Por Carlos Vergara | LA NACION
Unas 100.000 personas protestaron contra el lucro de las universidades privadas; hubo incidentes y detenidos
29.06.2012 | 00:00
También se registraron incidentes y detenidos en otras marchas, como en Valparaíso, Concepción y Antofagasta.
Contradiciendo las versiones oficiales de que el movimiento "había perdido fuerza", la protesta nacional de estudiantes volvió a convertirse en el principal foco de conflicto para el gobierno de Sebastián Piñera, quien tuvo que lidiar con decenas de manifestaciones estudiantiles desde mayo del año pasado.
La marcha se llevó a cabo bajo una fina lluvia, que no consiguió enfriar en lo más mínimo los ánimos de miles de estudiantes que demostraron no estar dispuestos a dar tregua hasta conseguir una reforma capital del modelo educativo chileno.
Bautizada como "La marcha contra el lucro", luego de que una comisión de la Cámara de Diputados presentó un informe que cuestiona las prácticas financieras de por lo menos siete universidades privadas, los decibeles de la protesta se multiplicaron porque cuando restan 72 horas para el cierre del plazo para la presentación de sus balances al Ministerio de Educación, menos del 10% de las 173 instituciones de educación superior respondieron a la solicitud.
El fiscal nacional, Sabas Chahuán, anunció ayer que dos fiscalías de la capital chilena se encargarán de indagar esas denuncias.
A diferencia de otras marchas, la de ayer contó con la autorización de la intendencia de Santiago para recorrer la Alameda, la principal arteria de la capital chilena, incluido el paso por el frente del palacio presidencial de La Moneda.
Un polémico lienzo con la leyenda "Si es necesario, matar al presidente" -que hace alusión a una canción de un grupo de rock local- fue enarbolado por los estudiantes, en abierto desafío a las autoridades, que ya habían arremetido legalmente contra el portador de uno similar durante un discurso de Piñera en mayo pasado.
Minutos antes del mediodía, mientras todo el comercio bajaba sus cortinas metálicas, anticipando desórdenes y agresiones, miles de jóvenes desataron en relativo orden sus quejas contra el sistema educativo chileno. Pero bastó que un grupo reducido se cambiara al otro lado de la Alameda para que la policía intentara dispersarlo con gases lacrimógenos.
En ese momento estallaron los enfrentamientos, con la violenta irrupción de encapuchados que rompieron las rejas de la Alameda y lanzaron bombas molotov a los carabineros. Simultáneamente, otro grupo derribó las vallas metálicas y agredió con palos a la policía.
Los máximos representantes de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (FECH) -el presidente Gabriel Boric y la vicepresidenta Camila Vallejo- acusaron a las autoridades de provocar a los estudiantes para interrumpir la marcha y no permitirles llegar hasta La Moneda.
Vallejo volvió también a embestir contra el "doble discurso" de las autoridades.
"La ciudadanía está cansada de que detrás de cada cosa que hace, haya quienes se estén aprovechando. De su educación, de su salud, de que están lucrando con sus recursos naturales, con sus tierras, con su sistema de pensiones, y parece un consenso generalizado", se quejó la dirigente estudiantil.
Siempre en la Alameda, los carros hidrantes combatieron a los jóvenes más combativos, que incendiaron barricadas y lanzaron pedradas a los uniformados.
En los alrededores, en tanto, diversos grupos intentaron saquear farmacias, bancos y locales comerciales, además de apedrear a un ómnibus e incendiar un camión de la Gendarmería.
Pese a todo, finalmente se llevó a cabo el acto de cierre, como estaba previsto, en las cercanías del Club Hípico de Santiago.
"Mientras sigan obedeciendo a los que lucran con los derechos, no los dejaremos tranquilos", amenazó Boric.