Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

Historietas | 1940-1950

Lo mejor del humor gráfico

ADN Cultura

El libro La Argentina que ríe (Fondo Nacional de las Artes) rinde homenaje a los dibujantes y las tiras que hicieron posible las "décadas de oro" del género en el país

Para LA NACION - BUENOS AIRES, 2008

Las décadas de 1940 y 1950 -todos lo dicen- fueron "de oro" para la historieta y el humor gráfico argentinos. Cuando nos propusimos hacer el libro que se ocupa de ellas debimos ir en busca de, al menos, dos porqués.

El primero se responde con nombres de autores, personajes y publicaciones. Se responde fácilmente, ya que son tantos y tan maravillosos. Están Eduardo Ferro, Oscar Blotta, Lino Palacio, Divito, Calé, Dante Quinterno, Luis J. Medrano, entre los más notorios. Pero no son los únicos. Porque esta suerte de crónica más homenaje incluyó el rescate de firmas relegadas o directamente olvidadas, como las de Arístides Rechain, Juan Ángel Cotta o Abel Ianiro. En total veintiocho, de los que se incluye una biografía y selección de su obra. Nos traen personajes tan entrañables como Patoruzú, Langostino, Fúlmine, Galerita, Don Fulgencio.

Como se sabe, el humor gráfico local tuvo un temprano desarrollo desde fines del siglo XIX con los relevantes caricaturistas de El Mosquito , Don Quijote y otras publicaciones. Luego, las revistas de interés general incluyeron secciones risueñas. En 1920 LA NACION decidió incorporar la tira diaria que se conoció como "Tifón y Sisebuta", creación del estadounidense George McManus. Así se inició un género que a la larga fue preponderante.

A partir de entonces, los diarios dieron cada vez mayor espacio al chiste, la tira y la historieta - Crítica fue uno de los principales- y se afianzaron revistas humorísticas que crecieron en circulación hasta cifras hoy envidiables.

Eso ocurrió antes de 1940; Patoruzú , de Dante Quinterno, comenzó a publicarse en 1936. Pero hacia ese año redondo su aceptación y periodicidad la habían instalado definitivamente y ya existían otras revistas que le competían. Además, en 1939 dejó de salir una publicación que resumió toda una época del periodismo argentino, con atisbos en la historieta y el humor político: Caras y Caretas . Fue, más que una despedida, el anuncio de que algo nuevo vendría.

Y lo que vino no fue solo un grupo de revistas que renovaron el humor. Indudablemente, con ellas se manifestaba una sociedad con hábitos e intereses nuevos y distintos. Sepamos, con ejemplos amigables, que el fútbol había dado su elocuente salto como espectáculo de masas con la construcción de los estadios de River Plate (1938) y Boca Juniors (1940) y que el tango llenaba bailes multitudinarios de la mano de Juan D Arienzo, Osvaldo Pugliese y Aníbal Troilo.

Hoy parece entenderse que esa sociedad optimista e ingenua se satisfacía solo con mirarse. Es verdad que también le gustaba el cine estadounidense, el italiano, el jazz y las historietas de detectives y superhéroes. Pero, sobre todo, se conformaba con productos culturales (revistas, películas, programas radiales, teatro) que eran como un espejo.

Claro que en ese espejo había distorsiones. La década de 1930 y las posteriores trajeron una mano negra a la que después nos acostumbramos: la censura o la amenaza de ella, que eclipsó la orgullosa tradición de la sátira política. La discontinuó, la hizo disfrazarse, la llevó a un segundo plano.

A cambio de ello, el costumbrismo se irguió como el estilo dominante. Y una pequeña sociología de los argentinos comenzó a ser delineada. Al extremo de que puede afirmarse que la mejor forma de conocer cabalmente esos años es con la lectura de las historietas y el humor. Al menos podría competir con los libros de historia, con la ventaja de no ser impugnada por ninguno de los bandos que leen de una forma u otra el pasado argentino.

"Buenos Aires en camiseta", de Calé, está entre las series que muestran cómo era la Argentina de los barrios rioplatenses. Las chicas de Divito, por su parte, nos refieren que la mujer iría a ocupar un lugar cada vez más autónomo en la vida mundana. ¿Fiaquini no es la mejor caracterización del haragán de la cuadra? ¿Avivato, Isidoro Cañones, Ventajita y Purapinta no son los chantas más chantas que supimos conseguir? ¿Acaso la doble personalidad del Doctor Merengue nos indica el precoz desembarco del psicoanálisis en la Argentina?

