SECCIONES

Las postales de Borges Inéditos inesperados

Por Hugo Beccacece  |  LA NACION

En un libro que publicará próximamente Emecé, el coleccionista Nicolás Helft propone una singular biografía del creador de El Aleph; su texto es acompañado por tarjetas y misivas que Borges envió a su familia y otros destinatarios durante sus veraneos o viajes de conferencias; esos textos breves y ocasionales iluminan, con estilo inconfundible, momentos poco conocidos de su vida

27.09.2013 | 00:00

Cuando parecía que todos los cajones habían sido hurgados, que era imposible encontrar un texto desconocido, una anécdota ignorada de Jorge Luis Borges, sucede lo imprevisto. El coleccionista Nicolás Helft, director de Villa Ocampo en San Isidro, escribe una breve biografía del autor de Ficciones contada en escenas por medio de cartas, reproducciones de manuscritos, anotaciones perdidas en cuadernos y, sobre todo, imágenes de las postales que "Georgie" (ésa era su firma) envió a sus familiares y amigos más íntimos desde 1910 hasta 1971. El resultado de este trabajo biográfico es Borges. Postales de una biografía (Emecé).

Las postales, según señala el biógrafo, son "un género menor, casi invisible, pero revelador y no menos literario que otro". Es cierto. Esos mensajes, en general, banales (su principal misión es decir: "Aquí estoy. Pienso en ustedes") no sólo aportan información y son documentos; a veces, como en el caso de Borges, uno llega a vislumbrar en un giro al escritor admirado.

¿Por qué un lector como Helft se convierte en un coleccionista borgeano y en biógrafo? ¿Acaso lo que interesa no es la obra de Borges? Arriesguemos una hipótesis. Cuando uno lee a un autor que cuenta para la propia vida, es muy difícil hacerse a la idea de que no hay textos nuevos, porque eso significa que el diálogo quedó interrumpido por el límite definitivo de la muerte. Para combatir la resaca de angustia que produce ese límite, uno de los recursos es internarse en una biografía, ya sea como autor o como lector. Los datos verificables (fechas, horarios, circunstancias) nos permiten crearnos un espejismo donde aquel límite no existe, donde podemos evitar las esquinas peligrosas de la obra que nos ha conmovido y, al mismo tiempo, seguir en contacto con ella. Las biografías prolongan la vida post mórtem de los hombres de letras. Siempre habrá episodios de sus existencias por descubrir, varias versiones del mismo hecho, una serie inacabada de particulares que, por principio, nunca tendrá término. También hay otro modo de ser derrotado en la batalla contra la muerte: el coleccionismo, que acumula fetiches, reliquias. Los objetos son una manera de conjurar el vacío.

El álbum de Helft se abre con una imagen tan hermosa como conmovedora: un dibujo infantil de Georgie en el que se ve a un tigre. La fascinación por la fiera sagrada cuya piel representaría para Borges la escritura de Dios aparece ya a esa edad temprana. La primera anécdota del libro se remonta a los tres años de Georgie y la contó "Madre" en una entrevista grabada, que se reproduce en el libro:

Bueno, ahora le voy a contar un cuento que es. en fin. un poco shocking. pero que da la idea de lo que era el chico. Georgie no quería sentarse a hacer sus... cosas, en el water. No quería sentarse tampoco en el bidet.

-¿Entonces, ¿dónde te vas a sentar? -le dije un día.

Había unas latas de galletitas muy grandes, cuadradas, que arriba tenían un agujero. Bueno, él eligió eso. Entonces se sentó y dijo:

-Estoy en el trono de la noble igualdad.

Era tan gráfico, era tan cierto. que yo me quedé con la boca abierta. Fue la primera revelación para mí de que Georgie era un chico genial. [...]

Varias de las postales familiares, enviadas por Georgie y Norah desde lugares de vacaciones, están dirigidas a Fanny Haslam, la abuela paterna de Borges. En esos años, los Borges (el padre, Jorge Guillermo, doña Leonor, sus hijos y Fanny Haslam) vivían en Palermo, en la calle Serrano, en una casa rodeada por un jardín, donde había un molino y una palmera que Norah no se cansaba de dibujar. La familia veraneaba en Montevideo, en Villa Esther, una amplia casa de los primos Haedo. Más tarde lo harían en Adrogué, en el hotel Las Delicias.

Jorge Guillermo Borges era un abogado de tendencia anarquista, muy culto, con poco sentido práctico. Consiguió un trabajo administrativo en un juzgado, pero no hizo carrera y debió pedir el retiro antes de tiempo porque estaba casi ciego. En busca de una cura, Jorge Guillermo y Leonor resolvieron viajar a Europa en 1914 para consultar a un oftalmólogo renombrado. Pensaban quedarse unos meses. El peso se cotizaba muy alto y era más barato vivir en el extranjero (París, Londres o Ginebra) que en Buenos Aires. A poco de llegar, estalló la guerra y la familia se refugió en Suiza (país neutral). Se instalaron en Ginebra y permanecieron allí hasta 1921.

Durante esa primera estadía europea, Georgie estudió en el Collège Calvin donde se hizo de dos amigos, Maurice

Abramowicz y Simon Jichjilinsky, ambos judíos y comunistas. Era inevitable que el Borges adolescente también se sintiera atraído por el comunismo.

Terminada la guerra, en diciembre de 1918, los Borges viajaron a Barcelona y después a Mallorca, donde pasaron el verano. En el invierno de 1920, continuó la vida nómada. La familia pasó una primera etapa en Sevilla y, por último, llegó a Madrid. Georgie frecuentó las tertulias literarias y se apasionó por el ultraísmo y la figura de Rafael Cansinos-Asséns. En Madrid, se hizo amigo del escritor Guillermo de Torre. Éste trató de mezclarse en todas las actividades de los Borges, porque se había enamorado de Norah, con la que se casaría.

Georgie, ya de regreso en Ginebra, le escribió a su futuro cuñado una postal con la imagen de un sileno, en junio de 1920. En ella, hace una alusión al ultraísmo y adopta el tono de un conocedor y un "consumidor" de alcoholes, prostitutas y modistillas.

En 1921, los Borges regresaron a Buenos Aires. Georgie descubrió una ciudad completamente distinta de la que había dejado, mucho más cosmopolita e interesante de lo que había supuesto. En la década de 1920, desarrolló una formidable actividad: escribió seis libros (el primero, Fervor de Buenos Aires), fundó las revistas Prisma y Proa y cristalizó la mitología porteña de los compadritos y los arrabales.

La patria le reservaba a Borges una "novia" o, con más precisión, un enamoramiento, Concepción Guerrero (Conce), y la amistad con Macedonio Fernández. Los dos escritores se reconocieron de inmediato como pares, a pesar de la diferencia de edad y de obras. Los dos se tuvieron fe. De ese reconocimiento, el libro de Helft aporta sendos manuscritos de Macedonio y Georgie, reproducidos en esta nota. También hubo otra novia o amistad fugaz, la platense Elsa Astete, que habría de convertirse mucho después, en la década de 1960, en la primera esposa de Georgie.

En la década de 1930, Borges entró a trabajar en el diario Crítica, lo que lo obligó a dirigirse a un público más amplio y también a escribir con rapidez. Su nombre empezó a ser cada vez más conocido aunque, naturalmente, Borges todavía no era Borges. Con todo, su prestigio era suficiente para que Victoria Ocampo lo incluyera en el comité de redacción de la revista Sur, que apareció en 1931. De ese año o del siguiente, data el comienzo de la amistad de Georgie con el jovencísimo Adolfo Bioy Casares y con Silvina Ocampo.

Cuando el suplemento que dirigía en Crítica cerró, Georgie empezó a trabajar en una biblioteca municipal del barrio de Boedo. Ya no eran tan pocos en los círculos literarios quienes pensaban en él como el autor más interesante de su generación. Entre los amigos que lo apoyaban estaba el novelista uruguayo Enrique Amorim, en cuya casa de Salto Oriental fueron tomadas varias fotografías que muestran a Georgie en traje de baño, infrecuentemente seguro y deportivo.

El último día de 1941 apareció el libro de cuentos El jardín de senderos que se bifurcan, que contenía algunos de los relatos más importantes de Borges, entre ellos, "Pierre Ménard, autor del Quijote". Cuando se otorgó el Premio Nacional de Literatura de 1942, la distinción recayó en la novela campera Cancha larga, de Eduardo Acevedo Díaz, que no podía resistir la comparación con El jardín... Había incomprensión en esa injusticia, pero también una visión política que enfrentaba a los nacionalistas con los liberales, partidarios de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Victoria Ocampo publicó en Sur un número de desagravio a su colaborador y amigo; por otra parte, la Sociedad Argentina de Escritores organizó una cena en homenaje al autor. La reacción oficial no tardó demasiado. En 1943, Borges fue "ascendido" en el escalafón municipal y pasó a ser nombrado "inspector de aves". Humillado, Georgie renunció a su trabajo de bibliotecario y a su "ascenso". Para poder ganar algo de dinero, se puso a dar conferencias, impulsado y ayudado por Victoria Ocampo y Esther Zemborain de Torres Duggan. Tuvo un éxito imprevisto, si se tiene en cuenta que hasta ese momento le resultaba casi imposible hablar en público. Fue el comienzo de su carrera de conferenciante internacional. Primero, viajó por toda la Argentina (Resistencia, Bahía Blanca, Sierra de la Ventana, Santiago del Estero, etc.) y por el Uruguay, hablando sobre Martin Buber, Shakespeare, Almafuerte, Banchs, Lugones, Joyce. Terminaría cruzando el océano. Las postales registran esos itinerarios.

