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Patrimonio cultural: el pensamiento de la fundadora de Sur

Rescatan poemas de Victoria Ocampo

Cultura

Son tres textos inéditos, escritos a los 16 años para exaltar a la soprano Krusceniski y al poeta Rostand

Tres poemas inéditos de Victoria Ocampo, escritos a los 16 años fruto de la admiración que sentía por la soprano ucraniana Salomea Krusceniski y el poeta y dramaturgo francés Edmond Rostand, así como de su exaltación espiritual, fueron rescatados por la Fundación Sur.

Las piezas -escritas a mano, en francés y en papel de seda- pertenecían al acervo de los herederos de María Mercedes Carranza, quien, junto con su hermana Matilde, fue muy amiga de la adolescente Ocampo. Cada texto lleva como firma el diminutivo "Victorita", y llegaron hace unos días a manos del presidente del Consejo de Administración de la Fundación Sur, Juan Javier Negri.

Las piezas se encontraban en perfecto estado de conservación. Estuvieron durante casi un siglo en un sobre identificado con la leyenda "Pour la Negra et Petite" (" Para la Negra y la Pequeña" ), apodos escritos de puño y letra por Victoria Ocampo, de cuya muerte se cumplirán 30 años en enero de 2009.

Negri precisó que, apenas la Fundación Sur concluya la negociación con el Proyecto Villa Ocampo, en manos de la Unesco, para unificar los archivos sobre Victoria Ocampo, "copias de estos poemas estarán en ese centro documental". La idea, explicó, es que el centro documental unificado del Proyecto Villa Ocampo y la Fundación Sur esté "al alcance de los investigadores en forma gratuita. La obra de Victoria no puede estar arancelada".

Reflexiones de Victoria

Cada uno de los poemas exhibe, señaló Negri a LA NACION, "la independencia de criterio, la libertad intelectual, la exploración de nuevas fronteras del arte y la cultura, el hilo conductor en la vida de Victoria".

La célebre fundadora de la revista Sur pudo conocer poco después en Europa a los protagonistas de su entusiasmo. Y pese a que, por su timidez, no se atrevió a dirigirles la palabra, por lo menos dejó expresado en los sonetos su deslumbramiento por Krusceniski y Rostand.

Victoria compartió, a los 16 años, lecciones de piano con las hermanas Carranza. Ninguna de ellas asistía a la escuela, pues eran educadas en el hogar. Negri sostiene que fue en esas restringidas ocasiones en que las amigas coincidieron en clases de piano cuando Victoria entregó los poemas a las hermanas Carranza.

Misteriosamente, ese testimonio escrito se salvó de las sucesivas "podas" que la propia Victoria Ocampo infligió a sus escritos y documentos, según confiesa en su Autobiografía . Su intercambio epistolar adolescente con Delfina Bunge fue casi el único acervo documental de su adolescencia que sobrevivió.

En el papel con membrete circular que registra las iniciales RVO (Ramona Victoria Ocampo), en el soneto dedicado a Krusceniski, la mecenas escribió en francés "que tu me plais, ô timbre étrange" ( "cuánto me gustas, timbre de voz extraño" ). Victoria escuchó a la soprano por primera vez en 1906, cuando Krusceniski protagonizó "La Wally", de Cilea, con la dirección de Toscanini, en el viejo Teatro de la Opera [aún no existía el Colón], según el relato de Negri.

Victoria pudo conocerla tres años después, una tarde en París. "No pude articular palabra en su presencia. Esto al parecer conmovió a la Walkiria de mis sueños", escribió, encendida, la adolescente Ocampo. La soprano le regaló una foto autografiada en francés.

En tanto, el poema "¡Blancheur!" ( ¡Blancura! ) no tiene un destinatario específico y recoge su anhelo profundo hacia "el infinito del ideal".

Para Negri, los poemas revelan que "Victoria, una escritora en francés, era capaz de expresar ideas y conceptos desde muy temprana edad". Y mostró, ya a los 16 años, una alta sensibilidad hacia las artes.

Más información. La opinión de Negri y una galería de imágenes.
www.adncultura.com.ar

A monsieur Edmond Rostand

El segundo soneto está dedicado "a monsieur Edmond Rostand", dramaturgo y poeta francés (1868-1918), autor de numerosos dramas y comedias, entre ellas Les Romanesques, de 1894, y Cyrano de Bergerac, de 1897. Hacia 1910, Rostand sería considerado el mayor dramaturgo francés.

Soneto

Me gusta, triste, soñar por la tarde, cuando tañe la hora,

Sea con el céfiro perfumado de la primavera

o de un invierno helado la brisa monótona

que de las campanas me trae un sonido claro y vibrante.

Me gusta imaginarme en una playa bretona

Con su arena de oro y el océano inmenso

Y la queja sin fin de las olas que resuena,

Esas olas de tono glauco y espaldas de espuma.

Amo esos días de verano donde el sol cálido brilla,

el pájaro vuela borracho de luz y gorjea,

las flores perfumadas lo embalsaman todo y el prado es tan verde!

Pero lo que llega más a mi alma sensitiva,

lo que la hace llorar y la cautiva

es escuchar, oh Rostand, cantar su alma en verso. .

Por Susana Reinoso De la Redacción de LA NACION
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