Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Cuando la emoción está atravesada por el humor

Una obra de teatro danza absurda y pop en la trasnoche

Viernes 28 de marzo de 2008
0

Pathos (en busca de la emoción perdida). Idea y dirección de Rakhal Herrero. Intérpretes: Celia Argüello Rena, Agustina Menéndez, Ulrico Eguizábal y Rakhal Herrero. Coreógrafas invitadas: Cristina Gómez Comini y Silvina Grinberg. Canciones originales: Rakhal Herrero. En el Camarín de las Musas, Mario Bravo 960. Funciones: viernes de trasnoche, a la 1. Nuestra opinión: buena

Pathos es lo que se siente; un estado del alma, que puede ser tristeza, pasión, padecimiento o felicidad. Y Pathos , la obra de teatro danza (ya se preguntarán los intérpretes en escena, socarronamente y en un texto, por los alcances de este género híbrido), está plagada de emociones.

El joven bailarín, actor, coreógrafo y director cordobés Rakhal Herrero hace su primera incursión en la cartelera porteña con una pieza propia -el año último formó con Aymará Parola la tierna y excéntrica pareja de Patiecito, patiecito , trabajo que comparte cierto registro con éste que ahora lo convoca cada viernes, bien entrada la trasnoche, en una sala del Camarín de las Musas-. Un trabajo que acomoda su simpleza, su ingenuidad, sus guiños pop y su absurdo en una estructura precisa y dinámica, que se abraza al leit motiv "Do you like it? I think you like it".

Cuatro intérpretes sensibles, que actúan, bailan y cantan sus estados de ánimo
Cuatro intérpretes sensibles, que actúan, bailan y cantan sus estados de ánimo.

Así, del inicial cuadro de época (¿de qué época?) donde los cuatro intérpretes se enfrentan a la platea, mudos, casi quietos, pero sumamente expresivos, hasta la canción propia con la que Herrero, secundado por Menéndez, baja el imaginario telón, se suceden seis escenas debidamente tituladas (como "Ya llegó la primavera", "El tren de la alegría" y "Ay!!").

Cuando lloran y cuando se ríen, cuando se mueven -y con ellos en cada capítulo, también los objetos de una escenografía rodada- y cuando despliegan sus armas entre monólogos y coreografías grupales, cada uno atiende su juego. Y en esa rutina lúdica y afectiva logran mantener la atención del espectador, aunque la segunda mitad de la obra sea, en general, más atractiva y rítmica. Herrero se destaca desde el comienzo, con el despliegue de todas sus facetas artísticas, y el otro cordobés (Ulrico Eguizábal), el flaquísimo joven de los pantalones por arriba del ombligo y tiradores, se compra a la platea con sus historias de "el chico del otro lado de la barra" y un desopilante diálogo en inglés en el que buscará ponerse de acuerdo con Sally. Agustina Menéndez y la también mediterránea Celia Argüello Rena responden a personajes movilizados por emociones más contrastantes: tal vez por eso algunos de sus brotes pasionales aparezcan algo amplificados.

De la música clásica a un lento de Bryan Adams, de una canción de Seducidas y Abandonadas que sonó en las discos de los 90 a un track de Michael Jackson, la música tiene un rol fundamental en esta obra donde el humor es la fibra que atraviesa las diferentes formas de sentirse.

Constanza Bertolini

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas