Las palabras

Piñón Fijo

Por Graciela Guadalupe  | LA NACION

24.06.2012 | Publicado en edición impresa

"Este (Gabriel Mariotto) es un Piñón Fijo, un yosapa"
(De Hugo Moyano, secretario general de la CGT)

Cuentan que hubo una fiestita en Olivos, antes de las elecciones primarias del 14 de agosto pasado. Los niñitos de salita verde estaban saltando de la alegría por el triunfo que descontaban que iban a obtener. Eran amiguitos de la escuela pejotista y nada, pero nada, nublaba el colorido cielo que formaban en el techo de la residencia centenares de globos inflados con esmero por los aliados de la señorita Cristina.

Estaban Hugo y Pablito, que habían llevado la gaseosa en camiones; Daniel, que convenció a muchos artistas para que cantaran en un escenario naranja, y Amado, que hacía de telonero rasgando una pequeña guitarra. Nilda fue con Berni, que dicen que se disfrazó de dinosaurio, y también estuvo Aníbal, que se puso un gran bigote y se la pasó diciendo zonzeras. Habían llevado a Gabrielito para cuidar que nadie criticara a la seño. Jugaron, comieron y cantaron hasta cansarse.

Repitieron la fiestita en octubre. ¡Cuánta alegría! Ya sabían que el 23 iban a dejar knock out a los chicos de la salita azul. Ni Ricardito ni Hermes ni Lilita podrían igualar su festejo. Es más, era probable que no tuvieran qué festejar...

Pero, como nada es eterno, hoy los ánimos ya no son los mismos en la escuela pejotista. Sucede que, mientras la seño estaba viajando por el mundo, se supo que Hugo se había reunido con Daniel para fotografiarse juntos a escondidas de ella. Ofuscado, Gabriel intentó robarle la silla a Daniel y Berni le declaró la guerra a Hugo amenazándolo con tirarle soldaditos por la cabeza. Amado se enojó con Hugo por esconderle los camioncitos, le dio fiebre y lo dejaron en reposo, para que no contagie, claro. De Aníbal sólo saben que tuitea mucho desde la zona del Congreso y que Hugo, a quien antes creían Papa Noel y ahora es el cuco, intentó descalificar públicamente a Gabrielito diciéndole Piñón Fijo.

Pero, por favor, si Piñón es un canto a la amistad. Así las cosas, les convendría a todos disfrazarse de mimos y, emulando a Marcel Marceau, llamarse a silencio extendiendo una y otra mano hacia los que, con sus impuestos, les pagamos el colegio.

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