De esta manera se responde el segundo porqué de las líneas iniciales.

La irrupción de Perón, en 1945, inició una nueva etapa en la vida política del país. Es cosa bien sabida. Singularmente, el 17 de octubre de ese año no solo ocurrió el hecho fundacional del peronismo, sino que también apareció una nueva revista: Don Fulgencio , basada en un personaje de Lino Palacio. Colaboraban Rafael Martínez, Landrú, Vidal Dávila, entre los dibujantes; José Gobello, León Benarós, Roberto Tálice y Héctor Gagliardi, entre los periodistas. Palacio dibujaba su personaje Cicuta, que luego siguió su hijo Jorge (Faruk).

Pero un año antes había nacido otra revista que, como Patoruzú , signaría la época. Se trataba, justamente, de un "desprendimiento" de la de Quinterno: Rico Tipo , iniciativa de Divito. En ella colaborarían César Bruto, Chamico, Américo Barrios y los dibujantes Adolfo Mazzone, Pedro Seguí, Toño Gallo, Fantasio, Francho, Muñiz, Oski, Juan Cotta. El director desarrollaba sus personajes Bómbolo y Fúlmine, y Ianiro, Purapinta. Calé, por su lado, daba a conocer "Buenos Aires en camiseta".

Patoruzú y Rico Tipo lideraron, durante años, el mercado con cifras mayores a los trescientos mil ejemplares por tiradas cada siete días.

Ese mismo 1945, Quinterno lanzó la revista semanal de aventuras y humor para niños Patoruzito . A ella se llevó a "El gnomo Pimentón", de Oscar Blotta, y se dieron a conocer "Langostino", de Ferro y "Mangucho y Meneca", de Battaglia (y su derivación, "Don Pascual"). Parte de este equipo realizó, tres años antes, el cortometraje de animación en colores Upa en apuros , el primero efectuado en la Argentina. De visita en el país, Walt Disney fue sorprendido por esta iniciativa que conoció en una proyección privada.

Un año después, Medrano, habida cuenta del éxito de su tira "Grafodramas" en LA NACION, lanzó Popurrí , "semanario humorístico del viernes". Escribían Gómez de la Serna, Conrado Nalé Roxlo, Arturo Cancela, y dibujaban Fantasio, Camblor, Alfredo Medrano, Garaycochea.

Este detalle es solo la parte más visible -o más recordable- de lo que ocurría en el campo de las publicaciones. Habría que sumar a él otras tantas, así como lo publicado por los diarios o los personajes que replicaban en la radio y en el cine.

El salto a la pantalla grande ocurriría, justamente, en más de un caso. En 1949 se estrenó Fúlmine , basada en el personaje de Divito y protagonizada por Pepe Arias. En 1950, Don Fulgencio , de Lino Palacio, actuada por Enrique Serrano, y Piantadino , de Mazzone, con Pepe Iglesias, el Zorro.

La década del 50 parece, a primera vista, una continuidad de la anterior. Sin embargo, algunos datos indican ya el mar de fondo político que desembocaría en los hechos de 1955.

Cierto. En 1951 salió a la calle Pica Pica , vinculada al diario Democracia , afín al gobierno. En ella Calé dibujaba a Galerita (un típico antiperonista) y Jorge Palacio a Mordisquito, personaje también propagandístico que en radio componía Enrique Santos Discépolo. Un año antes, empresarios de la misma afinidad política relanzaron la extinguida PBT , en la que Flax se ocupaba de la política internacional, Medrano dibujaba el logrado Contreras (otro antiperonista), y también colaboraban Horacio Rega Molina (con el seudónimo Remo Algani), Wimpi, Ramón Gómez de la Serna.

Aunque en sordina, el humor político había regresado. Es verdad que no era fácil pararse en la vereda de enfrente. Bien lo supo José Antonio Ginzo, que firmaba Tristán sus caricaturas terribles contra Perón en el semanario socialista La Vanguardia , y por eso "fue a parar a la sombra", como se decía entonces.

Pero el humor político anterior no solo se había bajado del caballo por precaución. En rigor, la primera etapa peronista -es decir, la sociedad que ella expresaba con acuerdos y desacuerdos- pareció no necesitar de él. De hecho, las dos revistas que hicieron campaña para la Unión Democrática y para el peronismo - Cascabel y Descamisada , respectivamente- desaparecieron después de 1945.

