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Alejandro Rozitchner: Vivir sin Dios

En su último libro, Hijos sin Dios , escrito junto con Ximena Ianantuoni, su esposa, Alejandro Rozitchner aborda la poco explorada problemática de criar hijos en un hogar de padres no creyentes. Ser ateo, señala en esta entrevista con LA NACION, no implica que la vida no tenga sentido ni se carezca de valores

Domingo 30 de marzo de 2008
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Alejandro Rozitchner entra en el bar y un mozo le pregunta: "¿Y? ¿Ya nació?" La sonrisa que se dibuja en la cara de Rozitchner borra el apuro con que se lo vio llegar. "Sí. Ayer", contesta este licenciado en filosofía de 47 años, autor de catorce libros y padre de Bruno, Andrés y, ahora, también de Félix. El mozo lo felicita con una palmada en la espalda.

Hijos sin Dios es su último libro, escrito junto con Ximena Ianantuoni, su esposa. "Quisimos abordar los problemas que surgen en la crianza cuando los padres son ateos", dice Rozitchner. "No porque surjan más que en la crianza religiosa, sino porque son problemas distintos acerca de los cuales todavía no se ha pensado demasiado."

Alejandro Rozitchner es uno de esos pocos pensadores que abandonaron el ámbito universitario y de las aulas, y se dedicaron a "buscarle la vuelta a la cosa". Es conocido por su estilo franco y, muchas veces, provocador. "Tuve una beca en el Conicet, pero me harté de todo lo académico", dice. "Entonces abandoné la beca y empecé a hacer cosas interesantes con el pensamiento." Esas cosas interesantes lo llevaron a dictar talleres, a trabajar como guionista para Antonio Gasalla, a colaborar en varios proyectos con Mario Pergolini, a escribir varios libros -entre ellos Ideas falsas , Malvinas, Amor y país , Argentina impotencia - y, por último, a sistematizar sus ideas acerca de lo que significa criar hijos sin religión.

"La perspectiva atea permite revalorizar la crianza", dice Rozitchner, "pero, al mismo tiempo, surgen algunos problemas". Los chicos que crecen en casas ateas les preguntan a sus padres: ¿nosotros qué somos, católicos, judíos, o qué? O cuando una amiguita toma la primera comunión quieren saber por qué ellas no pueden ponerse un vestido así y hacer una fiesta. "Mi mujer y yo estamos convencidos de que esas preguntas, legítimas, importantes, tienen una respuesta religiosa, pero también tienen una respuesta atea."

Ximena Ianantuoni es psicóloga, trabaja dando apoyo en tratamientos de fertilidad y haciendo consultoría en organización familiar. "Quise escribir el libro con ella porque para mí es una influencia muy fuerte en términos de pensamiento. Nuestro enganche pasa por lo sensual, como toda pareja, pero también por lo intelectual."

Rozitchner emana una vitalidad poco frecuente. A lo largo de la entrevista se ríe en varias ocasiones de su propia vehemencia y no deja de agradecer a cada una de los conocidos del barrio que interrumpen para preguntarle si el bebe ya nació.

-¿Qué significa, para vos ser ateo?

-Para empezar, ser ateo no quiere decir no creer en Dios. Un ateo no se define en relación con la religión, sino en función de su propia visión del mundo, que no requiere caer en un poder superior para encontrarle sentido a la vida. Para el ateo el sentido no viene dado por una realidad trascendente, sino que tiene sentido de por sí. La vida es avasallante, compleja, maravillosa e incomprensible. Para un ateo, que la vida no pueda comprenderse no quiere decir que haya que apelar a Dios. Hay que entender y aceptar que la vida no es un fenómeno para comprender, sino para experimentar, que es plena en sí misma y no va a dar a ninguna parte.

-¿Desde cuándo sos ateo?

-Desde siempre. Entiendo que haya gente que crea en Dios y que Dios existe como una idea inventada por el hombre, pero yo no fui educado en esa visión del mundo. No necesito la idea de un creador, una realidad trascendente que encierre los valores de todas las cosas.

-¿Nunca sentiste necesidad de creer?

-Para nada. La estructura de mi pensamiento no está basada en la fe. Las personas religiosas me dicen, "pero creerás en algo, aunque no sea en Dios". Pero yo no creo cosas: quiero cosas, sé que existo, y punto. Me gusta decir que en la frase "yo creo en Dios", la parte clave no es "dios", la parte clave es el "yo creo". Y es que los ateos no tenemos la estructura de la fe para encontrar el sentido de la vida. El sentido está en nuestra sensibilidad misma, en nuestro deseo, en nuestro cuerpo. Y no por eso somos inmorales o poco constructivos socialmente, tal vez justo lo contrario. Respeto a los creyentes, pero quisiera que se respetara de la misma manera a los ateos.

-¿Sin religión, qué postura ética se puede tener ante la vida? ¿En qué se asientan tus valores, si no los consideras trascendentes?

-Creo que el asiento verdadero de los valores es un pacto social: nos ponemos de acuerdo en qué nos parece bueno y qué malo, y hacemos leyes y normas de conducta basándonos en eso. Aun cuando muchas veces se aluda a los valores como si fueran algo trascendente, en realidad fueron fundados por personas que pensaron y sintieron cosas. Es un error pensar que para ser buena persona, o para tener valores, sea necesario creer en Dios. Si no crees en Dios tus valores se fundan en tu pensamiento, en tu deseo, en lo que vos sos, en lo que querés. Y entonces sos una persona mucho más real y verdadera.

-Sin religión, ¿cuál es el sentido de la existencia?

