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Política

 
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Sábado 29 de marzo de 2008 | Publicado en edición impresa

El día en que la Plaza tuvo turnos para todos

Marcharon, por separado, la izquierda y el kirchnerismo

Por Gabriel Sued  | LA NACION

 
 
 

Ulla, una joven turista danesa que visitaba la Plaza de Mayo, se acercó al primer grupo de militantes de izquierda que llegó marchando desde el Obelisco y en un defectuoso español le preguntó sobre el motivo de la protesta. Le explicaron que estaban en contra del Gobierno y de la "oligarquía rural" y que defendían a los pequeños productores del campo. Algo confundida, Ulla siguió su camino.

Si se hubiera quedado, su desconcierto no habría sido menor. Después de tres días consecutivos en que la Plaza se había convertido en un terreno en disputa, ayer hubo espacio para todos: grupos piqueteros opositores, grupos piqueteros oficialistas, militantes de partidos de izquierda y agrupaciones kirchneristas. Con pocas horas de diferencia, todos cantaron alrededor de la Pirámide de Mayo y, a decir por sus consignas, sintieron que la Plaza era suya. Eso sí, durante todo el día no se oyó ninguna cacerola.

La tensión ante el peligro de que las manifestaciones se cruzaran y se reeditaran los incidentes del martes y del miércoles estaba alimentada por la aparición en escena de un actor que, hasta ayer, había permanecido ausente en el conflicto entre el Gobierno y la dirigencia rural: Quebracho. Pero con el correr de las horas, la tensión dio paso a un clima tranquilo, y la Plaza terminó llena de música. Los primeros en llegar, con grandes banderas rojas y bengalas rojas, fueron unos 1000 militanes de partidos de izquierda, en su mayoría trotskistas, y de grupos de piqueteros "duros". Estaban, además de Quebracho, el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), el Partido Comunista Revolucionario, Convergencia Socialista, la Corriente Clasista y Combativa y el CUBA-MTR. Todos se habían juntado en el Obelisco.

Cordón humano

Entraron en la Plaza, a las 17.30, y, pocos minutos después, formaron un cordón humano, con jóvenes que portaban palos y tenían la cara cubierta, para impedir el ingreso de otros grupos. A la altura de la Pirámide de Mayo, leyeron un documento en "apoyo a la lucha de los pequeños productores, chacareros de menores recursos y trabajadores del campo", contra "las mentiras del Gobierno" y "contra la oligarquía terrateniente".

El fantasma de la inminente llegada de militantes kirchneristas crecía minuto a minuto. De pronto, hubo corridas y confusión en una de las esquinas de la Plaza. Pero enseguida se reveló que era una falsa alarma: un grupo de 20 rugbiers había intentado sin suerte atravesar el cordón formado minutos antes. Se fueron masticando insultos.

Antes de que la calma regresara del todo, los dirigentes dieron la orden de encolumnarse para abandonar la Plaza. Habían pasado menos de 40 minutos desde la llegada al lugar. "No vamos a abonar un enfrentamiento entre la militancia popular", dijo a LA NACION Fernando Esteche, jefe de Quebracho.

Su agrupación había protagonizado al mediodía un "escrache" frente a las oficinas del productor sojero Gustavo Grobocopatel, en la Bolsa de Cereales.

"Nos quieren engrupir con Gobierno vs. campo. La discusión real es patria vs. colonia. Compañeros, no se confundan más", pidió Roberto Perdía, ex montonero y líder de la Organización Libres del Pueblo (OLP). A esa misma hora, el piquetero opositor Raúl Castells marchaba por la avenida Rivadavia hacia el Congreso.

Sólo una hora después de que la izquierda finalizara la protesta, los grupos alineados con el Gobierno llegaron a la Plaza, por cuarto día consecutivo, en apoyo a la presidenta Cristina Kirchner. Según contaron a LA NACION dirigentes de ambos sectores, la diferencia horaria entre las dos marchas no fue casualidad. Ninguno tenía intenciones de chocar.

La manifestación kirchnerista, un festival de bandas de música poco conocidas, se extendió durante varias horas, en un clima de algarabía. Al cierre de esta edición, la tensión se concentraba del otro lado de los vallados policiales, dentro de la Casa de Gobierno, donde funcionarios y dirigentes rurales buscaban una salida al conflicto. .

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