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Desafían el frío con sus minifaldas las prostitutas de Flores

Información general

Miedo: los vecinos del tradicional barrio porteño temen denunciar públicamente las exhibiciones obscenas de quienes venden su cuerpo.

Por   | LA NACION

En busca de un cambio en la reglamentación que permite el negocio de la prostitución callejera, en Flores los vecinos salen de sus casas para quejarse de las prostitutas y los travestis, que cada vez son más.

"Con este nuevo código, la libertad la perdimos nosotros, los vecinos", disparó Margarita Burgos a quemarropa. Ella es un ama de casa de Flores que cada madrugada debe soportar lo que tantos otros vecinos: gritos e insultos invaden su hogar cuando cae la noche.

Y hay más. Como su casa está en la esquina de Terrada y Morón, tiene ubicación privilegiada para dos espectáculos por los que no pagaría entrada: las peleas entre travestis y las escenas de sexo al paso.

"Esta es una zona roja, y aunque las prostitutas y los travestis están todo el día, de noche se ven más", comentó Carlos Calderón, un quiosquero de 31 años.

Situado en la esquina de Bacacay y Bolivia, desde hace cuatro años, su mostrador es el muro de los lamentos para muchos vecinos de la zona. "Claro que ya no se quejan tanto. Y..., están acostumbrados", aseguró Calderón.

Prohibido para menores

"Acá la situación no es como en Palermo, porque hay más prostitutas que travestis", explicó Rafael, de 39 años, encargado de un garaje de la zona.

"A mí no me molestan, pero la verdad es que estas personas ni siquiera respetan el horario de salida de los chicos de la escuela", agregó Rafael.

Con él coincidió Margarita Burgos: "El otro día, la directora de la escuela que está en Bogotá y Terrada tuvo que pedirle a una prostituta que se alejara de la puerta del colegio".

Otros se sienten ajenos al problema. "Es verdad que están más libres, pero a los vecinos no los molestan. Y menos a mí, que ya tengo 74 años", esgrimió una defensa, con picardía, Raúl Barragán.

"Nosotros no queremos violencia, sino un diálogo inteligente con los legisladores -expresó Carlos Demarco, presidente de la Comisión de Vecinos de Flores-. No buscamos que se prohíba la prostitución, sino que se la reglamente."

Demarco destacó el peligro sanitario que encierra este negocio y sembró una duda: "Hay prostitutas de la República Dominicana y de varios países limítrofes. ¿Serán parte de una organización más grande que las defiende?".

"No hablamos en nombre de la moralina, sino de la inmoralidad. ¿Qué les decimos a nuestros hijos cuando nos preguntan? ¿Por qué debemos soportar estas cosas?", se preguntó Reinaldo Fernández, un comerciante que integra la comisión vecinal.

"En este barrio vivimos en paz católicos, árabes y judíos, pero esta nueva presencia masiva rompe todos los esquemas del barrio", se lamentó Demarco.

Atrincherada detrás de las rejas coloradas de su casa, Margarita Burgos fue clara: "Además de no poder reclamar por nuestros derechos, los vecinos ahora tenemos miedo".

En la vereda de su casa, como para refirmar sus palabras, dos mujeres sonreían a los automovilistas que pasaban, o sea, a sus posibles clientes. Y desafiaban el frío con sus diminutas minifaldas.

Los travestis amenazan en Palermo

Preocupación: los vecinos sienten temor ante intimidantes llamadas telefónicas; pese a ello, continúan con su reclamo.

Un nuevo ingrediente se sumó ayer a las ya habituales protestas de los vecinos de Palermo Viejo en rechazo de la oferta sexual en la vía pública: el temor por las amenazas que, dicen, los travestis les profieren.

Con bombos, platillos, pancartas y cacerolas, casi un centenar de personas marchó por Fray Justo Santa María de Oro y Paraguay hasta Honduras y, desde allí, por Godoy Cruz.

"Cada vez hay más travestis en esta zona. A las seis de la tarde comienzan a aparecer y se quedan hasta las siete de la mañana; a esa hora, los chicos van al colegio y ven ese espectáculo de hombres vestidos de mujer que están borrachos o drogados -explicó, indignada, Ana-. No podemos seguir así."

Ana, como la mayoría de sus vecinos, ya no quiere dar su apellido. Tampoco que fotografíen su casa. Es que, asegura, "están llamando por teléfono para ofrecer sus servicios y les dicen a los chicos que les digan a sus padres que si no paran con las quejas les van a hacer algo".

Abandono y "sexo decadente"

En Palermo, los vecinos están "calientes". Se sienten desprotegidos por los legisladores porteños, que aprobaron un Código de Contravenciones a partir del cual "el barrio se inundó de travestis", tal como explicó Juan Camerano, que ayer prometía por megáfono que no se iban a quedar de brazos cruzados.

En un intento por afincar su negocio, quienes ofrecen servicios sexuales se han instalado en un viejo camión, al que bautizaron "del sexo decadente", y que está estacionado en Guatemala y Darregueira. Así lo afirmaron durante la marcha.

Y para colmo, señalaron, se encuentra ubicado frente a una plazoleta donde juegan muchos chicos. "Queremos que se vayan de esta zona", dijo, harto de la situación, Javier Zaparabi.

Con el fin de evitar incidentes como los ocurridos la semana última cuando travestis apedrearon algunas casas de los vecinos, la marcha estuvo custodiada por personal de la comisaría 25a.

Entre cánticos y cacerolazos, y como todos los viernes desde que se aprobó el Código de Convivencia Urbana, en Palermo le dijeron sin medias tintas "no a la ciudad autónoma del santo travesti de Buenos Aires". .

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