Resulta curioso ver cómo el pelotón numeroso de creadores se desenvolvió en promociones sucesivas. Una parte surgió de la vocación pura y su única escuela fue la obsesión del dibujante cachorro, la copia y el hallazgo de un estilo a medida que se trabajaba. Esos fueron los casos de Ferro o de Medrano, y no puede decirse que se tratara de lápices rudimentarios o poco versátiles. Otros, en cambio, habían tenido estudios académicos y hasta alternaron la gráfica con la plástica: Blotta o Alcides Gubellini así lo hicieron. En algunos -Juan Ángel Cotta o Calé- son evidentes los efectos de las vanguardias artísticas, así como en Toño Gallo los de las tomas cinematográficas y la arquitectura moderna.

Pero todos se hicieron, en realidad, en la fragua del trabajo, con sus cuotas parejas de industria y creación. No pocas veces, distintos lápices se alternaron y suplieron en secciones y tipos. Blotta, por ejemplo, fue el iniciador de un personaje que luego hizo famoso Mazzone: Capicúa. Los personajes forjados por Quinterno tuvieron varias manos que los continuaron, entre ellas una que el creador consideraba su derecha: la de Tulio Lovato, hombre tan esencial como invisible.

Así también ocurrió que muchos optaran por más de un seudónimo o que lo compartieran. Se sabe que Lino Palacio firmó Flax sus chistes inspirados en la Segunda Guerra Mundial. El seudónimo René Foly, al pie de la sección "Ellos por Lucy" (otra muestra del nuevo papel social femenino), escondió al menos dos dibujantes: Rodolfo Claro y José Luis Salinas.

En lo que ya era una tradición, los dibujantes fueron, en buena medida, quienes abrieron sus propias fuentes de trabajo. Quinterno, Divito, Ramón Columba, Mazzone, Héctor L. Torino (creador de "El conventillo de Don Nicola") no solo editaron revistas sino que constituyeron a partir de ellas verdaderas empresas editoriales.

El volumen conseguido parecía el sueño del pibe hecho realidad. "Nuestras revistas de historietas -decía Columba, refiriéndose a las argentinas en general- editan ciento cincuenta millones de ejemplares por año. No hay país que nos supere en este renglón." (Las de Columba se orientaban a un rubro no menos importante y con creadores de talla internacional, como el de las historietas de aventuras.)

Pero a comienzos de la década del 60 fue evidente que estas empresas antes dinámicas e innovadoras habían entrado en un nuevo tiempo que las arrinconaba. Se suelen señalar dos causas: el precio competitivo de las "revistas mexicanas" (estadounidenses traducidas e impresas en México) y la televisión. No son argumentos caprichosos.

Tal vez la segunda fue la que más salió a morderles los talones a las revistas cuando hubo definido los formatos que la convirtieron en la topadora que es, con las telenovelas, los noticieros, los programas infantiles, los femeninos.

Porque es indudable que, hasta la llegada de la televisión, las revistas del rubro eran las únicas que podían ofrecer -fuera del cine, que no era de consumo diario- un mundo en movimiento. Aventuras en que el ojo veía correr, saltar, gritar y vivir mil peripecias divertidas o dramáticas a numerosos personajes. Y, no pocas veces, a color.

Además, a fines de 1950 ya existían indicios de cambios capitales en los gustos y el consumo culturales. Vamos a asegurarlo con ejemplos. En el rubro preciso, es evidente que la aparición exitosa, en 1957, de la revista Tía Vicenta indicaba el surgimiento de un nuevo tipo de humor. Lo llevarían adelante, además de Landrú, artistas como Quino, Kalondi o Copi, exponentes de una creatividad dirigida a un "nicho" con nuevos hábitos culturales. ¿No ocurría lo mismo en el tango, con la figura de Ástor Piazzolla, y en el cine con Leopoldo Torre Nilsson?

Como fuera, el tiempo de aquellos tiempos llegó, aunque se dilatara, a su fin. Sin embargo, volver la mirada a lo que fue vale la pena por varios motivos. Sobre todo, para saber que existió y tuvo una altura que en algunos casos hoy juzgamos como inalcanzable. Y así reconocer que tenemos en nosotros mismos modelos para ser mejores. .

Por Andrés Cascioli y Oche Califa
TEMAS DE HOYLa mafia de los medicamentosInseguridadCristina KirchnerElecciones 2015