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Arquitectura

 
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Miércoles 26 de marzo de 2008 | Publicado en edición impresa

Preservación

El patrimonio es vanguardia

Reciclada en su totalidad, la casa Fernández Blanco será un museo del siglo XXI

 
 
 

El Ministerio de Cultura del gobierno porteño avanza en los trabajos de recuperación de la que fue vivienda de Isaac Fernández Blanco, en Hipólito Yrigoyen 1418: tras décadas de deterioro, sólo falta su puesta a punto con la infraestructura que la convertirá en un museo del siglo XXI.

La casa nació, en el imaginario de su dueño, “con espíritu de museo abierto a la comunidad”, comenta la arquitecta Vivian Fernández, coordinadora general y directora de obra por la Dirección General de Casco Histórico.

Encargada a Alejandro Christophersen por Fernández Blanco en 1901, con el propósito de aggiornarla al gusto de la época, es el producto de la remodelación de una vivienda porteña con patios, de 1860. Lejos de seguir la moda de los palacetes en el Barrio Norte, Fernández Blanco prefirió la cercanía de la efervescencia de la actividad política y cultural de la Avenida de Mayo cuando se preparaba para las celebraciones del Centenario.

E insistió en mantener la construcción existente como base de la ampliación: la casa conserva su esquema de patios y tiene una planta alta edificada sobre la primitiva azotea con vigas de quebracho, bovedillas planas y baldosas con pendiente hacia el patio original.

Hoy se puede ver sectores de la casa recuperados y otros listos para la restauración científica –el de música volverá a mostrar sus estucados y dorado a la hoja–. Cabe destacar el trabajo de la Escuela Taller de Artes y Oficios del GCBA, que recuperó yeserías, carpinterías y pinturas de estarcido que habían prác- ticamente desaparecido bajo capas de revestimientos y el maltrato de cincuenta años de uso como oficina municipal. Toda la carpintería, de roble y atacada por xilófagos, estaba originalmente oscurecida con cera o goma laca, a la usanza de la época; hoy se trata con tintura al agua reversible.

“Aunque deteriorados, casi todos los elementos estaban en la casa, pero dispersos, a la manera de un rompecabezas –indica la arquitecta Fernández–. Los artefactos de luz se rescataron y en caso de piezas faltantes se fundieron sobre la base de los existentes. Cuando se encuentra un modelo para armar el conjunto que permita una lectura integral, se completa; lo mismo se hizo con los vitrales. La idea es dar una lectura de espacio.”

Un ascensor con cabina art nouveau, de cobre, una vez provisto de elementos de seguridad, transportará al visitante hasta el primer piso, área de los dormitorios, donde se podrá ver la biblioteca de Fernández Blanco –que ocupó la primitiva blanquería–, los baños con sus cerámicos originales, y los magníficos vitraux que invaden la casa en lucarnas, puertas y ventanales. La idea fue recuperar primero el núcleo de valor patrimonial, hoy recorrible.

La sala de interpretación –sobre el acceso– es la más neutra de todo el museo. Su origen está en la vivienda de 1860, y allí se descubrieron pinturas murales de la época debajo de la boiserie del novecientos, que no se repuso, dejándolas a la vista. Sobre el segundo patio –antigua conexión con la caballeriza, con salida por San José–, se ubicarán cafetería, plaza seca y áreas de apoyo.

El guión museográfico

En la recuperación, el proyecto acompañó al guión museográfico elaborado en la dirección del Museo de Arte Hispanoamericano, y que se estructura en tres ejes fundamentales, explica su curador, Patricio López Méndez.

El primero, la razón de la ubicación de la casa como ejemplo de la vida familiar en el barrio sur a fines del siglo XIX y principios del XX, se centra en la importancia de su entorno: eje cívico, subte, teatros, cafés, restaurantes, grandes hoteles.

El segundo está relacionado con el personaje: Fernández Blanco es un prototipo de su generación, que dedicó su fortuna a coleccionar obras de arte e instrumentos musicales, y a subvencionar a artistas. El tercero es el momento: aquel en que se sientan las bases de la Nación, y Fernández Blanco es parte de ese proyecto.

“Su aporte a la construcción de la Nación –indica López Méndez–; es que entendía que podía construir historia argentina mediante colecciones. Siempre pensó en su museo como histórico, y fue el primer museo privado de la Argentina.”

Platería, pintura, mobiliario, instrumentos musicales: la riqueza de la colección está en su variedad. Y a la original se suman otras, como la de muñecas, de las hermanas Castellano Fotheringham, que espera para mudarse a la casa, lo mismo que el 45 por ciento del patrimonio del museo, hoy guardado.

A la casa irá lo relativo a los siglos XIX y XX, mientras que en el Palacio Noel –actual sede del museo– se mantendrá lo relacionado con el período colonial, emparentado con su arquitectura. .

Por Marta García Falcó
Para LA NACION
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