A partir de la década de 1940, la intelligentsia argentina sabía que el mejor escritor del país era el autor de Ficciones y El Aleph. Cuando cayó el gobierno de Perón en 1955, Georgie fue nombrado director de la Biblioteca Nacional: era el ingreso al paraíso soñado y perdido, el reino infinito de los libros, que la ceguera le impedía leer. La consagración internacional le llegó en 1961 con el premio otorgado por el Congreso Internacional de Editores, en Formentor.

A partir de 1961, todo se volvió más fácil en el plano literario. En cuanto a la vida privada, Borges se casó, sin quererla, con Elsa Astete, la platense cortejada en la juventud. "Madre" veía venir la muerte, temía que Georgie quedara a la deriva y, por lo tanto, promovió el casamiento con una mujer que a ella no le caía mal. Fue uno de los graves errores de Leonor Acevedo y un ejemplo de lo funesta que puede ser la obediencia debida.

En Buenos Aires, Elsa y Georgie se aburrían mutuamente con ahínco diario. También debieron convivir en el extranjero. Viajaron a Estados Unidos en dos ocasiones y vivieron allí unos meses. Esas estadías fueron una tortura para él porque pusieron en evidencia, ante testigos, el abismo que lo separaba de su esposa. A los tres años de la unión, Borges y Elsa Astete se separaron. La ruptura fue planeada en Buenos Aires con un tacto y una eficacia notables por Norman Thomas Di Giovanni, el traductor de Borges al inglés.

La entrada de Di Giovanni en la vida de Borges, en 1967, le infundió vitalidad al escritor, que había quedado aliviado, pero también sacudido por la ruptura matrimonial. La colaboración entre ambos fue muy fructífera. Duró hasta 1975 o 1976. Norman se convirtió en una especie de agente literario con el que Georgie traducía, leía, escribía y viajaba. En julio de 1975, se produjo lo temido: Leonor Acevedo murió, pero a esas alturas una mujer, la definitiva, había hecho un lento y discreto ingreso en el mundo de los Borges.

María Kodama frecuentó a Borges desde muy joven; primero fue una de las alumnas que asistía a las clases de anglosajón; después, la discípula con la que compartía charlas, caminaba por Buenos Aires y tomaba té. Quien los veía pasear por las calles no podía dejar de mirarlos. El poeta anciano, ciego, pero con una extraña prestancia que lo hacía resaltar en una multitud, y la bella muchacha euroasiática formaban una pareja novelesca. Era inevitable que él se enamorara de ella y que ella quedara cautivada por él. Durante un tiempo bastante largo ninguno de los dos le reveló al otro esos sentimientos, pero Di Giovanni se dio cuenta de lo que María significaba para Georgie. En 1971, Norman le organizó un viaje de trabajo a Borges en Estados Unidos, después debían ir a Londres, pero en el medio, el traductor insertó una escala en Islandia, la tierra a la que Borges siempre había querido ir, la comarca del ensueño y los textos legendarios. Por si fuera poco, allí le esperaba a Borges otra sorpresa: se les uniría María Kodama. De la alegría de Georgie, queda el testimonio de la última postal enviada a la madre desde Reykjavik. El encuentro de María y Georgie selló el comienzo de la historia de amor entre ambos. Ese capítulo terminaría en Ginebra, la ciudad de la juventud, el 14 de junio de 1986. Desde entonces, todos los años, el 24 de agosto, María celebra con amigos el cumpleaños de Borges.

  • Montreux, 16 abril 1916
    Mademoiselle Norah Borges
    Rue de Malagnou 17
    Genève,
    Suisse
    Mi querida Norah:
    Te escribo desde Montreux, del Hotel Victoria, el mismo donde estuvimos nosotros. Llegamos bien i (sic) fuimos a visitar el Castillo de Chillon. Nos encontramos ahí con una señora oriental que charló con nosotros todo el tiempo. El lago estaba magnífico. Mañana vamos para Les Avants. Adiós. Recuerdo. Un beso de Georgie.

