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Frases que movilizan el pensamiento y dejan enseñanzas

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LA NACION
Jueves 20 de marzo de 2008
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Hay mensajes que no pasan por alto. Si no, que lo digan La Volpe ("Si no salgo campeón, renuncio"), Troglio ("Ante Boca, es el tipo de partido que te sirve para hacerte hombre"), Passarella ("Si de acá a diciembre no ganamos nada, me voy") o De Tomaso ("No existe ninguna posibilidad de que Racing descienda"). Conceptos que generaron partidas anunciadas, reacciones en el plantel y hasta cierto dejo de soberbia con margen para la sospecha.

En las últimas horas, el carrusel no se detuvo. Con frases que dan para el análisis. Como la de Facundo Sava, hablando de este momento de Racing: "Ya no importa si nos pagan o no, sólo quiero seguir en primera". Hombre que ha cursado Psicología Social, Sava tuvo conflictos recientes, económicos y hasta de disentir elípticamente con los planteos tácticos del DT Miguel Micó. Es factible que haya entendido, razonado, que no son horas en la Academia para planteos irritables, sobre todo hacia la gente. Pero aún así, queda la sensación de ser un concepto con aires de demagogia. Es difícil imaginar un profesional que sienta fehacientemente que no le importa cobrar... salvo que tenga un amor auténtico por la camiseta. Como Sava.

Aparece en escena Roberto Ayala, un referente del seleccionado. Si uno repasa la historia de los centrales argentinos de los últimos 30 años, individualizará muy pocos nombres que dejaron su huella: Passarella, Ruggeri y Ayala. Amagó Simón, se frustró Villaverde; el resto, acompañó. Bueno, el Ratón, en medio de jugosas reflexiones, soltó una muy llamativa en la nota con LA NACION, acerca de su renuncia: "Ante un pedido de Diego, sí, realmente me plantearía volver. Un llamado de Diego me pondría en aprietos". ¿Un pedido de Maradona valdría más que el de Basile o de algún ex compañero? Si Ayala, a los 34 años, va a guiar sus determinaciones por pedidos de Maradona, tan variados como ciclotímicos, poco sustento de fondo parecería haber tenido su decisión primeriza. La convicción y los deseos propios son los que debieran guiar un cambio, una modificación.

Como corolario, las maravillosas sensaciones de Manu Ginóbili, escribiendo su columna exclusiva para LA NACION, a las 4 de la madrugada después de la derrota con Boston: "A veces veo compañeros o rivales muy relajados, tranquilos y sonrientes después de las derrotas y pienso: ¿por qué no puedo ser así?... Pero no hay caso, soy así y me molesta perder; debe estar en los genes". Una tremenda declaración de principios y un mensaje para aquellos que, ya consolidados económicamente y en un deporte donde no existen los barrabravas -que presionen-, pierden el apetito competitivo y las ansias de superación.

Cada frase puede tener diferentes lecturas. Y eso es lo lindo: que no pasen por alto, sino que movilicen el pensamiento y dejen enseñanzas

ccervino@lanacion.com.ar

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