Por Graciela Melgarejo | LA NACION
25.06.2012 | Publicado en edición impresa
Lo ha dicho Mario Vargas Llosa: "Una sociedad que lee buena literatura es más crítica y menos manipulable que otras". Lo ha dicho, además, en una ocasión muy emocionante para él: en la presentación ante la prensa de la edición conmemorativa que las veintidós Academias de la lengua española han hecho de su novela La ciudad y los perros , cincuenta años después de su publicación.
Poder leer es importante -quién lo duda-, pero leer algo bien escrito lo es más aún. Quizá por eso, el lema de la 22» Feria del Libro Infantil y Juvenil (del 9 al 28 de julio próximo) es "¡Para leerte mejor!". Y cuando Vargas Llosa habla de buena literatura se refiere a lo que no solo tiene sustancia conceptual sino que está muy bien escrito. Son dos caras de la misma moneda, y por eso se entiende ahora que sean muchos, desde la Real Academia hasta los habitués de las redes sociales, los que se esfuercen en guiar a los hablantes en el laberinto de signos, palabras y estructuras que es una lengua: el español, nuestro propio laberinto.
Mencionar los laberintos es pensar en Borges. Y aunque a algún forista le parezca que habría que "declarar una moratoria de las citas de Borges" (¿acaso habría que declarar una moratoria de las citas de Cervantes, también?), no se puede no volver a él. Por ejemplo, en Twitter, @kullock recuerda una frase del cuento "La Biblioteca de Babel", que viene muy al caso: "Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias".
Ahora bien, las insensatas cacofonías, los fárragos verbales y las incoherencias no son prerrogativa de estos tiempos. Simplemente -deberíamos volver a decir con Mario Tascón, el periodista español ya mencionado en Línea directa-, ocurre que ahora "se ven más" y los medios contribuyen grandemente a ello (el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, los llamó recientemente "maestros permanentes, para bien o para mal"). Por ejemplo, lo notó el lector Esteban Abolsky, en su correo electrónico del 18/6: "He detectado un error de ortografía en un artículo publicado el sábado pasado, que me parece importante mencionar. Se trata del artículo sobre el crecimiento del turismo proveniente de China, en que se escribió inapropiadamente la palabra «*mileño» en lugar de «milenio»".
También el lunes 18/6, Ariel Norberto Santanera hacía la siguiente corrección: "Ya se sabe (o debiera saberse): el epicentro no es el centro . En un sismo, su origen, o verdaderamente su «centro», está ubicado generalmente muy por debajo de la superficie terrestre. El punto de esta superficie justo por encima del centro es lo que llamamos, o deberíamos llamar, «epicentro»" [ DRAE : " epicentro . (De epi- y centro). 1 . m. Centro superficial del área de perturbación de un fenómeno sísmico, que cae sobre el hipocentro"]. Me desagrada cada vez que el periodismo usa el término en un pretendido sentido figurado y dice, por ejemplo, que un personaje se convirtió en el «epicentro» de una reunión, cuando debió decirse «el centro», o algo similar.
"Pero ahora aparece otro uso incorrecto, con el que me encontré ya un par de veces. La última en la edición de este lunes. En la página 4 se da cuenta del sismo ocurrido en Japón y se dice que «el epicentro del sismo fue detectado a 31,8 kilómetros de profundidad... ». ¡No! El «centro» estuvo a esa profundidad... El epicentro , como siempre, estuvo en la superficie, justo encima del centro ".
Consultar el diccionario no es un desdoro para nadie, pero nos hemos vuelto perezosos también para eso. A propósito, la RAE ha cambiado direcciones electrónicas y es bueno advertirlo: ahora, quien quiera consultar sus diccionarios en línea deberá seguir esta indicación: "La página electrónica del Diccionario de la Academia ha cambiado su dirección de enlace de « buscon.rae.es/draeI » por « www.rae.es/drae ». Asimismo, la página electrónica del Diccionario panhispánico de dudas ha cambiado su dirección de enlace de « buscon.rae.es/dpdI » por « www.rae.es/dpd », rogamos lo tengan en cuenta para futuros accesos y para actualizar los enlaces publicados en páginas externas". En fin, que no hay excusas.
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