Por Carlos Vergara | LA NACION
Los favoritos son Bachelet y Golborne; también hay una larga lista de ex ministros y legisladores
05.08.2012 | 00:00
SANTIAGO, Chile.- Cuando falta poco más de un año y medio para que el presidente Sebastián Piñera deje el poder, la carrera por quién lo sucederá ya puede darse por iniciada en Chile, con un abanico de nombres, algunos repetidos y otros sorpresivos, que darán cuerpo a una de las elecciones presidenciales más inciertas de los últimos tiempos.
Es, como dicen en los pasillos del Congreso en Valparaíso, una competencia de candidatos fantasma y de señuelos que apuestan a que los grandes favoritos finalmente no se animen a competir. A ello se suma el condimento de un factor aún desconocido: el impacto que tendrá el nuevo padrón de inscripción automática y voto voluntario, que teóricamente puede ampliar el universo de votantes de ocho millones a 13 millones de personas.
Tal como en una mesa de póquer reservada sólo para las más altas apuestas, los dos principales jugadores no están dispuestos a mostrar sus cartas aún. Tanto la ex presidenta y actual secretaria general de ONU-Mujeres, Michelle Bachelet, como el ministro de Obras Públicas y rostro oficial del rescate de los 33 mineros, Laurence Golborne, todavía no oficializaron sus candidaturas.
¿Por qué? Según cercanos a la ex mandataria, quien lidera las encuestas sin contrapeso, por la duda capital que mantiene respecto de si la coalición de centroizquierda, Concertación, logrará ordenarse para que ella vuelva a La Moneda en las elecciones de diciembre de 2013.
Los antecedentes no son muy halagüeños. En la última elección, el ex presidente Ricardo Lagos no estuvo dispuesto a arriesgarse. En su lugar fue otro ex mandatario, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien se convirtió en el primer candidato concertacionista en perder una elección presidencial en 20 años.
Golborne, en tanto, se mantiene circunscrito a la decisión de Piñera de no adelantar la carrera presidencial en su gabinete, apuntando según los expertos, a no sufrir el síndrome del "pato cojo" en sus últimos 18 meses de gobierno. "Todo a su tiempo. Déjenme primero ser un buen ministro", ha dicho.
"Los candidatos más fuertes son Bachelet y Golborne. Pero como ésta es una carrera de corredores de fondo, los datos obligan a mirar a quiénes vienen en los segundos lugares, por si los que van en la punta se cansan, renuncian o sufren algún accidente", explicó el analista político Ascanio Cavallo.
En el mismo gabinete asoman las otras dos cartas presidenciales del oficialismo: el ministro de Defensa, Andrés Allamand, y el titular de Economía, Pablo Longueira.
El juego político que se desatará no es menor. Allamand pertenece a Renovación Nacional, el partido de Piñera; en tanto Longueira es un dirigente de la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI). Golborne, por su parte, necesitará un partido para alinear sus aspiraciones como independiente.
Si de regresos se trata, ahora vuelve a aparecer el ex diputado socialista y sorpresivo candidato presidencial de 2009, Marco Enríquez-Ominami, el mismo que conquistó al 20% del electorado en esa elección. Con todo, quien quizá sea la gran sorpresa es el joven economista Franco Parisi, conocido por sus consejos de economía doméstica en radio y TV, quien levantó una sorprendente candidatura.
Con un discurso que dispara al corazón de la clase política, el ex ministro de Hacienda de Bachelet, Andrés Velasco, también se lanzó con una candidatura independiente que generó no pocos aplausos, sobre todo en el mundo empresarial.
La Democracia Cristiana es el partido que mayor confusión genera entre sus adherentes, con la autoproclamación de dos candidatos, la senadora Ximena Rincón y el alcalde de Peñalolén, Claudio Orrego.
El punto de inflexión serán las elecciones municipales de octubre de este año, barómetro de lo que son las presidenciales del próximo año. Será también el hito que podría destapar la campaña de Bachelet y la posible renuncia al gabinete de los candidatos oficialistas.
El sentido común indica que también se espera para las elecciones generales de 2013 la consolidación en las urnas de los movimientos sociales y estudiantiles que han alzado la voz en las calles durante los últimos dos años.
En este escenario, hay un dato no menor: el 81% de los más de 5 millones de chilenos que podrán votar por primera vez tendrán entre 18 y 40 años, precisamente el grupo etario que más desencanto mantiene con la clase política. ¿Cómo influirá ese potencial 60% en los resultados finales? Buena pregunta..