino) y sólo piensa en irse a vivir a los Estados Unidos; para ella, el paraíso. "Yo soy más cariñosa. Ella es seca, maniática, obsesiva y egoísta", describe, y enseguida se pone en personaje. Con el histrionismo que la caracteriza, habla y se contesta sola, como hace frente al público.

"Me gusta esta obra porque puedo hacer de todo. Paso por todos los matices, de lo cómico a la tragedia. El personaje de esta madre me presenta una paleta de colores que es un festival", sostiene la actriz, que se formó con Lito Cruz. El teatro, esa "ceremonia mágica", la hace soñar. "La gente se viste y se arregla para creer el cuentito que le vamos a contar. Eso me hace feliz", cuenta quien ha trabajado junto a Antonio Gasalla, Héctor Alterio, Norman Brisky y Oscar Martínez, entre otros.

Pero admite: "La televisión te hace popular". No se olvida de aquella vez, en Jujuy, donde una colla que caminaba por la calle con un chiquito colgado de su espalda le dijo que estaba muy feliz de que hubiese llegado hasta allí. "Eso es la tele", afirma. La conducción la hace sentir útil. "Podés pedir cosas como que donen sangre o ayuda para un colegio", cuenta la actriz, que confiesa que hablándole a la cámara hace catarsis. "Una vez dije al aire que no había podido dormir en toda la noche por los ronquidos del «Vasco». Fue llegar a casa y enfrentarme a mi marido y su pregunta: «¿Qué dijiste en la tele?»", recuerda Barbarossa, que tiene planes para volver a la pantalla chica. "La tele está violenta y conventillera. Si no hay chorro de sangre o vuela un ojo, no vende. Tenés que pelearte o mostrar algo de carne", opina la actriz, que en 2007 participó de "Cantando por un sueño".

En el momento del flash, la actriz que al principio pedía el teléfono de algún quiropráctico se sube a una silla, levanta las piernas y emite eléctricas carcajadas. Barbarossa tiene la teoría de que todos somos artistas, de que están los que se animan y los que no. Ella, sin duda, se anota en la fila de los primeros.

Para agendar

El mejor país del mundo, escrita y dirigida por Omar Varela.

Maipo Club, Esmeralda 443 (5236-3000). Miércoles, jueves, viernes y domingo, a las 20.30; sábados, a las 21. De 35 a 50 pesos

Victoria Pérez Zabala

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