Por Mariano Gaik Aldrovandi | LA NACION
Los comerciantes coinciden en que "se están acostumbrando a los robos"; hay negocios que fueron asaltados entre 10 y 20 veces
24.06.2012 | 00:00
Santa Fe, entre Fitz Roy y Humboldt, la frase "ya nos acostumbramos a que nos roben" es literal. En la manzana en la que el lunes y el martes pasados robaron en un cibercafé y en una farmacia hoy reina una mezcla de temor y resignación.
La mayoría de los comercios fueron víctimas de una creciente ola delictiva que se desató en los últimos meses. Muchos de ellos sufrieron asaltos en diez y hasta en veinte ocasiones en el último año.
Hoy casi todos los locales trabajan a puerta cerrada con llave o se debe tocar timbre para entrar. En todos ellos hay cámaras de seguridad. Algunos comercios como panaderías, farmacias y tiendas de ropa ya han contratado personal de seguridad privada. Pero, pese al "blindaje", nada parece frenar a los delincuentes.
"Acá operan mafias", sostuvo a LA NACION sin dudar Daniel Iglesias, empleado del local gastronómico Nac & Pop, situado en la esquina de Santa Fe y Humboldt. En el último mes, los dueños del local sufrieron tres asaltos: en uno de ellos dos delincuentes armados fueron directo a la caja registradora y se llevaron todo; en otro, el robo fue frustrado porque había un policía comiendo y, el restante, un joven fue acuchillado para robarle la cadena de oro a la salida del comercio.
"Se hacen pasar por trapitos. Los que están siempre en la zona son conocidos y no se meten. El problema es cuando ves a alguno que vino de repente", dijo Iglesias, quien coincidió con otros comerciantes consultados en que "los delincuentes casi siempre parecen drogados".

Eso mismo fue lo que había expresado Leandro Reimon, el empleado del cibercafé asaltado el lunes pasado, quien aseguró que los tres ladrones armados que irrumpieron en el local "estaban exaltados y sólo le exigían dinero y las tarjetas de celular de la empresa Movistar".
El modus operandi de estos delincuentes se repite: entran a cara descubierta, exhiben las armas, toman el dinero, algo de mercadería y se van caminando sin levantar sospechas. En algunas ocasiones golpean a sus víctimas para amedrentarlas y los hechos no duran más de tres minutos. En la librería Epecuén, situada en Fitz Roy 2495, entre el cibercafé y la farmacia asaltados la última semana afirmaron haber sufrido quince robos en el último año. "La mayoría fue durante los últimos tres meses," dijo Stella Maris Alemany, dueña del local que se convirtió en una suerte de Gran Hermano, por la gran cantidad de cámaras que tiene en un espacio reducido y los monitores que muestran en simultáneo las imágenes. "Cuando somos dos personas, nos turnamos y uno se queda afuera para poder dar aviso al 911 si pasa algo adentro", contó la asustada mujer, de 49 años.
Sobre Fitz Roy, en el 2474, los dueños de un local de juegos de azar también fueron víctimas. "La última vez ingresaron un sábado, a las cuatro de la tarde. En un minuto se llevaron 1600 pesos", dijo Daniel, su dueño, quien afirmó que los sábados no hay ningún policía en la zona.
En la boutique Bizarro, situada en el 4858 de Santa Fe, los asaltantes irrumpieron tres veces desde enero pasado. A pocos metros de allí, en el local de ropa Mitzzi, del mismo dueño, entraron a robar el 3 de mayo. "Estábamos con la puerta cerrada y se mandaron atrás de un cliente", dijo Gabriel, propietario del negocio, quien detalló que todos los robos fueron en horas de la tarde.
Otro lugar castigado por el delito es la tienda de cotillón MF, situada en Santa Fe 4854. Allí, hace un mes, dos delincuentes, que se hicieron pasar por clientes interesados en organizar un cumpleaños, encerraron a la dueña en el baño y "dieron vuelta todo" en busca del dinero. Era un día de semana al mediodía.
Ante el acecho constante de los criminales y la falta de respuesta de la policía, los comerciantes tomaron distintas actitudes para protegerse, como hacer guardias en la puerta de los locales y observar el movimiento en la zona y alertarse unos a otros ante "actitudes sospechosas" de individuos que pasan una y otra vez y no compran nada.
Pero hace tres semanas los comerciantes dijeron basta. Se pusieron de acuerdo y fueron a golpear la puerta de la seccional 31a., situada a siete cuadras de allí, en Cabildo 232. El reclamo fue escuchado -no era la primera vez que lo hacían- y el comisario dispuso un vigilante entre las 9 y las 20.
Después de esa medida, lamentablemente, el panorama no cambió mucho. "Ahora el problema empieza cuando el policía se va a las 20", dijo Carlos Galdames, de 40 años, dueño de un quiosco, quien fue asaltado el lunes pasado a las 22.40..