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La radiografía contenida y reveladora de una familia

En Propiedad privada, asoma un promisorio realizador

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LA NACION
Jueves 20 de marzo de 2008
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Propiedad privada (Nue proprieté, Bélgica/2006, color; hablada en francés). Dirección: Joachim Lafosse. Con Isabelle Huppert, Jérémie Renier, Yannick Renier. Guión: Joachim Lafosse y François Pirot. Fotografía: Hichame Alkaouié. Edición: Sophie Vercruysse. Presentada en DVD por Alfa. 95 minutos. Sólo apta para mayores de 16 años. Nuestra opinión: muy buena

Siempre hay algo más que explorar en el infinito territorio de la institución familiar, y el belga Joachim Lafosse, de apenas 31 años, no sólo se interna en él con mirada a un mismo tiempo implacable y compasiva, sino también con la sutileza y la moderación de un espíritu maduro y con una convicción que autoriza a vislumbrar en su ficción la huella de experiencias vividas en carne propia.

Su film -contenido, lúcido, de notable equilibrio narrativo y colmado de imágenes de gran sugestión- sólo propone un caso particular, pero en la profundidad de su observación bien pueden percibirse ciertos rasgos comunes a la familia contemporánea. El estilo elegido por el realizador es casi siempre indirecto, sesgado; su poder expresivo proviene de las acciones y de las palabras, pero mucho más de la postura algo distante de una cámara cuyo ojo clínico rara vez se vale del plano próximo y en muchos casos prefiere la poderosa elocuencia del fuera de campo.

La siempre formidable Isabelle Huppert, puntal de este atractivo film
La siempre formidable Isabelle Huppert, puntal de este atractivo film.

Esa contención domina el film desde el principio, cuando una situación aparentemente banal -la madre se prueba ropa recién comprada y requiere la opinión de sus hijos- ya insinúa las diferencias entre los dos muchachos y las calladas tensiones que hay bajo la aparente placidez de la vida diaria. De a poco, escenas breves y precisas irán definiendo el cuadro: la mujer (Isabelle Huppert, formidable) se ha hecho cargo sola de la crianza de los hijos desde su divorcio; ellos, ya veinteañeros y ligados como suelen estarlo los mellizos, actúan como chicos, eluden responsabilidades y dedican más tiempo a la TV, el ping pong o la playstation que a sus muy breves obligaciones; el contacto con el padre -que ha formado otra familia y mantiene un trato limitado y ríspido con su ex mujer- apenas se manifiesta a través del dinero.

La influencia monetaria

Lafosse no aborda el tema explícitamente, pero está claro que el dinero rige -o por lo menos influye decisivamente- en las relaciones familiares. Cuando la madre, que se ha vinculado con un vecino y quiere independizarse, sugiere que para hacerlo está dispuesta a vender la casa, el conflicto se hace manifiesto y la tirantez crece, sobre todo por la resistencia de uno de los hijos, arrogante y violento (Jérémie Renier, el notable protagonista de El niño ). Tanta tensión deriva en la partida de la madre y en los repetidos pleitos entre hermanos, que concluyen con un incidente gravísimo. Habrá después del drama un tiempo para recoger los escombros y quizá para reconocer responsabilidades, culpas, egoísmos y debilidades.

La puesta elaborada y austera, un ritmo narrativo en constante crecimiento dramático y un montaje preciso son bien ilustrativos del talento de Lafosse. Una revelación que debe celebrarse.

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