  • Ginebra, 5 junio 1920
    Señor Guillermo de Torre - Ateneo
    Calle del Prado- MADRID - ESPAGNE
    Salud, Torre avanzada. Que te parece el pseudo-clasicismo ñoño del sileno ese?
    Te lo envío desde Jinebra (sic) tierra hasta ahora invenciblemente monda y desnuda de ULTRA pero abundantemente provista de alcoholes prostitutas chocolate formalidades y midinettes.
    Te extiende 5 dedos arborescentes
    Jorge-Luis Borges

  • Londres
    20 agosto 1923
    Señor don Macedonio Fernández
    calle Rivadavia 2748
    Buenos Aires
    Argentina Republic
    ¿A qué puntualizar con intensidad de palabras la caterva de días -ninguno alegre, todos turbios, alguno angustiosísimo- que han pasado por mí desde que le dije adiós a Conce y a Buenos Aires.
    Mejor a divertirse con tonteras visuales como el grabadito persa en el dorso.
    Tuyo Jorge

  • Una carta de Macedonio a Borges
    "Borges, que tiraba papeles y manuscritos, conservó hasta el final de su vida esta nota premonitoria de Macedonio Fernández." (Nicolás Helft)
    "Nadie cree en mí excepto vos. Trata de creerme tambien cuando te digo que tu estilo es el más ardiente que he conocido y que serás escritor universal en literatura. Desde que me sorprendiste con tu fé en mí, que nadie la ha tenido ni los que me conocen desde hace veinte años, acaricio una esperanza nueva y muy querida para mí, muy necesitada en mi situación general. Creo que me harás conocer y triunfar quizá. Cree lo que te digo: no seas así amargo y negador contigo mismo y con mi fé en vos.
    Rivadavia 2748. Altos"

  • Postal con Casa Rosada,
    25 de diciembre
    Dearest Mother: disculpa la horreur fadasse -la frase es de Verlaine- del reverso, apta (como decía Heine de los alemanes que lo visitaban en París) para preservarte de la nostalgia. Mucho me alegraron tus líneas y las de Norah. El veinticuatro vi un film mediocre, pero que me conmovió y que me gustaría rever contigo: Marie Louise, tomado en los cantones centrales de Suiza, con cielos, nubes y montañas enternecedoras. Hablando de montañas, ¿cómo anda The tree of life de Machen? Mandie ya está ilustrándolo. En estos días salió la revista; pronto la recibirán. Mañana iré a lo de Ortiz Basualdo, se discutirá el destino de la revista, no demasiado claro, por cierto. Madre, te extraño muchísimo. El inconexo estilo de esta tarjeta y la creciente degeneración de la caligrafía te indicarán, acaso, el opresivo calor que aquí nos agobia. Ya sabrás que la operaron a Clota; sigue mejor. Abrazos a Norah y a las chicas.
    Yours ever. Georgie

  • Postal con Busto a Sarmiento,
    Resistencia
    Dearest Mother: De Resistencia, que no es una gran ciudad (y quizá, agregaría Paul Groussac, el epíteto huelga), te dará una idea suficientemente monótona y desarreglada la imagen del reverso. El hotel es una versión territorial del hotel provinciano de Santiago. La gente es muy simpática; anoche comí con una hija de Gerchunoff y con su marido. Ayer hablé (entiendo que bien) sobre los poetas gauchescos: "Vaya un cielito rabioso", etc.; hoy sobre Almafuerte; mañana sobre Banchs y Lugones. Afectos y un abrazo.
    ¿Qué tal Folio on Mary White, o lo que sea? Georgie
    Los días son calurosos; las noches (a juzgar por la única que he pasado) son más bien frías.

  • Postal del Ferrocarril Sud
    Buenos Aires
    Sábado
    Querida Madre: ¡Dos noches y dos cartas tuyas! Aquí, todo más o menos igual. Contrariamente a mis temores, la demora en pagar colaboraciones no es una especie de signo premonitorio; ello se debe a un accidente padecido por Estrugamou (a quienes visitamos el lunes) y la revista está preparándose. Dile a Norah que Cortázar agradeció las ilustraciones "tan (ilegible) y tan fieles". Concluyó en estos días la redacción de un largo argumento, lo demás es mecánico. Lo importante es el hallazgo de continuas y pequeñas sorpresas y simetrías.
    Voy a comer ahora a casa de Helena Udaondo. Creo que Mandie irá también.
    (No sé si te dije que Anita Berry está muy grave. Los otros días la vi.)
    Abrazos.
    Georgie
    ¿Qué dicen las niñas? Tengo tantas ganas
    de verlos a todos.

  • Reykjiavik
    14 Abril 1971
    Querida madre: mucho más increíble que Islandia es el hecho de que María Kodama haya arribado aquí, con noticias tuyas. Reykiavik es menos monumental que la Municipalidad de Lomas e infinitamente más linda, por extraño que parezca. Muchison (en cuya casa paré un par de días en Cambridge) te manda sus afectos, así como Joan Alonso, los Marichal, el gran poeta -es decir Guillén, no Magdalena Harriague, Anderson Imbert, Pezzoni, and so on and so forth. Me siento muy feliz y estoy contando los días para la vuelta. Un beso
    Georgie
    Norah, siempre pienso en ustedes y en el jardín desde el balcón
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