Existe un lugar en el corazón de Buenos Aires donde el paraíso toma la forma del silencio. Entre azaleas y cerezos, se accede a él al atravesar, con cierta dificultad, el curvo Puente de Dios. Desde allí, un sendero conduce hacia otro puente, el De las Decisiones, que apenas sobresale del agua y conduce a la isla "de los remedios milagrosos". Espíritu y naturaleza se reconcilian armoniosamente en este único rincón porteño.
Se trata, claro, del Jardín Japonés. Fue inaugurado en 1967 con motivo de la visita del entonces príncipe heredero Akihito. Una década más tarde fue rediseñado por el paisajista Yasuo Inomata y en 1989 el jardín más grande de su tipo fuera de Japón pasó a ser mantenido por la Fundación Cultural Argentino Japonesa (FCAJ). Desde hace dos años, este jardín-espectáculo, como lo definió Borges en una conferencia sobre literatura japonesa, corre peligro. Con una presentación judicial, la Asociación Amigos del Lago de Palermo reclamó la devolución del predio a la comuna, argumentando que allí funcionan actividades de lucro no autorizadas.
El entonces director del parque Tres de Febrero, Javier García Elorrio, fue más allá y sostuvo que el permiso de uso del terreno carecía de valor e intimó a la FCAJ a que desalojara el lugar. El gobierno de Jorge Telerman, que cedió gratuitamente al Hipódromo el manejo de una playa de estacionamiento junto al Paseo de la Infanta, sólo apaciguó su ofensiva tras un encuentro del jefe de gobierno con el embajador del Japón. Entonces, dejó de exigir el desalojo, pero exhortó a las FCAJ a cesar sus "actividades comerciales" y a permitir el ingreso gratuito del público. Quienes mantienen el Jardín sostienen que tales actividades no buscan un lucro sino que son la única forma de mantenerlo. Entre ellas se encuentran el funcionamiento de un restaurante de comida japonesa, además de su famoso salón de té (parte ineludible de todo jardín japonés), y numerosas actividades culturales que incluyen desde cursos de origami, ikebana, técnicas de bonsai y meditación zen hasta charlas sobre manga.
El gobierno de Mauricio Macri no se ha expedido aún sobre el tema, pero en la ciudad existen tantas irregularidades graves (LA NACION informó este domingo sobre 286 concesiones vencidas y el pago de cánones irrisorios) que la embestida contra el Jardín Japonés parece un despropósito. Perjudicar las actividades que permiten el sustento de lo que es un orgullo para la ciudad no hará de Buenos Aires un lugar mejor.
En los jardines japoneses sobresale un rasgo de su cultura: los diversos caminos que tomados libremente representan la búsqueda del hombre de algo superior, de la perfección. Los funcionarios deberían reflexionar sobre esto cuando tomen una decisión sobre el tema. El Jardín Japonés es aún un lugar ideal para hacerlo. .
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