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Adelanto de Zonal Norte

El pasado del rugby vive en San Isidro

Información general

Conserva casi el aura de un templo sagrado. Algo que se siente apenas aparece la camiseta de los Pumas manchada con sangre. "Cuando terminó el partido que perdimos contra Francia, en el Mundial de Gales 1999, le pregunté a Santiago Tati Phelan: Qué me podes dar. Enseguida abrió el bolso y sacó la camiseta. La llevé al hotel con la idea de lavarla, pero la dejé así, con la sangre del guerrero."

Horacio Pichot no oculta la emoción. Jugó en todas las categorías del CASI, lleva treinta años de árbitro, y desde hace 22 recolecta camisetas, fotos, botines, gorros y mucho más, que atesora en La Cueva, sede del Museo del Rugby del CASI.

Algunos de los primeros jugadores en sumarse al proyecto fueron Eliseo Chapa Branca, que donó más de quince camisetas, y Gabriel Travaglini, que llevó la pelota con la que el club ganó el campeonato de primera división de 1927, y los enormes y pesados botines de Adolfo, su abuelo.

"Esta es una de las figuritas más preciadas: la primera camiseta del combinado argentino, de 1922. Es blanca con una raya celeste, y dice River Plate Rugby Union. Tal vez sea la única que aún se conserva -cuenta Pichot-. La usaban los criollos en sus partidos contra los ingleses, que en su mayoría habían llegado al país para trabajar en los ferrocarriles."

La sala creció con el aporte de jugadores, entrenadores y socios, y es una gran puerta al recuerdo. Hay césped de Twickenham, traído en 1999 por una delegación del CASI; y camisetas de tres de los medio scrum más recordados de la Academia: Eduardo González del Solar, Adolfo Etchegaray y Andrés Nicholson.

También se exhibe la camiseta de los Barbarians, usada por su sobrino y capitán del seleccionado nacional, Agustín Pichot, y un par de botines. "El solía pintarles dientes blancos de tiburón en la base, y agregaba sus iniciales y el número de la camiseta, AP 9."

De brujas y descensos

El descenso del CASI a la segunda división, a comienzos de los años noventa, llevó a un grupo de socios a consultar a una vidente. La respuesta fue precisa: alguien le había hecho al club "un trabajito, un maleficio". Para salir del embrujo, dos socias debían robar un enano de un jardín del barrio.

El esperado día del regreso a la categoría superior, pocos años después, mientras todos festejaban, algunos jugadores, pala en mano, hacían un pozo en el ingoal. "Siguiendo las indicaciones de la vidente, lo desenterraron y le cortaron la cabeza. Y parece que tenía razón. Nunca más descendimos", cuenta sonriente Pichot. Desde entonces, ahí está el enano, en una vitrina, tan importante como cualquier otro trofeo.

Sin embargo, entre los más de 150 objetos del museo, que está en Roque Sáenz Peña 499, por el 4743-4242 se pueden coordinar visitas, Pichot destaca uno: la camiseta de Antonio Bilbao La Vieja, que dejó una huella profunda en las canchas como capitán del club en los años veinte. Todavía hoy, Horacio siente escalofríos al recordar el momento en que el hijo del jugador lo citó para contarle una historia familiar.

"Mi padre me pidió, en su lecho de muerte, ser enterrado con la camiseta del club, pero desobedecí pensando que algún día íbamos a tener un museo. Conviví con ese remordimiento enorme, pero usted me reivindicó, me dijo el señor, por entonces de unos 65 años, entre lágrimas y abrazos."

Con el tiempo, llegaría al museo el gorro de Bilbao La Vieja, enmarcado ahora junto con la vieja camiseta; la casaca del combinado de Natal, usada por Jorge Allen; la de los Wallabies, de David Campese; la del seleccionado de Islas Fiji, y la de Oxford Cambridge, recuerdo de su visita, en 1957. En otra vitrina se exhibe el saco que Alberto Camardón usó como entrenador de los Pumas en la histórica gira de 1965 por Sudáfrica, y corbatas de Eliseo Rival, que jugó en el club y fue presidente de la UAR. Todo forma parte de un patrimonio invalorable.

"Cuando me ofrecen una prenda sé que me están dando parte de su historia, de su juventud, y de sus compañeros, porque en esos colores están todos representados", dice Pichot, que se embarcó en este proyecto después de una gira por Nueva Zelanda con un equipo juvenil del CASI, en 1982, que integró como médico. En ese viaje visitó un museo del rugby que conserva varios objetos de la Argentina. "Ahí me dije: Tenemos que hacer algo."

Y lo hizo. Sin embargo, hace tres años sintió que había llegado el momento de dar un paso al costado: "Esto creció de tal forma que renuncié a la dirección del museo para que una subcomisión se encarga de su destino".

Claro que el gran mérito es de él, que con la paciencia de un relojero fue juntando pieza por pieza, como la pelota usada en Argentina-Gales (1976), que remite a recuerdos poco agradables, cuando a un minuto del final, con el tanteador empatado, un tackle alto de Alejandro Travaglini enmudeció al estadio de Cardiff. La conversión posterior determinó la derrota.

Sin embargo, ahora se espera que lleguen a las vitrinas objetos del último Mundial, que consagró a los Pumas en un histórico tercer puesto. Corolario del esfuerzo de muchas generaciones, a lo largo de una historia que seguirá escribiendo páginas de gloria.

Tres históricos

  • Gabriel Travaglini: "Los botines de mi abuelo, de los años veinte, tienen un valor afectivo importante, pero yo los tenía en un ropero. Es muy valioso que el club haya armado un museo de tal magnitud. Significa no olvidar los orígenes y transmitir a los chicos las historias que refuerzan las tradiciones de la institución".
  • Adolfo Etchegaray: "Yo entregué la camiseta N° 9 de los Pumas que usé ante los Juniors Sprinbooks, en 1965. Tenían el puma bordado a mano y pesaban una tonelada. Fue una gira histórica, marcó el inicio del seleccionado. También doné la del francés André Fouroux, un medio scrum increíble".
  • Eliseo Branca: "Llevé al museo más de 15 camisetas: de Inglaterra, de los Pumas y hasta la última que usé con los colores del CASI. Allí deben estar y no en un cajón de mi casa. Puse mucho esfuerzo, dentro y fuera de la cancha, pero le debo todo al club. Definitivamente no eran mías".

Lea la nota completa mañana en el suplemento Zonal Norte .

Julio Céliz
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