-La clave está en el deseo. La identidad no está dada ni por la historia, ni por el contexto. Está dada por lo que vos querés; eso es lo que te define. Yo soy mi deseo. Por supuesto que en ese deseo está presente mi historia, la historia del hombre, la de mi sociedad. Pero lo más valioso es el nivel de expresión que surge de la estela emotiva personal. La peculiar identidad de cada quien.

-Si alguno de tus hijos te pide tomar la Primera Comunión o hacer el Bar Mitzvá, ¿qué le vas a decir?

-Mi posición no es la de esos que dicen que hay que escuchar todas las campanas para después decidirse por una. Si fuera así, los dejaría probar cosas nocivas para que después decidieran si les hace bien o mal. Como padre, procuraré que no prueben aquello que sé que puede hacerles mal. Y como a mi juicio la religión es un sistema que debilita a las personas, trataré de que mis hijos no vayan por ese camino.

-¿Cuán importante es para vos ser ateo? ¿Podrías haberte enamorado de una mujer que practicara alguna religión?

-No es que yo tenga el dogma de decirme "no te relacionarás con gente religiosa". Tengo amigos católicos, tengo amigos judíos, y hasta tengo amigos peronistas. Para que veas lo abierto que soy. Quiero decir: está todo bien. No valoro a las personas porque sean ateas o no, pero cuando se arma una pareja es otra cosa. Ahí surgen acuerdos de sentido muy básicos que se dan de manera espontánea. Creo que el amor conlleva una visión del mundo similar y para mí era importante compartir esa visión.

- ¿Te parece que es mejor ser ateo que creyente?

-Sí, pero el libro no fue escrito con la idea de evangelizar ateamente a los creyentes. Cada uno tiene que sentir lo que siente, y eso se debe respetar. Lo que queríamos con el libro era abrir el espacio para que la experiencia del ateísmo fuera más libre entre los chicos y que ellos pudieran decir "soy ateo" y que eso fuera perfectamente asumido en la realidad escolar. El punto máximo sería lograr que la Constitución Nacional acepte que el presidente no tiene por qué tener ninguna religión. Me parece mal que el Estado argentino tenga una religión. Creo que es una falta de respeto para las personas. El Estado no tendría que tener religión.

-¿Cómo les explicás a tus hijos la muerte? ¿Adónde les dirías que van los seres queridos que se mueren?

-A ningún lado. Les diría que ese ser querido ya no está en ninguna parte, que si lo sentimos vivo es porque lo recordamos, porque en nuestro cuerpo persiste la emoción de amarlo y es difícil aceptar que ya no esté en ninguna parte. Les diría que las personas que han muerto dejan en nosotros su huella y mientras esa huella persista ellos no desaparecerán del todo.

-¿Qué ventajas tiene la crianza atea?

-Creo que hace a los niños más sensuales, más libres, más capaces de tomar decisiones y pensar por sí mismos. Una crianza atea significa mucho más que decirle no a Dios. Significa basarse en la experiencia de vivir como creadora de sentido, como suficiente en sí misma. Esto revaloriza la idea de crianza, la despoja de fantasmas. Una crianza atea es pura vitalidad.

-¿Te parece mal que otros eduquen a sus hijos en la religión?

-No, pero podríamos decir que criar hijos dentro de determinada religión es una especie de abuso, así como lo es hacerlo muy rápido socio de un club de fútbol. Es imponerles un modo de pensar aún antes de que ellos sean capaces de hacerlo. A los chicos religiosos les tiran encima un montón de planteos que convocan una cierta sumisión. La religión es un marco de comprensión que impide que las personas busquen su propio sentido de la vida.

-Pero cuando les enseñás tus valores a tus hijos, tus valores ateos, ¿no estás también sometiéndolos a tu modo de pensar?

-Por supuesto. Lo que pasa es que yo no creo que los valores se enseñen diciendo "te voy a enseñar cuáles son mis valores". Al vivir expresamos nuestros valores aunque no tengamos conciencia de ello. Cada padre expresa sus valores y educa a sus hijos en esos valores y, en ese sentido, está perfecto que los creyentes eduquen a sus hijos en sus creencias. Sin embargo, cuando veo a padres criando a sus hijos de un modo religioso no puedo evitar sentir una especie de escozor. Pero supongo que a ellos les debe de dar escozor que yo deje a mis hijos a la intemperie, bajo el cielo infinito del universo, sin ningún tipo de constricción religiosa.

-En el libro ustedes dicen que "criar hijos ateos quiere decir enseñarles a creer en sí mismos sobre todas las cosas... transmitirles la sensación de que pueden confiar en sus decisiones sólo por el hecho de ser ellos quienes las toman". ¿No te parece que eso equivale a ponerse a sí mismo por encima de todo lo demás? ¿Hacer del individualismo casi una religión?

-Creo que la palabra "individualismo" es una palabra que describe el fenómeno al cual alude con mala conciencia. Yo celebro el individualismo actual, no me parece censurable. Creo que una de las claves está en la posibilidad de pensar que lo que veníamos llamando "egoísmo" es lo que se empieza a llamar "autoestima". Y en ese sentido no me parece nada mal que una persona esté muy contenta con las decisiones que toma. No está dicho que esas decisiones vayan en contra del interés social, por el contrario, creo que es muy importante que una persona se dé mucho valor; de esa autoestima surge lo mejor para una sociedad.

-¿La vida no pierde sentido al pensar que no hay nada después?

-No, para nada. Cuando te das cuenta de que no hay nada después, tenés que hacerte cargo de un montón de cosas. Es duro, pero nadie dijo que la vida fuera fácil. La vida es tremenda. Es dura y sensacional. Dura, entre otras cosas, porque nos vamos a morir y no tenemos forma de evitarlo. Todo eso le agrega valor a este asunto que es vivir.

Por Mori Ponsowy

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